Se consolidan las ferias agroecológicas en el valle de Paravachasca

Sociedad 24/09/2018 Por
En el marco de la crisis económica, crecen las experiencias en Alta Gracia y alrededores de huertas domiciliarias y compras comunitarias bajo el paradigma del “comercio justo”.
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Por: Adrián Camerano - Especial para La Nueva Mañana

Es el mediodía y es intenso el movimiento en el Mercado de Productos Agroecológicos y Caseros de Alta Gracia. Los puesteros, los clientes y los transeúntes se mezclan en este espacio, en pleno centro, al lado de la Municipalidad.

Imaginate, si para nosotros ya es complejo vender nuestros productos, cómo será en el contexto económico actual”, dice a La Nueva Mañana el puestero Walter Moroni, que ofrece algunas de las 4 mil aromáticas, crasas y cactáceas que atesora en su vivero-casa de Villa La Bolsa. Es que si bien ha crecido la conciencia acerca de la importancia de comer rico y sano, también es cierto que los productos orgánicos suelen ser algo más caros que los de cualquier comercio tradicional, y que en el contexto actual, la posibilidad de elección de los clientes se achica cada día.

Claramente no encontraremos aquí a aquel personaje de Serú Girán llamado José Mercado, que compra “todo importado”.

Nos vemos en el mercado

San Marcos Sierras y Villa Las Rosas son las localidades señeras en ferias o mercados de este tipo. También la capital provincial, que desde hace años tiene su propia movida agroecológica en Ciudad Universitaria. Este año Alta Gracia y alrededores se conformaron como zona de referencia en el tema, con un sinnúmero de charlas, capacitaciones, emprendimientos individuales y tres grandes espacios de venta de productos al público.

“Nosotros un poco surgimos para replicar la experiencia de Córdoba”, confiesa Moroni en el Mercado Agroecológico, mientras regala algunos de sus conocimientos sobre plantas que fue adquiriendo en los últimos veinte años, cuando tras las explosiones en su Río Tercero “colgó” la arquitectura, armó las valijas y eligió una filosofía de vida más armónica con la naturaleza.

Historias similares cuentan prácticamente todos los puesteros del Mercado, que arrancó este año como un punto de encuentro fijo, en el que cada jueves los vecinos saben que allí pueden acceder a productos de calidad, con escasa o nula intermediación y si se quiere exclusivamente a la venta en ese lugar.

El predio es tributario de las ferias agroecológicas que desde hace un par de años se realizan en Alta Gracia, organizadas por Cadena Orgánica y la Municipalidad y que aglutina productores locales y de todo el país.

Mientras ofrece peras y manzanas Mariana, la verdulera que sólo vende productos “orgánicamente certificados”, cuenta que aquella experiencia “de algún modo nos resultaba insuficiente, porque era vender un par de veces al año. Entonces surgió la necesidad de establecer este punto fijo, que fomenta también la producción local sin intermediarios y se encuentra en pleno centro de la ciudad”.

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Además de frutas y verduras, en el Mercado es posible encontrar esencias, miel, plantas nativas y elementos de tocador.

Un stand que se destaca es el de la Fundación Espacios, organización que lleva décadas trabajando con la discapacidad y que montó la primera cafetería food truck inclusiva del país, atendida por sus concurrentes. Lo particular del puesto es que se ofrecen productos terapéuticos naturales e hipoalergénicos, elaborados desde el minuto cero: plantan las semillas, obtienen y cuidan la planta, la cosechan, la secan, producen macerados y finalmente esencias, que emplean para elaborar cremas, bálsamos, desodorantes y sprays.

Fran Sejas Butori, de la Fundación, cuenta que la experiencia comenzó “hace tres años, primero con la elaboración de té, y luego con cremas y otros productos”. Son unas veinte las personas involucradas en el proyecto, que cuenta con un equipo de producción y otro de venta, abarcando así el ciclo completo.

Al ladito del stand de Espacios, Luisa ofrece chorizos veganos, hechos con lentejas, garbanzos o porotos. Una verdadera rareza, que acomoda sobre el brasero y que invita a degustar tanto como sus chutneys, mermeladas y milanesas de vegetales. “Hay que entender lo importante que es comer más sano”, alecciona, arrimándose al brasero en el mediodía polar.

Conciencia y cultura

Bajo la misma filosofía funciona el otro gran polo agroecológico de Paravachasca, la feria mensual que lleva adelante El Cañito Cultural. Ubicado en la calle El Cañito al 100, muy cerca de la terminal de ómnibus, este centro cultural le agrega a su propuesta agroecológica una impronta artística, revalorizando no solo a los productores, sino a los promotores culturales locales.

Mientras mejor comemos mejor pensamos, y por eso creemos que la comida agroecológica tiene que estar más accesible a la población” señala Lula Cravero, referente del espacio en el que también funciona la radio comunitaria Tortuga.

La Feria Agroecológica Familiar de El Cañito “surge porque la alimentación consciente y saludable es uno de nuestros pilares, siempre en nuestro buffet se puede degustar comida vegetariana o vegana, o panificados con harinas integrales, o huevos caseros, y nos pareció interesante hacer más extensiva esta propuesta. Nos parecía que lo necesitaba la ciudad”, completa.

En la Feria se consiguen productos alimenticios (verduras, panificados, harinas, dulces, mieles, semillas, frutas, yerba, azúcar), cosméticos (jabones, repelentes, cremas), de limpieza, semillas para huerta, flores y plantines; todos elaborados en armonía con el ambiente. Y se presentan cantautores, bandas de rock y se proyectan películas alusivas, como ocurrió tiempo atrás con el documental “Agroecología en Cuba”, presentado por su propio director, Juan Pablo Lepore.

En la feria participan productores de Paravachasca, Punilla, Traslasierra y Córdoba capital, y también algunos revendedores de productos naturales oriundos de otras provincias. Algunos de los puesteros también participan del Mercado Agroecológico, y todos militan y fomentan la apertura de cada vez más bocas de expendio que les permitan comercializar sus productos.

Nuestra meta es acerca estos productos al vecino y achicar la brecha entre el productor y los consumidores, sin que el alimento no pase por tantas manos” cierra, destacando también los intercambios de saberes que se dan en cada encuentro, los segundos domingos de cada mes.

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Un rincón de Anisacate

La Feria Anisacate es única en su tipo, al menos en la región: a los productos naturales les suma artesanías, talleres y hasta un rincón del usado. El espacio funciona desde hace más de tres años y tiene sede en el solar denominado Rincón Criollo, a la vera de la ruta 5.

Se trata de una apuesta a la promoción del consumo local y los productores de la zona, que presentan un sinfín de productos: alimentos, juguetes, libros y artesanías, sin que la reventa se encuentre permitida. Los puesteros tienen un sistema de admisión, mediante el cual “los interesados primero muestran lo que producen y se verifica que la fabricación sea artesanal y propia”, asegura Leandra Fernández, que expone sus vistosos juguetes de madera.

El fuerte del espacio son los alimentos agroecológicos, y puntualmente la verdura, que en ocasiones se agota. Otro plus consiste en la realización de talleres y de un Rincón del Libro, pensados para darles participación a personas que no son productores ni artesanos, pero que están interesadas en que el espacio siga creciendo. Y hasta se animaron a montar una radio abierta, en la que cada domingo se leen clasificados, se comenta la oferta del día y novedades locales que los hacen sentir más comunidad, más unidos, menos expuestos a la intemperie.

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