Cascada Los Hornillos, un clásico que muestra todo su esplendor en este invierno
A menos de 40 kilómetros de la Capital cordobesa, el aire matinal de las Sierras Chicas nos abre paso a la Reserva La Quebrada, puerta de entrada a uno de los senderos que nos guiará hasta la Cascada Los Hornillos, ingresando por Colanchanga.
Luego de media hora de caminata por un sendero ancho y de dificultad baja desembocamos en el río Pozo Verde, que trae un caudal de agua inusual para esta época del año. A su alrededor, el sol brilla cerca del mediodía y la naturaleza despliega sus aromas invitándonos a sumergirnos en el sendero que en aproximadamente una hora nos depositará frente a la cascada.
Desde el inicio, la caminata se presenta como una danza sinuosa. El sendero asciende y desciende levemente entre la piedra y la vegetación nativa mientras el río, el gran anfitrión de la caminata, se interpone una y otra vez. La dificultad pase de baja a media, y hay que ir con la pisada atenta no solo al cruzar el río sino también al sortear grandes piedras de cuyas bases brotan pequeñas vertientes que hacen resbaladizos algunos tramos.
A medida que el sendero se interna en la montaña, el viaje se transforma en una experiencia también sensorial: los aromas silvestres se mezclan y cada bocanada es un bálsamo. Es un aire como nuevo y denso, húmedo y profundo, casi primitivo.
El camino, donde abundan talas, algarrobos, moradillos y molles, es también un juego de contrastes. En ciertos tramos, el sendero se abre generoso y permite entrar al sol de lleno. Sin embargo, unos pasos más adelante, al caminar pegados a las faldas de la montaña, el día parece apagarse de repente y una penumbra fresca lo inunda todo.
Surgió una laguna
Unos doscientos metros antes de llegar a destino, el río ha ganado terreno en un espacio abierto entre las montañas, se volvió ancho y generó una especie de laguna donde el agua descansa y las aves reposan.
Luego de una hora de caminata a paso medio, accedemos al recodo final, el sendero se estrecha en un último desfiladero y penetramos en un umbral de roca gris salpicada de trazos anaranjados que custodia uno de los secretos más bellos de las Sierras Chicas: la Cascada Los Hornillos.
El colosal salto de agua, de más de diez metros de altura, se desploma con fuerza majestuosa en una olla profunda de aguas mansas, profundas y cristalinas. Alrededor es todo silencio y quietud. Es tiempo de sentarnos, descansar y disfrutar de un momento único en un lugar único.
Video de la cascada: