Voces de la Tierra: el proyecto de Alberto Silva que retrata la historia viva de los pueblos cordobeses
Alberto Silva no es un nombre que pase desapercibido en nuestra Córdoba, y mucho menos su obra fotográfica y documental, que ha logrado inmortalizar incontables hechos artísticos y culturales. Lo hace con esa mirada tan sensible y precisa, llena de oficio, que atraviesa todo su trabajo.
Siempre con algún proyecto entre manos, en los últimos meses el artista ha recorrido diferentes puntos de la provincia con Voces de la Tierra, transformando los muros de los pueblos en galerías de arte a cielo abierto, con gigantografías de retratos de algunos de sus habitantes.
La idea, según contó a Cultura en la Aldea, surgió a partir del deseo de acercarse más a la gente.
"Siempre dentro de mis proyectos había algo que me llamaba mucho la atención y me interesaba, que era poder estar en contacto con las personas", explicó.
Así nació Voces de la Tierra, una propuesta que combina fotografía, entrevistas, registro audiovisual y arte al aire libre para reconstruir identidades de pequeñas localidades del territorio cordobés.
¿Cómo es el proceso? Silva y su equipo, formado por Leila Soria y Carlos Díaz, visitan durante varias semanas cada pueblo, lo recorren, conversan con vecinos y registran historias cotidianas que luego se transforman en gigantografías instaladas en espacios públicos.
La intención no es solamente artística. También hay una búsqueda vinculada a la identidad y a la memoria colectiva.
"La intención es acrecentar el sentido de pertenencia, evitar de alguna manera que los chicos dejen esos pueblos y que sientan una pasión más fuerte por los lugares donde viven", explica Silva.
Las obras aparecen de manera sorpresiva en paredes de casas y espacios públicos de cada localidad. Los vecinos se despiertan un día y descubren sus propios rostros o conocidos formando parte del paisaje cotidiano.
"Eso genera un montón de pasiones", señala el artista, y cuenta que en muchos casos, las personas retratadas nunca habían sido fotografiadas de ese modo.
"De alguna manera, se les regala una chispa de vida y de efímera inmortalidad, revistiendo con sus imágenes paredes anónimas de lugares cotidianos y otorgándoles una dignidad no revelada. Hay que ponerse en el lugar de alguien que vive en un pueblo de 500 habitantes y que de golpe se encuentra retratado en una gigantografía en una pared", reflexiona.
Voces de la Tierra cuenta con el apoyo de la Agencia Córdoba Cultura y recientemente fue reconocida por la Legislatura de la Provincia de Córdoba por "su aporte a la promoción de la memoria viva y la identidad de las comunidades del interior".
Historias que habitan el territorio
Hasta el momento, el proyecto se llevó a cabo en Charbonier, La Palestina, Quebracho Herrado, San Pedro y Tinoco, lo que se puede traducir en más de 5.000 kilómetros recorridos. Y en cada lugar la experiencia fue diferente, tomó su propia impronta.
En Charbonier, por ejemplo, el equipo contribuyó a recuperar el vínculo del pueblo con el pintor Manuel Reina, nacido en la zona a comienzos del siglo pasado y prácticamente olvidado con el paso del tiempo. Fue gracias al hallazgo de un poema firmado por el artista plástico, lo que llevó a Silva a ampliar la investigación hasta dar con su casa de nacimiento.
"Hoy en el pueblo están pintando paradas de colectivo inspiradas en su obra. Lo trajeron de nuevo a la vida", contó.
Algo similar ocurrió en San Pedro, en el Valle de Traslasierra, donde el trabajo derivó en la restauración digital de fotografías históricas deterioradas.
"Trabajé con cuadros que llevaban más de cien años colgados, algunos estaban deteriorados por la humedad. Los escaneé, los restauré y hasta tuve que volver a pintar partes de algunas imágenes", explicó.
Voces de la Tierra, entonces, cuenta historias de arraigo, orgullo y permanencia a través de los retratos de los habitantes de cada comunidad. Pero va más allá. La obra de Silva evoca tradiciones, historias y contribuye a preservar el patrimonio intangible de las localidades.
Además, vuelve a destacar el fotógrafo, muchas de estas intervenciones se realizan con la colaboración de los vecinos, lo que promueve el diálogo y el intercambio. Entonces, las gigantografías pasan también a ser una herramienta de expresión colectiva.