Cultura Por: Ignacio Martín09/10/2018

El último grito de Kurt para volver a la Tierra

Hace 25 años, Nirvana sacaba a la luz su último disco de estudio: “In Utero”. Con el tiempo, ese álbum sucio y distorsionado se convirtió en una radiografía de un trío under que siempre renegó de su estrellato noventoso.

Sí, Nirvana odiaba al estrellato. Pero no con las formas y posturas prefabricadas que las bandas de este siglo suelen pretender. La indiferencia hacia los flashes era pura en el trío de Seattle. En el caso del vocalista y guitarrista Kurt Cobain había un absoluto desdén por su propio éxito, algo casi tan convincente como su música.

Hoy, 24 años después de la trágica disolución de la banda, el atractivo de Nirvana aún se debe en parte a las formas con las que provocó a aquellos que trataron de glorificarlos. Está, por ejemplo, la ahora famosa portada de Rolling Stone en la que Cobain sale con una remera que reza: “Corporate Magazines Still Suck” (“Las revistas corporativas siguen apestando”). O el momento en el que jugaba con los censores tocando los primeros compases de “Rape Me” en televisión. Pero más allá de todo esto, Nirvana se guardó su truco más subversivo e insolente para el final.

"Las revistas corporativas siguen apestando", reza la remera de Kurt.


Nadie estaba listo para que Nirvana se convirtiera en la banda más grande del mundo en 1992. Esa sensación se multiplicaba para Kurt, quien lucía su fama internacional como un suéter con picazón mientras se moría por sacárselo. Es que “Nevermind” (1991) había logrado algo impensable: adaptar un rock sucio y subterráneo para las masas. Y hoy sigue siendo el último gran grito auténtico y revolucionario de la música pop a nivel global. Pero lo curioso es que “In Utero” (1993), el tercer y último lanzamiento de estudio de la banda, es asombroso en un sentido opuesto.

Si Nevermind convirtió a Nirvana en la banda más grande del mundo, ladrillo por ladrillo, In Utero fue la dinamita que el trío utilizó en el intento por destruir un edificio que a otras bandas les costó décadas construir. Fue una reprimenda dura e intransigente de la versión pulida y amigable que Nevermind hizo del grunge y el punk. Gracias a In Utero, el entonces elegante adjetivo “alternativo” pareció tan tibio como votar en blanco.

Nevermind podrá contener a las mejores canciones de Nirvana, pero nada en el catálogo de la banda suena tan brutalmente catártico como In Utero. Mientras muchos artistas graban cada instrumento por separado, la mayor parte de las canciones las grabó el trío en una o varias tomas conjuntas, y los resultados están llenos de energía. Podría decirse que los tambores de Dave Grohl se robaron el show, y los fraseos de guitarra primitivos junto a la distorsión sucia y ruidosa llevaron al sonido de Nirvana en una dirección decididamente menos comercial.

Incluso las melodías más pegadizas suenan demasiado oscuras. Los singles “Heart Shaped Box” y “All Apologies” son enormes canciones, pero no son ese grito de juventud desaforada que “Smells Like Teen Spirit” fue. Habiendo alcanzado el pináculo del panorama de la música pop, Nirvana estaba tratando de regresar a la Tierra.



A pesar que la discográfica rechazó el sonido no comercial del disco, In Utero se lanzó el 21 de septiembre de 1993 y llegó al número 1 en el Billboard Top 100, lo que significó un fracaso para Cobain en su intento de deshacerse de los fans que atrajo Nevermind. El veredicto fue: no había nada que Nirvana pudiera hacer para superar el éxito que les había llegado.

Ese intento fallido de Kurt, que en vez de llevarlo nuevamente a tocar en antros oscuros lo catapultó aún más a los estadios, derivó en un escape al mundo real cobijado por la heroína y el alcohol. Cobain sería encontrado muerto en su casa de Seattle por una herida de bala autoinfligida el 5 de abril de 1994, apenas seis meses después de que In Utero saliera a la luz. Antes de que el vocalista muriera, habría sido fácil descartar al disco como una especie de artimaña caótica o el trabajo de una banda que ataca al establishment desde el living de casa. Pero conociendo un contexto oculto en ese entonces, es difícil descartar la sinceridad detrás de la agresión del disco.


In Utero es el trabajo de un compositor problemático que camina peligrosamente sobre el borde de su acantilado personal. Cobain reniega de su pasado en “Serve the Servants” (“La angustia adolescente dio buenos resultados / Ahora estoy aburrido y viejo”), habla de depresión en “Frances Farmer Will Have Her Revenge on Seattle” (“Extraño la comodidad de estar triste”) y critica el status de famoso que lo ubica al lado de personas a las que nunca quiso igualar en “Pennyroyal Tea” (“Soy de la realeza anémica”).

Nevermind será el disco de Nirvana recordado por siempre y con justas razones, peroIn Utero es posiblemente la representación más fiel de lo que el trío realmente fue: una banda masiva con los principios y la dignidad de un grupo under. El miedo de Cobain a venderse condujo gran parte del último disco de estudio de su banda, pero esos temores eran infundados. El tercer disco de estudio de Nirvana no es solo un gran registro de la banda insignia del grunge. Es un documento íntegro de valentía artística.


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