Bibliotecas populares y comunitarias y la resistencia cultural: antídotos contra el odio

La motosierra mileísta avanzó en estos espacios y de otras inscripciones para recrudecer su situación. La desprotección impide el acceso a bienes culturales y a la construcción de la memoria social e identidad. 
Cultura22/06/2026Myriam MohadedMyriam Mohaded

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La Biblioteca Popular Julio Cortázar, en calle Diego de Torres 1.332, un verdadero centro cultural y comunitario ubicado en el corazón de barrio San Vicente. Foto: gentileza Mauricio Arancibia (Radio La Quinta Pata).

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Pareciera que no se quiere que en las biblios haya personas leyendo, haciendo un taller de escritura, o juntándose para conversar los temas que nos atraviesan. Pareciera que se tratara de un plan perverso. Un cono de sombras que avanza e intenta desarticular todo. Aun así, las bibliotecas resisten. 

Sin ir más lejos, y aunque el pronóstico del tiempo jugó una mala pasada, eso no impidió que en San Vicente el Locrazo para el Cordobazo, que organiza desde hace 17 años la Biblioteca Popular “Julio Cortázar” y luego se incorporó la radio cooperativa La Quinta Pata, hubiese tenido el matiz de un momento de encuentro y camaradería con música, lecturas, un rico locro y postres. Un clásico sanvicentino que congrega, en la calle Diego de Torres, a media cuadra de la Plaza Lavalle, a lectores, vecinos y vecinas de diversos sectores de esa zona. 

Pero la actual edición vino recargada por el esfuerzo que implicó realizarlo en dos instancias: un domingo porque el agua inundó las calles del barrio y, el otro, porque el frío hizo lo suyo. De todos modos, los esfuerzos se doblegaron por quienes sostienen la propuesta. Los fondos del locrazo son para pagar impuestos, gastos administrativos, servicios esenciales para seguir funcionando. 

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Locrazo para el Cordobazo, organizado desde hace 17 años por la Biblioteca Popular “Julio Cortázar” y la radio cooperativa La Quinta Pata. Un encuentro de camaradería con música y lecturas. Foto: gentileza Mauricio Arancibia (Radio La Quinta Pata).

La militancia como motor

La militancia y convicción de seguir adelante motoriza este espacio, como muchos otros. Pese a todo, contra todo. Las palabras que llegaron de la socióloga Dinora Gevennini, una de las fundadoras de la Cortázar, afianzaron el espíritu de la movida: “La  memoria social es un antídoto para el odio, la deshumanización y la destrucción de derechos y valores. La memoria de las luchas nos reconecta con las raíces, con las utopías de nuestros mayores. Y esas utopías nos cobijan, porque son parte de nuestra identidad, de nuestro inconsciente colectivo, que los  poderes buscan  destruir. Y nos interpelan para encontrar caminos colectivos capaces de torcer esos designios siniestros".

En el documento leído por sus referentas, y militantes sociales, se hizo un llamamiento para unirse frente “a la situación de desamparo, en las que quedaron en un sector que vive el desfinanciamiento y las modificaciones que se implementaron en la Comisión Nacional Protectora de la Bibliotecas Populares en donde siguen en riesgo programas fundamentales que afectan a 1.500 bibliotecas de todo el país”.

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Biblioteca Popular Julio Cortázar de San Vicente. Con los fondos recaudados en "el locrazo", este espacio cultural afronta el pago de impuestos, gastos administrativos y servicios esenciales para funcionar. Foto: gentileza

Preocupaciones compartidas

En un país que a veces parece distraido, podríamos preguntarnos ¿Qué hace una biblioteca popular? ¿quiénes llevan adelante su tarea? ¿Qué hay más allá de los anaqueles con libros que se brindan? Si apenas tienen para pagar la luz y el agua, ¿cómo funcionan los desafíos que plantean las nuevas tecnologías en el sector? ¿Cómo estimular la lectura y dar respuesta a numerosas demandas sociales? 

La Comisión Nacional de Bibliotecas Populares (Conabip) perdió su autonomía. Dejó de ser un ente autárquico para depender de la Secretaría de Cultura de la Nación. Este aspecto implicó la desaparición de la representación federal y una mayor centralización en la toma de decisiones que implica una distribución de fondos a discreción para quienes pueden complementar un mecanismo burocrático infinito a la hora de pedir subsidios.

A la vez, distintas organizaciones representativas del sector expresan su preocupación por la reducción de recursos humanos especializados y el recorte de personal técnico.

Si bien se continúa con algunas escasas líneas de financiamiento, nuevos requisitos administrativos surgieron para la rendición de subsidios que profundiza las dificultades que enfrentan estos espacios que funcionan, en su mayoría, por el compromiso de socias/os y la comunidad.

Lo cierto es que el presupuesto lo reciben menos bibliotecas, ya que a esta altura, a casi dos años de la implementación de recortes tras la Ley de Bases del gobierno de Milei, varias tuvieron que cerrar. Y otras, no llegan a tiempo con la documentación requerida por falta de fondos. Tanto es así que ni alcanza para pagar a contadores. Y hay quienes continúan con la fatigante tarea de enviar notas, cartas con distintos reclamos colectivos pidiendo exenciones y ni siquiera se sabe si habrá respuesta. 

La solidaridad como respuesta

En otro momento del documento que se leyó en San Vicente, se expresa que “la falta de respuesta, los ajustes continuos, se ningunea a la cultura, al intento cotidiano de borrar la memoria de nuestras luchas y funciona como un eco, un llamamiento a la cultura popular, la solidaridad y el cooperativismo”.

Voces de biblios

La situación no se puede afrontar de manera aislada por cada biblioteca. Quienes están en las biblios lo saben, y forjaron numerosas redes en las que trabajan de manera mancomunada. Seguramente, cuantos más vecinos y vecinas se involucren mejor será. Sin embargo, se enfatiza que es fundamental profundizar la coordinación y la acción conjunta.  

También es cierto que cada biblio tiene su modelo. La Biblioteca Popular “Casa del Pueblo”, que funciona en Alberdi, se basa en la autogestión. Allí se sostiene con donaciones de dinero, horas de trabajo y honorarios. También con bonos contribución, que aportan sus socios/as lectores y los asistentes a los talleres culturales. Recientemente, se sumó  un nuevo proyecto de arte textil.

Se trata de confeccionar productos sobre los que se realiza un proceso de sublimado de imágenes vinculadas a la lectura. Luego, se venden en ferias y diferentes eventos para promocionar la cultura y recaudar fondos. En ocasiones, la Biblioteca participa de convocatorias públicas y privadas donde presenta proyectos para su financiación. “Lo económico afecta a la participación”, expresa Ana Linares, responsable de la misma. 

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Casa del Pueblo, un espacio autogestivo en el corazón de barrio Alberdi. Foto: gentileza Biblioteca Casa del Pueblo.

Más biblios en los barrios: Providencia, Los Boulevares...

Por su parte, Flor de Papel, enclavada en barrio Providencia, se fundó en el 2021 y tiene por finalidad trabajar con las infancias. Se sostiene atendida por sus creadores ad honorem, con dineros personales, y por el ingreso mensual de una exigua beca municipal del programa "La Biblio Te Cuenta". Aquí se reciben libros en donación o comprados, cuidadosamente seleccionados en su calidad ética y estética. Su público lector proviene, en particular, de la escuela primaria vecina del barrio, Presidente Yrigoyen. 

“Esta biblioteca es barrial, subsiste por el deseo y la resistencia de generosos vecinos que la apoyan. Contamos solamente con una beca municipal casi simbólica igual muy útil dada nuestra humilde condición, tampoco tenemos aporte nacional ni provincial. El límite económico real no nos permite ampliar nuestro servicio”, afirma Miriam Palacio, referenta del espacio.

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Biblioteca Flor de Papel, en barrio Providencia. Gentileza Biblioteca Flor de Papel. 

También, en la zona de Los Boulevares, desde la Biblioteca Popular “Nelly LLorens”, que funciona en el Club Social y Deportivo del barrio, se explica que el perfil de este espacio se construyó desde un modelo de autogestión. “Siempre apelamos al sostenimiento colectivo a través del barrio o grupos que saben de la biblio porque la conocían a Nelly o bien por diferentes motivos”, dice Mariam Gottero, referenta de la Llorens.

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Biblioteca Nelly Llorens, en barrio Los Boulevares, "una biblioteca popular que trabaja por el acceso a la cultura y el respeto y promoción de los Derechos Humanos". Foto: gentileza Biblioteca Nelly Llorens. 

Uno de los temas que se aborda en este contexto es acerca del equipo de personas voluntarias que trabajan y participan en la vida del espacio pero que la realidad las condiciona. Atravesados por la precarización laboral y el pluriempleo, el cansancio de jornadas excesivas con  muchas horas de trabajo resta las posibilidades en cantidad de  tiempo que se pueda dedicarle. 

“Aquí se valora la gravitancia de lo económico “pero nuestra biblio está atravesada más por convenios que han facilitado el crecimiento.” Ante cada necesidad efectiva, lo comunicamos. Otro aspecto es el del subsidio de "La Biblio Te cuenta”, que si bien alcanza para temas más bien cosméticos, estos derivan en otros. Por ejemplo, se pide para pintar una casa antigua y  esto deviene en una humedad que requiere otro tipo de arreglos”. 

“La trama de la comunicación es lo que nos sostiene”, dice Gottero en un vínculo que ante todo se construye con vecinas y vecinos, en la búsqueda de respuestas y acciones comunes. 
Uno de los principales proyectos es el de una tienda digital con una producción original de productos diseñados  desde la misma que poseen su catálogo. “Siempre logramos sobrevivir , crecer, en la trama del autosostenimiento colectivo. La biblio es muy renovada, muy dinámica”.

Apremiadas por las vicisitudes de lo autogestivo, la búsqueda de recursos, la formulación de  proyectos, el envío de cartas que consumen horas y horas de trabajo las bibliotecas siguen batallando el acceso y defensa de derechos fundamentales como el de los bienes culturales. Por si esto fuera poco, y más allá de los debates que suscita, se comprometen cubriendo necesidades básicas y  suplen roles fundamentales en donde el Estado está casi ausente.

De todas maneras, las biblios van a seguir. Pensando en que esa otra realidad más equitativa es posible. “Donde hay una biblioteca, hay una luz de claridad convocante”, decía el periodista, poeta y escritor Francisco Colombo. Que así sea.

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Las referentas de la Biblioteca Julio Cortázar llamaron a unirse ante el desamparo por el desfinanciamiento de la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares. Foto: Myriam Mohaded. 

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