
Juan Falú: “Un documento que es un camino”
Myriam Mohaded
“Tengo cariño por mi nombre, que siempre fue más amiguero, más familiar, más compañero, más amoroso y con menos peso que el apellido. En estos 60 años de vida artística ser Falú fue el desafío para hacerme músico, y ser Juan el modo entrañable de vivir la música.” (Juan Falú)
Es mayo. Mes de la Patria. Pasada la siesta, Juan Falú se dispone a conversar sobre su libro que comenzó a escribir en ese tiempo infinito que parecía la pandemia. Hizo partituras, reescribió algunas y escribió otras que no estaban. Siete capítulos musicales y poéticos, letras de canciones, partituras de las obras para guitarra, comentarios de cada uno de los temas, como si nos contara una receta de entrecasa, con sus ingredientes más preciados: la poesía, la música, las letras. Recuerdos y creaciones.
La obra posee también unos QR en el que se pueden acceder a sus grabaciones, y hacen de sus páginas una experiencia de música, escritura, y partituras para interpretar que adquiere diferentes dimensiones. Así surgen, a pleno trabajo e inspiración estas obras para guitarra y canciones.
El libro como un disparador para conversar sobre la música popular. La patria, la música, el mercado, el folclore y las infancias, sus musas inspiradoras, renovando su compromiso con el arte. Juan Falú abre el diálogo y reflexiona acerca de las esperanzas y dificultades de transmitir la memoria cultural a nuevas generaciones.
- ¿Cómo fue ese trabajo de sistematización?
- El trabajo fue arduo porque tuve que participar en toda la trama del libro. En relación a mis composiciones, fue escribir los textos a cada uno de los temas, que son muchos, y una breve historia de cada uno. Lo mismo sucedió con las partituras: reescribir unas y escribir las que no estaban porque hay composiciones que son para guitarra que, generalmente, se difunden a través de la música escrita. Aparte, revisar las letras de cada tema y también las partituras. Es un trabajo que a mí, personalmente, me encantó. Un documento, porque es todo un camino.
En realidad, son dos libros los que hice. Hace unos meses salió “Tucumano soy”, un texto de características similares editado por la Universidad Nacional de Tucumán, pero con composiciones inspiradas en Tucumán. Este tiene más obras, por eso las acomodé temáticamente.
- ¿Qué lo motivó a escribir “Como otros Juanes”?
- Creo que fue haber tomado conciencia de que había una obra ya nutrida, no había muchas composiciones, y no están todas en ese libro. Están las con letras y las que son solo instrumentales. Hay alrededor de doscientas. Si bien el número no me impresiona, porque la cantidad no dice mucho, creo que son varias en ese sentido. Soy muy autocrítico, severo con lo que genero musicalmente. Entonces, me di cuenta que era necesario dejar un testimonio de eso, ponerlo en papel. En el registro sonoro, porque lo que tiene ese libro es, además la música. Entonces, ahí está el registro escrito y en audio de toda esa producción, esa obra creativa.

“Me siento honrado”
Juan Falú nació en Tucumán. Es guitarrista, compositor, docente. Su formación de psicólogo fue en la Universidad Nacional de Tucumán (UNT). La edición de su libro corrió por cuenta de la editorial Eduvim y se presentó en Villa María en abril pasado, donde de la Universidad Nacional de esa ciudad (UNVM) recibió un reconocimiento como profesor Honorario.
- En estos tiempos de desprestigio en la universidad pública, ¿qué le implica para usted realizar una publicación desde la misma?
- La valoro inmensamente. En una situación normal, ya me hubiese sentido honrado porque tengo una identificación histórica con las cualidades de nuestra universidad pública. La conozco, transité, y la defendería igual. Pero, considerando el ataque que vive y fue contestado con esa movilización masiva y contundente, le encuentro más valor, porque es una iniciativa costosa, por las características de la edición, la cantidad y el grosor que tienen sus páginas ya que incluso había que poner un papel grueso para que resista el uso de la lectura de las partituras.
Además, esta edición fue acompañada por un reconocimiento, una distinción que recibí de la Universidad Nacional de Villa María, donde se me declaró profesor honorario, de la cual estoy muy agradecido. No tenía una dimensión real de lo que era, pero equivale a un Honoris causa.
- En el camino de construcción de la música popular, ¿de qué manera comulga su estilo de vincular lo autodidacta y lo académico?
- Me gusta esa comunión. Si bien no soy el mejor ejemplo, porque en realidad pasé poquísimo tiempo por la academia, en la adolescencia fueron algunos años, defiendo esa síntesis de los dos caminos de enseñanza de la música. El más vivencial que es el de la música popular, y el que tiene un mayor rigor basado en siglos de tradición que se da sobre todo en las músicas clásicas donde está el rigor de la técnica, de la disciplina, del desarrollo del instrumento, etcétera. Hay algo que defiendo y que se está dando mucho más que cuando comenzaba a caminar.

“Difícil de explicar”
“Si tuviese que hilar fino, tal vez debiera reconocer dentro de mí aquella sintonía con la sensibilidad femenina. A esta idea trato de alejarla de una perspectiva psicológica, no porque no la haya, sino porque no podría explicarla. Opto por entenderla desde lo más sensible, desde una percepción de la manera con que la mujer siente y vive la música.” (En Como Otros Juanes”. Juan Falú)
- Hay dos capítulos referidos a mujeres en donde reconoce en las figuras de ellas esa idea “ancestral” de fuente de inspiración. ¿De qué manera transita ese vínculo?
- En los textos que escribí tomé conciencia que había muchas composiciones inspiradas o dedicadas a mujeres de diferentes orígenes, condiciones y vínculos; puede ser desde una nieta o una compañera, hasta mujeres como una coplera que cantaba en una letra, cuya modulación la hacía como La Capitana, que es la figura histórica de esa mujer que asistía y participaba en las batallas como las de Tucumán.
Otras aparecían de manera recurrente en el cancionero, como la de “Rosario Pastrana”. Me di cuenta que, valía la pena agrupar ese cancionero, que incluye en algunos casos letras mías, pero la mayoría son de poetas con las que tuve una dupla creativa. También hay muchas mujeres que son del círculo familiar. Tengo tres hijas mujeres, cuatro nietas, más otras dos que son nietas de mi esposa, pero están dentro de la constelación familiar, o bien puede aparecer una vieja amiga tucumana vinculada al canto, o a un camino desde la adolescencia. De alguna manera, se relaciona con lo que digo en el texto. Es muy difícil explicarlo.
Siento que la condición femenina incluye un modo especial de vivir la música. Lo noto cuando toco o estoy en reuniones. Por ejemplo, mi compañera que no es música, en realidad lo es por la manera de vivirla. Y a veces hay situaciones que las reconozco porque se dan: por ejemplo, a mis hijos les transmite más ese modo de vivir la música que saber que tienen un padre músico.
- En el capítulo “Con Ellas”, se refiere a la apoximación a diferentes cantoras, compositoras, poetas…
- Lo que aparece en el libro es una muestra nomás. Quizá cuando yo he tenido duplas, en las cuales nunca me asumí como acompañante, sino como alguien que dialoga desde la guitarra con el canto, me di cuenta que hay muchísimas cantoras con las que tuve presentaciones en vivo o canciones. Por ejemplo, este año ya he tocado con más de media docena de cantoras. Algunas vienen de una vieja relación, supongamos, Silvia Iriondo, y otras son cantoras jóvenes que por ahí fueron alumnas mías.
También muchas veces, me pasó en guitarreadas que aparece la compañera que hace el guiso en una casa, y canta. Y a mí me gusta cómo lo hace. Incluso, a veces llegué a pensar de una manera medio radical, que una cantora de entrecasa me llega a conmover más que cantoras profesionales. Hay algo ahí que es parte de la condición femenina. Para mí es muy difícil explicar eso. No tiene que ver con una posición racional ni con una intención siquiera. Mucho menos con un plan, es algo que se dio.
El mismo sentido tiene en un capítulo que se llama “Asuntos de la Patria”, porque me di cuenta que había muchas composiciones que tenían un sentido histórico o crítico, o las nanas..
- A propósito de las nanas, usted afirma que trata de correrse de cierto “nepotismo familiar”. ¿Qué hay de esa transmisión del folclore a otras generaciones, por ejemplo, a las infancias?
- Yo creo que estamos ante un panorama y un mundo bastante esquivo a las transmisiones de las memorias culturales. No tiene que ver sólo en cómo se transmite el folclore a las infancias, sino con la transmisión de la cultura en general. Esta invasión de lo mediático y de las redes, por un lado, podría ser una vía interesante, pero para mí lo que se está generando es como una avalancha de conocimientos que no son exactamente los que tienen que ver con la historia de la cultura o de la tierra y sus tradiciones. No sé si yo al cantarle una canción de cuna a un nieto va a operar en el mismo sentido que lo hizo en mí cuando era un niño. Hasta hoy recuerdo a mi padre cantándome una canción de cuna y soy consciente que me marcó, por algo escribí canciones de cuna después.
Cuando estaba en el Fondo Nacional de las Artes, alrededor del 2013, me pasó de escribir el proyecto “Cajita de Música” para promover el folclore en las escuelas públicas que se transmite a los niños. Es un proyecto donde capacitamos a numerosos maestros y maestras de escuelas públicas, pero las devoluciones que recibíamos era que el proyecto estaba precioso, bárbaro, pero los niños que van a la escuela vuelven después a sus redes. O sea, lo que transmite la escuela ya no es lo que tiene el mayor proyecto pedagógico en las infancias.
- Hay algo de la identidad que está en juego en las infancias. ¿Cree que se sienten representadas en el folclore?
- Creo que está vinculado a esta famosa cuestión de la globalización. Hay identidades que se generan por esa información inmediata, y eso pasa no sólo con la música. El segmento social que cultiva el cancionero nuestro es muy pequeño en relación al resto que escucha otras músicas. Por eso es que aparece un Milo J. y que, siendo tan mediático, canta una canción folclórica y se lo ve como algo extraordinario y excepcional, porque sí es excepcional. En otros tiempos, una canción de Eduardo Falú o de Atahualpa Yupanqui eran las mediáticas. Eso cambió mucho. Vamos perdiendo terreno en relación a la hegemonía de las grandes industrias y empresas que, con la música, trabajan de manera muy intensa.
- A propósito de la hegemonía cultural. Hace algunos años en el escenario de Cosquín se le dio un tiempo acotado para cada uno de los tres temas que la organización calculaba tenía que hacerlo y tocarlos más o menos en 12 minutos. Esa noche dijo “pero a mí la zamba me gusta lenta, así que capaz voy a tocar dos temas nomás”. A pesar de que la multitud reclamó “otraa” durante largo tiempo, no se le permitió volver al escenario…
- Son unos de los momentos más hermosos de mi vida artística, porque ahí se junta el silencio con la masividad al aire libre, y eso es impresionante. Fue para mí algo inesperado. Y también es importante porque muestra que hay una reserva de una sensibilidad que se identifica con otras estéticas. Es lo que nos permite a nosotros seguir con esperanza, motivando lo que hacemos porque siempre hay la posibilidad de una llegada, y tal vez exista una memoria inconsciente de esos sonidos. No digo que sea la de ese público que estaba en Cosquín esa vez, porque ese público tiene una memoria consciente. Va a buscar lo que ya conoce, lo que ama. Pero, tal vez allá, en los sectores que están más colonizados musicalmente, pueden tener una memoria inconsciente de la cultura y de los sonidos que nos pertenecen.
- Si tuviera que elegir usted un tema musical que nos represente como país, como patria hoy, ¿cuál sería?
- Eso es muy difícil para mí.
- Bueno, de su libro, entonces…
- Un señor que es chino me preguntó lo mismo. Me decía digame algún tema, algo así como, por ejemplo, para México es “Cielito lindo”, o para Perú la “Flor de Canela”. En Argentina es difícil decirlo porque veo muy partida a nuestra tierra, desgraciadamente. Hay quienes elegirían una canción del rock para eso. Yo no eligiría una canción del rock porque vengo de un ayer, anterior al rock. Elegiría un tango de Gardel, una composición de Yupanqui, o de Eduardo Falú, o de Ariel Ramírez, o de Leguizamón Cualquiera de los cuatro pueden tener el mismo valor para mí. Son cuatro columnas poderosas.
- ¿Y una mujer?
- Mercedes Sosa. Mercedes, sí, por supuesto. Me encantan muchas otras, pero Mercedes es la voz argentina.

(*) Myriam Mohaded. Periodista, integra el equipo de "Cultura en la Aldea".
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