Ascenso al Cristo de Guasmara: un mirador imperdible en el valle de Traslasierra
Los múltiples atractivos que ofrece Traslasierra son la excusa perfecta para volver una y otra vez a este valle que es uno de los más diversos y maravillosos de la provincia.
No solo resulta atractiva su riqueza natural, cultural e histórica, sino la calidad y variedad de sus servicios, como la hotelería y la gastronomía, y de las numerosas experiencias que se pueden vivir: desde tomar unos mates a orillas del Río Los Sauces a recorrer la inmensidad del Museo Rocsen.
También son diversas las formas en las que este valle invita a recorrerlos: senderos perdidos en la montaña o costaneras interminables para caminar sin apuro, caminos para hacer cabalgatas y circuitos armados para hacer cicloturismo.
Una de las formas que más me gusta para recorrer un lugar es caminando, desandando piedras y saltando arroyos, subiendo a sitios más altos para tener otra perspectiva de la zona y quedarme allí contemplando cada detalle del paisaje natural y de las ciudades. Eso hice en una de las últimas visitas al valle de Traslasierra.
Un Vía Crucis como sendero
Como les conté en una nota anterior, en Villa de las Rosas hay varios senderos para realizar, algunos de ellos descubrí en este viaje. Como el Sendero Los Zorzales que acá les compartí mi experiencia.
De hecho, este recorrido puede iniciarse justo al terminar el sendero hacia el Mirador del Cacique Guasmara, pero es bastante más exigente ya que tiene una pendiente pronunciada.
Pero a no preocuparse porque si solo se quiere hacer el ascenso al Cristo de Guasmara, se puede llegar hasta su base en vehículo.
Desde la plaza central de Villa de las Rosas se debe tomar la calle Guasmara Oeste, una vez que se llega al Balneario Guasmara, hay que bordearlo siguiendo la misma calle hacia la derecha, y luego hacia la izquierda.
Allí se llega hasta la base desde donde comienza el camino del Vía Crucis que termina en la cima del Cerro Mogote, donde está enclavada la cruz y la escultura de un Cristo de grandes dimensiones.
El comienzo del trayecto arranca tranquilo con un camino que tiene muy poco desnivel y está perfectamente delimitado ya que está alambrado a ambos lados, e incluso tiene escalones hechos con las mismas piedras pero que permiten ir subiendo con seguridad.
Al principio se siguen escuchando los ruidos típicos de la ciudad, pero apenas se comienza a ganar altura el panorama se abre y los límites se extienden para mostrar al valle y su cordón serrano en todo su esplendor.
Las estaciones del Vía Crucis se van sucediendo y, desde la mitad del tramo en adelante, la pendiente se pone más empinada y se hace sentir, pero no se alcanza a ver el monumento religioso hasta casi el final del recorrido.
Un Cristo en las alturas
El tramo de ida es de 1.500 metros que se hace aproximadamente en una hora, hasta llegar a la estación número 12.
Hay que tener en cuenta que en el camino hay muy poquitos árboles que dan algo de sombra así que hay que prepararse con gorra, protector solar, agua suficiente, calzado cómodo y apropiado para caminata entre las piedras y mucha energía para llegar hasta la cima.
Allí, en lo más alto, una explanada natural rodeada de molles alberga la escultura del Cristo de Guasmara que un grupo de vecinos ayudó a construir. También hay una cruz gigantesca y algunos bancos alrededor.
Desde arriba, se ve perfecto el valle y el cordón de las Sierras Grandes cubierto de nubes hasta la mitad, clásica postal de Traslasierra, ahora desde otra perspectiva.