
Cambios de esquema para evitar la debacle del Gobierno
El Presidente puso en la cancha a un conjunto de ministros y secretarios de Estado a los que bautizó con el pomposo rótulo de: “El mejor equipo de los últimos 50 años”. En el transcurso de la gestión, como consecuencia de resultados infructuosos y de un partido perdido por goleada contra el dólar y la inflación, Macri realizó los primeros cambios en sectores claves del campo de juego. Al primero que le tocó abandonar la cancha fue al flamante ministro de Economía. A la salida de Prat Gay le siguió la del director del Banco Nación. Luego, hubo cambios en el Ministerio de Agroindustria, un área fundamental para propender el agregado de valor, las exportaciones de manufacturas de origen agropecuario y el ingreso de divisas; ese cambio aportó tanto como la salida del improductivo Di María por un errático Enzo Pérez en la escuadra nacional. A todo esto, la corrida cambiaria se llevó puesto al director del Banco Central, y la mala performance de la economía, en términos generales, al ministro de Producción Francisco Cabrera. De igual modo, para descomprimir las tensiones en torno a Juan José Aranguren (un hombre con una imagen tan negativa como la del arquero de la selección luego de servirle en bandeja el gol al centroforward croata), el Presidente también recurrió a cambios cosméticos.
La estrategia pareciera ser la del cambio de nombres en busca de fortalecer el modelo (lo que en la jerga futbolera se conoce como “posición por posición”), para enfrentar el ajuste fiscal que solicita el FMI con nuevas figuras y desechar a quienes tienen mala imagen para llegar a los comicios del próximo año postergando la crisis de financiamiento con los dólares frescos del empréstito y con un gabinete renovado. Sin “pianta votos”, ni jugadores “quemados”, resistidos por la parcialidad local.
Ni lluvia de inversiones ni brotes verdes: emergentes
Ahora bien, en este contexto de incertidumbre económica, en donde la inflación y la cotización del dólar ya tiraron por tierra todas las proyecciones presentes en el Presupuesto 2018, y frente a un escenario que hace verosímil pensar que tendremos un año recesivo, desde el Gobierno anuncian con bombos y platillos (cual gol de Messi al minuto 90 con clasificación a octavos incluida) que Argentina fue catalogada como “mercado emergente”. Uno de los jugadores que se fortalece en este estado de situación twiteó que “ser emergentes va a darnos acceso a capital más barato y, por ende, más inversión, más crecimiento y más empleo para todos los argentinos”. ¿Qué implica “ser emergentes”?, ¿se justifica el optimismo de Nicolás Dujovne en las redes sociales?
Cabe aclarar que Argentina dejó de ser catalogada como “mercado emergente” en mayo de 2009, por los controles para la entrada y salida de capitales, lo cual dificultaba, consecuentemente, la posibilidad de que los especuladores de las finanzas internacionales consigan liquidez y fluidez en un corto plazo. Ahora, por la relación que Cambiemos pretende con el poder financiero internacional, implementaron cambios para liberar el mercado de capitales y menguar el control de los organismos gubernamentales en el mercado financiero y bursátil. Por ejemplo, la ley de mercado de capitales que propuso el oficialismo resta facultades de control a la Comisión Nacional de Valores. Es claro que el dictamen de Morgan Stanley Capital Internacional (MSCI, proveedor de índices bursátiles) para que Argentina deje de ser “mercado de frontera” y pase a ser considerada “emergente”, no responde a análisis de las variables micro y macroeconómicas. Por el contrario, han valorado positivamente al grado de apertura de la economía nacional, la ley de mercado de capitales, la libertad cambiaria y la vuelta del Fondo Monetario con sus recetas neoliberales. De este modo, la crisis de financiamiento, la restricción externa, el déficit comercial, la incertidumbre económica, consecuencias de un modelo económico inconsistente, no han sido barreras para la recategorización.
Si bien este dictamen se hará efectivo en mayo del año próximo, desde el Gobierno ya auguran el ingreso de más de USD 4 mil millones a la economía el año que viene, puesto que la nueva calificación permite que grandes grupos inversores de las finanzas internacionales puedan incluir en sus carteras bursátiles acciones de empresas argentinas. El comunicado emitido por MSCI especificó que, por el momento, solo se tendrán en cuenta acciones argentinas que cotizan en Nueva York. Es por eso que muchos agentes financieros se adelantaron a la eventual demanda que estas acciones tendrán el próximo año y se capitalizaron con diferentes activos argentinos. Esto generó un aumento en Wall Street de la cotización de las acciones de: Banco Macro, Galicia, Banco Francés, YPF y Loma Negra. Entonces, cabe preguntarse sobre las repercusiones que la bolsa de Nueva York tiene en la economía real.

La construcción, “amesetada”: se esperan “40 mil puestos de trabajo menos”
En este aspecto, vemos un contraste muy fuerte. Desde noviembre del año pasado se percibe un parate en la obra pública. El mismo Presupuesto para este año preveía un ajuste significativo en infraestructura (viviendas, energía y transporte), puesto que obra pública era una de las tantas partidas presupuestarias que se movía por debajo de la inflación proyectada. Inclusive, al tener un aumento de precios muy por arriba de lo previsto, esto hace que se licúe aún más el presupuesto para el desarrollo de obras, generando un mayor ajuste. Sumado a esto, se espera para el próximo año una reducción del gasto primario, producto del acuerdo con el Fondo, que podría afectar también a la construcción.
El presidente de la Cámara Argentina de la Construcción (Camarco), Gustavo Weiss, afirmó que al “amesetamiento” en el que se encuentra el sector “se le suma el anuncio del Gobierno de una merma de $30.000 millones en los fondos públicos que significa una caída de 15% de la obra pública”. Desde Camarco también señalan retraso en los pagos. Sumado al recorte del Estado para reducir el déficit fiscal, los insumos para la construcción se elevaron notablemente, consecuencia de la inflación y de la devaluación del peso, puesto que muchos de los insumos utilizados son commodities que se comercializan a precio dólar (como el acero, aluminio o hierro). Por su parte, Gerardo Martínez, titular de la Unión Obrera de la Construcción, advirtió que “vamos a tener en los próximos días una caída de alrededor de 40 mil puestos de trabajo en la construcción”, como consecuencia de “falta de pago o demora en los pagos por los certificados de obra” a empresas contratistas del Estado.

Mundo bursátil vs economía real
Por un lado, tenemos suspensiones y paralizaciones de obras, que generan despidos dentro de la construcción. Sin embargo, las acciones de la cementera Loma Negra subieron, consecuencia de la recategorización de Argentina como “emergente”. De lo anterior se desprende que el mundo bursátil circula por un andarivel distinto al de la economía real. En efecto, el apoyo del mundo financiero especulativo no significa, necesariamente, que habrá repercusiones positivas en la producción de bienes, en el empleo y la calidad de vida del pueblo argentino. Contrariamente, es presumible pensar que esa inyección de dinero producto de la demanda de las acciones de las empresas mencionadas terminará fugado en paraísos fiscales o en la timba financiera que propone el Banco Central (para luego ser fugado). Bien lejos de la inversión productiva. No es sensato pensar otra cosa, puesto que esta ha sido la conducta histórica que el bloque económico de poder dominante ha tenido en nuestro país. La cual no cambiará sin reforma estructural mediante.
De este modo, todo parece indicar que para salir del atolladero el país no necesita cambios de nombres. Más bien, lo que se requiere es otro esquema económico que ponga el acento en la producción y el desarrollo. Del mismo modo que la selección nacional debe cambiar de esquema táctico para no hacer las valijas antes de tiempo. Es decir, para evitar la debacle es condición sine qua non abandonar esa vulnerable línea de tres que es tan inconsistente e improvisada como el modelo económico de Cambiemos.

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