Comedores en Córdoba: la primera línea de trabajo en los barrios está en riesgo

Cocinas comunitarias produjeron más de 26.000 viandas para el Encuentro Plurinacional. Detrás de ese trabajo estuvieron también comedores barriales gestionados por mujeres que, cada día, asisten a centenares de familias.
Córdoba04/11/2026Miriam CamposMiriam Campos
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Según datos del Indec, a nivel nacional, la pobreza subió del 28,2% al 32,3% respecto del segundo semestre de 2025. En los 31 aglomerados, el 44,5% de los chicos de hasta 14 años vive en hogares pobres. Foto: archivo NA

Encuentro Mujeres

Del 10 al 12 de octubre, Córdoba recibió el 39° Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis, Trans, Bisexuales, Intersexuales y No Binaries y se estimaron más de 150.000 participantes. Buena parte de esa multitud comió gracias a las cocinas comunitarias de la Ciudad. 

Se entregaron 17.000 viandas el primer día y 9.000 el segundo: 26.000 en total. El 92% fueron a base de plantas; el 8% restante, vegetarianas, unas pizzetas con queso. Ninguna llevó carne vacuna ni pollo.

“Fue la última comisión que se armó, la de Soberanía Alimentaria, y fue la que más tuvo que trabajar de repente contrarreloj”, recuerda Giuliana Olmos, “encuentrera” de muchos años -como dice ella-, integrante del Movimiento Carlos Mugica, de la Asociación Civil Ivana que funciona en barrio 23 de Abril y participante de la comisión organizadora de Logística durante el Encuentro.

"El equipo de viandas nació de un grupo de compañeras antiespecistas, con una visión política sobre el tema", cuenta Giuliana y agrega que se había previsto que la Provincia aportara viandas, pero eso no ocurrió. Las cifras de partida salieron del formulario de alojamiento, donde las participantes podían pedir acceder a la comida.

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Además de la comida para las y los vecinos, este año, la Asociación Civil Ivana, que funciona en barrio 23 de Abril, realizó un total de 4.000 viandas durante el fin de semana del Encuentro Plurinacional en octubre pasado. Foto: gentileza

“Nuestros merenderos vienen haciendo comida vegana porque no llegan a acceder a huevos, pollo, carne”, explica. “En nuestro caso, no es una elección política, pero con la crisis empezamos a hacer viandas a base de plantas, de granos. Tuvimos que aprender a cocinar sin proteína animal y para eso nos capacitamos".
 
Para la producción de las viandas del Encuentro, en total participaron una veintena de cocinas, entre ellas: Comadres, Wallmarx, Fundación Ivana, Asociación Mutual Mugica, Comechingonas, La Pacha, Me Gusta Mucho Comer, Go Vegan, La Cebolla Vegana, Sabores Disidentes, Santa Antonia, La Casita Trans, Gastronomía Mixtura, ATTTA, Enredades, Amaso Criando, Cocinas Nueveonce, Olla Rebelde, Tentaciones SYS y Tu Flor. De ese total, cuatro son comedores populares. 

En ese marco, la Asociación Ivana, que integra el Movimiento Mugica, ese fin de semana hizo 4.000 viandas: 2.000 el sábado y 2.000 el domingo, con 13 personas trabajando. Fue su primera experiencia como servicio de comida. Pero en paralelo, la cocina siguió funcionando para el barrio. 

“Fue un trabajo con el cual cumplir, pero al mismo tiempo también con el barrio porque la gente espera poder comer”, cuenta Giuliana sobre el esfuerzo de hacer las viandas para el Encuentro y por otro, lado no descuidar el trabajo barrial. La asociación sostiene una sala cuna y las raciones que retiran las familias y también las y los adultos mayores. En total unas 300 viandas diarias.

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Organizaciones sociales vienen reclamando que el Gobierno declare la Emergencia Alimentaria en Córdoba, pero pese a las mesas de debate, la iniciativa no prosperó. Foto: gentileza

Listas de espera para un plato de comida

Detrás del Encuentro, la foto cotidiana es otra. “Las listas de los comedores son cada vez más grandes”, advierte la referente social y agrega que desde la pandemia, los espacios atendían sobre todo a niñas y niños; pero hoy reciben casi la misma cantidad de adultos mayores. Y tienen listas de espera.

Pocos logran sostener sus días porque la crisis impacta también la llegada de los insumos para cocinar. “Casi todos los espacios sociocomunitarios cerraron alguna de las jornadas”, describe Giuliana y añade que quienes daban merienda de lunes a viernes, hoy, por ejemplo, la dan solo martes y miércoles.

“Las vías de autofinanciamiento también se secaron. Mucha gente que colaboraba con una rifa o una venta de pollo el fin de semana dejó de comprar porque no puede”, dice Giuliana y para darle la vuelta, la respuesta fue organizarse entre pares. “Algunos espacios se reparten la semana: uno da merienda lunes y miércoles, el otro martes y jueves. Así se completa un poco”, agrega. 

Respecto al dinero estatal que reciben los comedores, como la Tarjeta Activa municipal, Giuliana cuenta que se depositan solo $250.000 aproximadamente cada 40 días, porque los pagos se atrasan. 

El monto es igual para todos: “No importa si tenés a cargo 30 niños o 500, ni si das leche cinco veces a la semana o dos”. Si la decisión es hacer comida, esos 250.000 pesos solo alcanza para dos jornadas; con meriendas, si se estira, para una semana o poco más.

Los datos oficiales muestran la distancia. Según la Defensoría del Pueblo de Córdoba, una familia de dos adultos y dos hijos necesitó $664.852 en junio de 2026 solo para alimentarse en la capital. Es decir, la tarjeta de un comedor equivale a poco más de un tercio de lo que come una sola familia en un mes.

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La estimación que hacen las organizaciones sociales sobre la cantidad de merenderos y comedores en Córdoba ya ronda los 2.300 espacios. Foto: archivo NA

En esa línea, según el Indec, en el primer semestre de 2026 la pobreza alcanzó al 31,1% de las personas del Gran Córdoba, es decir unas 503.000. La indigencia llegó al 7% y afectó a unas 113.000 personas que ni siquiera pueden cubrir la canasta alimentaria. A nivel nacional, la pobreza subió del 28,2% al 32,3% respecto del segundo semestre de 2025. En los 31 aglomerados, el 44,5% de los chicos de hasta 14 años vive en hogares pobres. 

En cuanto a la cantidad de merenderos o comedores, "no existe un registro único en Córdoba, y las cifras oficiales no coinciden entre sí", indica la referencia social. Y describe que en la Mesa de Trabajo con el municipio y la Provincia tras el pedido que se declare la Emergencia Alimentaria, hasta el 2025 la Provincia registraba alrededor de 650 comedores y merenderos, la Municipalidad de Córdoba, en tanto (a través del registro de la Tarjeta Activa), sumó unos 1.880. Pero, la estimación que hacen las organizaciones sociales ya ronda los 2.300. 

La iniciativa sobre la Emergencia Alimentaria en Córdoba tuvo apoyo de la Vicaría de los Pobres y de la Pastoral Social del Arzobispado. Allí se realizaron varias reuniones de mediación con legisladores, pero las gestiones ante ministerios y el gobernador no dieron resultados.

A la situación, se sumó eliminación del programa nacional Volver al Trabajo y muchas mujeres que trabajan en los comedores, por ejemplo, perdieron ese ingreso. “Reconocimiento no es solo nombrarlas y el aplauso; tiene que haber una retribución monetaria”, plantea Giuliana y agrega que a eso se suma la falta de infraestructura: muchos espacios funcionan en casas de familia, con mesas y sillas de las personas que asisten, mobiliario que se gastan y no se reponen.

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“Somos una primera línea de trabajo en los barrios”, Dice Giuliana Olmos sobre el trabajo comunitario que realizan muchas mujeres en los barrios. Foto: ilustrativa, archivo NA.

Del bizcochuelo al pururú

La calidad de lo que se sirve cayó. También bajó el consumo de leche en los espacios. “De comer en la merienda bizcochuelo o producciones propias, hoy los chicos comen pururú para acompañar el mate cocido”, grafica Giuliana.

Los pocos insumos que llegan son, sobre todo, legumbres. Eso obligó a las cocineras a capacitarse para darles otro uso. Pero ni las legumbres escapan a la suba: según la Defensoría del Pueblo, harinas y legumbres fueron el rubro que más aumentó en el primer semestre de 2026, con 29,53%.

“Desde el Banco de Alimentos nos explicaron que las donaciones de empresas cayeron casi por completo y que la lista de espera es enorme”, dice Giuliana y agrega que para los espacios sociales de los barrios donde a veces las referentes sociales ponen su propia casa, acceder a un lote de alimentos, resulta costoso.

“En el Banco de Alimentos la comida no es gratuita, un lote supera los 150.000 pesos. Hay que contar además, con unos 70.000 de flete y el contenido es incierto. Llegan packs de gaseosas y agua que no nos sirven para una merienda”, describe la mujer y añade: “Ya no llegan blísteres de yogur, leche o flancitos, ni harina para producir. Una vez llegaron galletitas saladas picantes que no se les pueden dar a las criaturas”.

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Los comedores y merenderos están al límite: sin insumos accesibles ni reconocimiento económico para las trabajadores. Foto: archivo. 

Quién cuida a las que cuidan

Cuando la comida se termina, alguien tiene que decir que no hay más. Y esa persona es la que recibe el enojo: “La gente con hambre no se ponen a analizar si e problema es la macroeconomía; se enojan con la persona que tienen al frente”, cuenta Giuliana sobre las situaciones que también atraviesan las referentes sociales. 

“Tenemos muchas compañeras deprimidas, que se enferman, que cada dos por tres van al hospital”, relata. El estrés de no conseguir recursos para cocinar para las y los vecinos que necesitan, le pasa factura al cuerpo y la salud mental.

Giuliana cuenta que los comedores y merenderos son mucho más que una cocina. Los vecinos llegan primero a las referentes cuando necesitan un medicamento, llegan a la gente, incluso antes que la Policía o la ambulancia. Con las inundaciones, los pedidos de chapas, colchones y muebles también llegan primero a ellas. “Somos una primera línea de trabajo en los barrios”, resume y puntualiza, que en medio de la crisis, lo más urgente es que lleguen los insumos. 

“Llegando los insumos ya es una satisfacción grande, aunque se tenga que seguir peleando por el reconocimiento salarial”, sostiene. Hoy, para cada merienda o almuerzo hay horas de gestión para  conseguir los alimentos y “son un montón de cuestiones que nadie garantiza y se sienten como si a nadie le importara”.

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