Vulnerabilidad e indigencia: Córdoba, entre el hambre y la intemperie

La crisis económica y su peor costado: la exclusión de ciudadanos y ciudadanas. Sin armas para enfrentar los ajustes y el retiro del Estado, dependen de merenderos y hasta deben sobrevivir en la calle. 
06/07/2026 Luis Zanetti (*)

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Personas en situación de calle - Plaza San Martín
Personas en situación de calle en Plaza San Martín. Se trata de ciudadanos y ciudadanas arrastrados pernoctar en espacios públicos, galerías y cualquier alero de comercio que pueda guarecerlos. Se impone activar políticas públicas para devolverles la dignidad y no naturalizar semejante situación. Foto: Luis Zanetti.

“Desde que el gobierno nacional nos retiró los alimentos, tuvimos que reducir días. En este momento son 300 raciones las que damos de cena y 150 a 170 a la merienda”. Beatriz Silvera es de la Asamblea La Poderosa de Barrio Yapeyú, donde vive y milita. 

Nuestro encuentro fue en La Choza, un espacio cultural que la organización sostiene en ese barrio. Entre cocinas, ollas, vasos apilados y una heladera empapelada de calcomanías que hablan de resistencia, charlamos sobre el barrio, las condiciones cotidianas, su esfuerzo y el de otras mujeres por conseguir los alimentos para paliar el hambre de toda la gente que pueden. “Cada vez tenemos más, lo grave de todo esto es que nosotros vemos ahora muchos adultos mayores y niñeces”.

Andrea es personal directivo de una escuela primaria del noroeste de la ciudad de Córdoba, una zona con “población vulnerable”. Nos cuenta que en los dos últimos años se duplicó la cantidad de niñas y niños que asisten diariamente al comedor del Paicor (Programa de Asistencia Integral Córdoba), para un gran porcentaje, “es la única comida del día”.

En febrero de 2024, el dirigente Juan Grabois realizó una denuncia por la interrupción de la entrega de alimentos a los comedores populares por parte del Gobierno nacional. La ministra de Capital Humano, Sandra Pettovello, adujo que la retención de más de 5 mil toneladas de alimentos en los depósitos del Ministerio pretendía eliminar la intermediación de las organizaciones sociales en la distribución para quienes lo necesitaban. 

“Lo primero que hizo este gobierno fue atacar a los movimientos sociales, sacándonos los alimentos y después sacándonos el salario”, nos cuenta Beatriz refiriéndose a los planes Potenciar trabajo, Volver al trabajo y Acompañamiento social. Estos planes retribuían el trabajo de las mujeres que sostenían los espacios alimentarios. “Hoy nosotras estamos trabajando prácticamente 16 hs por día. Entre el espacio alimentario, las changas y lo que trabajamos en nuestras casas, porque cuando volvemos nos encontramos con el mismo derrotero, de no tener nada”.

A pesar de que muchos comedores y merenderos tuvieron que cerrar porque dejaron de recibir del Estado los alimentos y la ayuda económica para quienes lo sostenían, hay en Córdoba más de 2.300 espacios alimentarios que intentan paliar el hambre de más de 200 mil personas. A estas cifras hay que agregar las 320 mil raciones diarias que distribuye el Paicor en toda la provincia.

Beatriz Silvera - La Poderosa
Beatriz Silvera, de la Asamblea La Poderosa de barrio Yapeyú, al noreste de la ciudad de Córdoba. Foto: Luis Zanetti. 

La “Mesa de Emergencia Alimentaria”

En mayo de 2024, se creó la Mesa de Emergencia Alimentaria, integrada por la Facultad de Ciencias Sociales de la UNC, La Poderosa, el MTE, el Frente de Organizaciones en Lucha y otras organizaciones territoriales. 

“Y si, nosotros construimos una red con otras organizaciones cuando entendimos que la situación alimentaria era un tema que no daba para más”. Beatriz fue una de las impulsoras de la articulación. Su relato describe el impacto generalizado de la situación económica también en los sectores de clase media y cómo eso afectó el funcionamiento de los comedores populares. “Hemos construido redes de solidaridad con sindicatos, organizaciones civiles, con profes o gente de la universidad, que siempre han colaborado, pero hoy, esta gente que es de clase media también está atravesada por esta situación y entonces los recursos, las ayudas cada vez son menos”.

Las escuelas, a través del Paicor y los espacios alimentarios sostenidos por distintas organizaciones o por el esfuerzo de vecinas y vecinos, son hoy la única posibilidad de paliar el hambre para cientos de miles que en Córdoba no pueden valerse para hacer frente a una situación sin precedentes.

Las familias recurren a la escuela, para pedir leche, ropa, si se murió alguien para saber dónde se pueden hacer los entierros, para pedir atención en salud mental, o médicos, la escuela está todo el tiempo”, nos cuenta Andrea quien, junto a sus compañeras, batalla día a día con una realidad que no da tregua.

La fila para un plato de comida

En la cola de los comedores, se escuchan los relatos dramáticos de personas mayores que tienen que elegir entre comprar medicamentos o comida. El atraso de las jubilaciones mínimas y el constante incremento del costo de vida obliga a formas de supervivencia cada vez más inviables. “Cuando no tenemos posibilidad de hacer changas tenemos que salir a pedir prestado. A nuestras familias no, porque están iguales que nosotras, quienes no tienen acceso a una billetera virtual, terminan endeudadas con los narcos”, nos detalla Beatriz. 

El retiro del Estado, en sus diferentes formas de asistencia y protección de los sectores más vulnerables, abre las puertas para el ingreso del “narco”, que aprovecha esa situación de intemperie para captar “soldados”. “Lo que le pagan los narcos en una noche para vender, ese pibe no lo gana ni en un mes trabajando en otro lado”, sentencia la referente de La Poderosa.

“Hay familias que tienen muchos niños, no tienen con quien dejarlos o capaz no tienen trabajo y el trabajo te falta un mes o dos y al tercero o cuarto uno empieza a ver en colores y toma estas decisiones de vender”. Matías Racedo dicta talleres de rap y producción literaria para 5º y 6º grado en una escuela pública de una zona con población vulnerable. Él creció en el mismo barrio, conoce la realidad y desde ahí habla. En el taller aparecen las historias reales, las que vive cada niña o niño que participa, “y siempre se cuentan en forma graciosa ´uhh, ayer pasé hambre porque no comí´ o ´me levanté tarde y ya se habían comido todo´”

Horacio - vive en la calle
Horacio vive en la calle. El número de ciudadanos y ciudadanas arrastrados a semejante indignidad crece de la mano de la crisis económica y el desempleo. Foto: Luis Zanetti.

La droga frente al retiro del Estado

Para Matías, vinculado a la problemática del hambre está la cuestión del consumo. El pipazo es la droga de quienes nada tienen. El costo de la dosis es muy bajo y su efecto inmediato y breve. “Es una droga que les quita el hambre, mientras ellos estén consumiendo capaz que pasen cuatro días sin comer”.

“Sale entre $ 1.500 y $ 2.000 la dosis”, nos dice Mariana del Campo, Subsecretaria de Emergencia e Intervención Social de la Municipalidad de Córdoba, “y lo otro que no lo ve nadie porque es de venta libre es una botellita que trae un litro, que sale $ 1.500. Es como el fernuco viejo, es un querosén, los está matando”.

Matías Racedo - Tallerista de rap y creación literaria
Matías Racedo dicta talleres de rap y creación literaria en una barriada popular. Los chicos y chicas cuentan historias “y siempre se cuentan en forma graciosa ´uhh, ayer pasé hambre porque no comí´ o ´me levanté tarde y ya se habían comido todo´”. Foto: Luis Zanetti.

La situación extrema: vivir en la calle

La funcionaria municipal es vehemente y se entusiasma al contar los detalles del trabajo que llevan adelante. El esfuerzo de su equipo está puesto en acompañar a las personas que se encuentran en situación de calle.

“Del 2020 al 2025, hubo un incremento de 492 % de personas en situación de calle. Desde hace poco hemos encontrado familias en las calles”, señaló Mariana del Campo. Los datos surgen de la estadística que llevan con los casos que ingresan en los distintos programas que sostienen desde la subsecretaría. 

No obstante, hay muchos casos que no entran en la estadística. Son personas que no ingresan en los programas, porque no aceptan las condiciones que tienen que cumplir para hacerlo o porque no son detectadas por el radar del Estado.

Horacio vive en la calle hace seis años, “acá y en otros lugares”, aclara sentado en un umbral de la avenida General Paz, frente al edificio de Correo Argentino. Acepta charlar con nosotros, en su rostro duele la intemperie. Sus pertenencias son un tacho de pintura a modo de asiento, un cajón de plástico, una vieja frazada, un cartel que anuncia (por si hiciera falta) que está en situación de calle y un colchón que nos muestra donde lo pone para dormir resguardado del frío. Come lo que la gente le da, dice que nunca recibió ayuda de la Municipalidad y que le gustaría que lo lleven a dormir a algún lado más resguardado.

“Hace pocas semanas encontramos una señora 82 años, con su hijo de 62 años. -nos cuenta Mariana-. “En la terminal, dos noches hacía que estaban, nos avisan… ellos alquilaban un lugar, no pueden pagar más, alquilan otro lugar, inicia una demanda la inmobiliaria, los expulsan, quedan en la terminal, embargados sus sueldos y los alojamos nosotros”. 

“Ahí entramos en la discusión, ¿la persona en situación de calle es la que pernocta permanentemente en la vía pública o la que transita gran parte de su vida en la vía pública y en algunos casos duerme ahí y en otros casos no? Bueno, para nosotros los abordajes de ambos son legítimos, pero estas cuestiones, son situaciones que hace cinco años, seis años no se veían”, amplía Mariana.

Las personas en situación de calle padecen el hambre, la inseguridad y la violencia a la que la noche y la intemperie las expone. “No te das una idea lo que es estar en la calle y más para una mujer”, nos dice Mónica en la Plaza San Martín. Tiene 54 años y desde hace 3 vive en la calle. Come a veces la comida que distribuyen las iglesias y otras de los contenedores, donde también encuentra cosas que le sirven. Se levanta con el sol y espera que abran el Cabildo para ir al baño. “La gente de la calle sufre mucho” nos dice entre lágrimas. “Acá en la calle vive gente buena, nos levantamos a la mañana y barremos y limpiamos para que no nos echen”.

Iván es pastor de una iglesia evangélica, los martes cocinan en la plaza y distribuyen entre 50 y 100 raciones a las personas que ahí pernoctan y otras que se acercan a buscar la suya. “Venimos un grupo de personas, ponemos un poco de música y les damos un plato de comida”.  Y añade que esperan que terminen de distribuir la comida y mientras conversan con quienes nada tienen; comen arroz con pollo sentados en los bancos de la plaza.

El Arzobispado y la Municipalidad de Córdoba anunciaron hace algunas semanas la construcción de un refugio para personas en situación de calle. Su apertura está prevista para enero próximo y servirá para albergar, en una primera etapa, a 100 personas.

Un paliativo necesario, pero no suficiente para brindar una solución estructural al deterioro de las condiciones de vida que afecta a buena parte de la sociedad.

Termina la charla con Beatriz en Yapeyú y mientras nos vamos nos dice: “No espero nada de este gobierno (de Milei), lo único que espero de este gobierno es más crueldad y espero levantarme un día y sentir como que despertamos de la pesadilla y que esta gente se fue”.

(*) Periodista. Corresponsal en InfoSiberia. Ex director de ACNoticias y Radio Nacional Córdoba. 

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