
Se estrena “Spinoza, la herejía sin fin”: la filosofía sale a escena
Beatriz Molinari
Por qué Spinoza para una obra de teatro. Cultura en la Aldea habló con Cheté Cavagliatto y Andrés Malakkian sobre la actualidad de las ideas defendidas por el filósofo en 1656.
El punto de partida para abordar en el teatro un universo gigantesco, como el de Baruch Spinoza (1632-1677), es la escena en que lo echan a Baruch de la sinagoga y de la comunidad judía, no solo de Ámsterdam, sino, también, del mundo. Lo exilian de la comunidad. Ese es el punto que trata el tema de la intolerancia, tan actual.
Cheté venía pensando en el sistema de ideas de Spinoza. “En su Tratado teológico político (1670) escribe sobre su objetivo: liberar a todos del miedo para que puedan vivir en libertad. Spinoza defiende el derecho natural de vivir sin causar daño ni a sí mismo ni a los demás, y defiende el libre uso de la razón, exhorta a no participar en conflictos generados por el engaño o el odio. Esto me motivó para trabajar con Spinoza”, dice la directora.
El proyecto de la obra teatral nace del cruce con el filósofo Diego Tatián, autor junto a Jorge Eines de “El susurro del marrano”.
Todo a partir del trabajo de Tatián y Eines
- ¿De qué manera influyó el libro de Tatián y Eines?
Cheté: Conocía la filosofía de Spinoza pero no se me había ocurrido hacer una obra sobre él hasta que Diego me dio su libro. Eso nos dio la posibilidad de trabajar Spinoza en teatro. Me vino como anillo al dedo. Viendo los conflictos que estábamos viviendo en el mundo y en Argentina, lo que me trajo fue un disparador. Pensé ‘esto es lo que quiero decir’ y trabajar en el teatro. El libro original tiene muchísimas posibilidades para ser representado. Diego (Tatián) hizo una dramaturgia basada en las posibilidades de nuestra puesta en escena. De ahí surgió Spinoza. La herejía sin fin. Son todos textos de El susurro del marrano.
- ¿Qué podés decirnos de la puesta en escena?
- En este caso podemos comparar la obra a como trabajamos Divina Comedia de Dante o Lorca, poeta incorregible, que no son obras con una dramaturgia convencional. Prácticamente no hay conflicto. En esta se presentan los personajes y se arma la historia a partir del texto y una coreografía actoral. Por ejemplo, la intervención de espacio escénico propuesto por Santiago (Pérez), las luces de Franco (Muñoz) y la música de Raúl (Venturini) terminan de cerrar conceptualmente la puesta en escena.
- ¿Cómo hacer teatro en Córdoba hoy?
- Hacer teatro está plagado de dificultades, no solo por la ausencia de subsidios a la actividad, que nos posibilitaban trabajar con cierta tranquilidad, sino también, está la dificultad de la baja del poder adquisitivo, desde el punto de vista del espectador. Está cada vez más difícil sostener una sala y a los espectadores amantes del teatro les representa un esfuerzo muy grande permitirse disfrutar el arte y la cultura en general en estos momentos de crisis económica.
En la charla con Cheté Cavagliatto aparece la actualidad de las ideas de Spinoza que resuenan en 2026. “Lo tengo claro en una frase de Spinoza que es muy representativa: ‘La actividad más importante que un ser humano puede lograr es aprender para entender, porque entender es ser libre’, o sea, la libertad a través del conocimiento”, concluye.

Con el entusiasmo de Baruch
Andrés Malakkian representa a Baruch Spinoza. “Te va a hablar Cheté Cavagliatto”, le dijeron y fue una sorpresa. La directora lo había visto en Flúo, flúo, flúo. El actor comenta que recibió la propuesta alucinado, porque Spinoza era una cuenta pendiente y esta era la excusa perfecta para abordarlo.
“Conocía un poco de Spinoza a través de mi hermano que está terminando sus estudios en filosofía. Fue una de las primeras personalidades de las que me habló muy enamorado. Empecé a abordarlo para la obra”, dice Andrés que dialoga en escena con Hernán Sevilla (el Rabino Morteira) y Raúl Venturini (el músico).
- ¿Cómo es Baruch?
Malakkian: Es muy risueño, feliz. Hay cierta distensión en la forma de moverse, de abordar el mundo y hablar con las personas. Es muy enérgico.
- ¿Qué te pasa con el personaje?
- Me interpela un montón. Es algo con lo que me encuentro cuando hago la lectura del texto con el grupo. Además de ser alguien por quien sentí curiosidad, me encuentro con muchas cosas que él manifiesta en el texto de la obra. Me sucedió que sentí el placer de decir ciertas cosas y manifestar lo que él manifestó. Concuerdo con él. Rápidamente lo quise y qué hermoso es interpretar este personaje.
- ¿En qué cosas te sentís interpelado?
- Desde lo más existencialista, hasta las pequeñeces más íntimas y sutiles de la infancia con su hermana, y los recuerdos, hay una forma en general de ver las cosas de él que me gusta. Cada momento es muy bello. Parece un hombre manso pero no lo es. Dice que Dios es todo, uno es parte de Dios, la naturaleza de Dios es infinita y no hay nada fuera de ella. Hay muchas cosas que pusieron en jaque a la comunidad judía de su tiempo y obligó al rabino, que fue su maestro, a tomar la resolución de la excomunión. Eso en la obra se puede ver y hay testimonio de otras excomuniones a las que incluso el mismo Baruch asistió de niño. La excomunión mataba en vida, le quitaba al excomulgado la posibilidad de hablar con la comunidad, de todo vínculo o ayuda. Pese a lo que esto significaba, él se mantuvo firme en todas sus convicciones, y no es que no le haya pesado, pero, al mismo tiempo, él no iba a someterse. Arrepentirse implicaba cosas atroces, como tirarse en la entrada de la sinagoga y que la comunidad le pasara por encima insultándolo y escupiéndolo. Es lindo ver el momento en que vuelve a la sinagoga para argumentar su posición. Es un punto enorme de inflexión. O lo vemos filosofando con un señor que come frutas y dice que somos como el gusano que vive en la manzana. Vivimos en un mundo que creemos que es inmenso y no lo es.
- ¿Cuál es la resonancia actual?
- Viene justo en este momento de mi vida. Apoyándome en las cosas que descubro de él, reivindico una postura diferente en mi vida, a la hora de pensarme y pensarnos dentro de esta naturaleza que es Dios, si bien no soy practicante. Hay tanto que no conozco, tanto más grande que yo. Eso me lleva a un lugar de mucho respeto por los demás, por la vida en general, a un lugar de felicidad, a no necesitar mucho más, porque no somos tan importantes al fin y al cabo. Ha venido a reafirmar cosas que empezaba a pensar y a través de este personaje tan precioso las veo de manera más tranquila y sencilla.
- ¿Cómo definirías el teatro de Cheté?
- Ha sido un antes y un después. Cheté tiene su forma de crear, que para algunos es más clásica y difiere de otras formas de abordar el teatro. Me enamoró perdidamente la capacidad de abordar un texto sin necesidad de romperlo o cambiarlo. Las cosas están escritas de una manera por algo. Reivindica la musicalidad de los textos: la coma, la pausa, los matices. Me ha ayudado como nadie a laburar el texto y encontrarlo sin actuar. En la musicalidad del texto está todo. Es otra metodología, además de conocerla a ella y su experiencia, estar con ella en los ensayos e intercambiar cosas. Nunca había tenido esa experiencia.
Andrés Malakkian tiene 32 años. Egresado del Seminario Jolie Libois en 2023, empezó a hacer talleres a los 18 años. Pasó por la Licenciatura de teatro en la Facultad de Artes (UNC). Dejó de estudiar allí por la urgencia de actuar.
Actualmente se lo puede ver en las obras Calor y Matar es hermoso. Además, hace teatro para infancias (Caperucita, el lobo y la abuela feroz de Teatro Muttis) y cine. “Otro mundo increíble”, dice. Estrenó una película de género de terror y el año pasado ganó premio en Córdoba con Un susurro invocó mi nombre, con dirección de Emilia Cotella y John Mathis.

Ficha técnica
Spinoza, la herejía sin fin. Dirección: Cheté Cavagliatto. Texto original: El susurro del marrano, de Diego Tatián y Jorge Eines. Intérpretes: Relator, Marcelo Arbach. Baruch Spinoza, Andrés Malakkian. Rabino Morteira, Hernán Sevilla. El Músico, Raúl Venturini. Duración: 70 minutos. Edad recomendada: + 16 años. Funciones: 9, 15 y 16 de mayo a las 20 en la Sala Carlos Giménez del Teatro Real (San Jerónimo 66). Entradas en Autoentrada y boletería del teatro.
(*) Periodista cultural. Forma parte del equipo de Cultura en la Aldea.


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