Frente al salto inflacionario de marzo, ¿el Gobierno decidirá recalibrar su hoja de ruta?

Con subas de precios arriba de lo esperado se presenta una encrucijada entre el dogma del ajuste y el pragmatismo de las urnas. ¿Priorizarán la desinflación ajustando aún más la circulación de dinero, o por el contrario optarán por priorizar la actividad tolerando una mayor inflación a la prevista?
Economía19/04/2026 Facundo Piai

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La inflación de marzo (3,4%) tiró por tierra la proyección que el gobierno hacía de las subas de precio para este 2026. Probablemente el ruido que generó la última medición tenga que ver con la expectativa que el mismo gobierno alimentó en relación a una baja considerable de la inflación, consecuencia directa del agresivo ajuste que lleva adelante. De modo tal que solo en marzo la inflación se aproximó a la suba acumulada que el oficialismo preveía recién para diciembre. 

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RECALIBRAR. Milei y Caputo enfrentan un desafío luego de que la inflación marcara una suba no esperada por el Gobierno. Foto archivo NA

En línea con la exageración que lo caracteriza, la reacción no se hizo esperar desde el plano discursivo. Buscando despejar cualquier duda respecto a un posible cambio de rumbo por no cumplir los objetivos, el presidente afirmó que “la motosierra no para”. Asimismo, el ministro de Economía (quien hasta el momento también oficia de facto como vocero) señaló que “se vienen los mejores 18 meses de las últimas décadas”. 

Habida cuenta que parecieran dos frases contrarias las vertidas por la administración libertaria, es válido preguntarse qué pasará en los próximos meses. ¿Priorizarán la desinflación ajustando aún más la circulación de dinero, o por el contrario optarán por priorizar la actividad tolerando una mayor inflación a la prevista?

Lo que los datos dicen y el relato oculta

Para responder la pregunta, es esclarecedor observar la política económica que el gobierno está implementando en materia monetaria, fiscal y cambiaria. Es decir, más allá de lo que el presidente dice, hay que observar lo que hace. En ese sentido vemos que tras un año en donde el Banco Central decidió no comprar reservas y el presidente justificaba con enjundia la decisión, hoy la realidad es muy distinta. El BCRA lleva cuatro meses consecutivos comprando divisas para hacer frente a los vencimientos y recomponer las reservas internacionales.

Esta flexibilidad también se observa en el plano monetario, en donde se relajaron algunas de las medidas contractivas implementadas el año pasado. La baja de la tasa de interés respecto a los altos niveles del año pasado es un claro ejemplo de ello. De hecho, el Gobierno apuesta a que el crédito sea un motor de crecimiento en este año. En donde sí se advierte una continuidad es en el aspecto fiscal, con una política fiscal contractiva en aras de gastar menos de lo recaudado.

Lejos del caos, pero con una cosecha “mediocre”

Un ex director del Banco Central explicó en off a este medio que no espera grandes cambios en la política del gobierno. Si uno piensa que, porque los precios se dispararon en marzo y el presidente hizo declaraciones estridentes, entonces “habrá sobrerreacción”, “no lo veo así”, señaló.

Contrariamente, para este consultor no habrá grandes cambios. “Proyecto un escenario en donde el Banco Central seguirá comprando dólares al ritmo actual, con el Tesoro absorbiendo pesos. No habrá una reactivación de obra pública ni recomposición de salarios estatales, con lo cual continuará el ancla fiscal. El tipo de cambio no presionará sobre el techo de la banda, por lo que continuará el ancla cambiaria. En efecto, sin expansión de pesos, la inflación volverá a la franja del 2%”.

De cualquier manera, se espera para este año aumentos de precios similares a los del año pasado (30%). Asimismo, con precios subiendo más que el dólar el escenario no se presenta bueno para la actividad productiva. “Tipo de cambio bajo con baja productividad del trabajo, como tenemos ahora, no es un coctel positivo para la actividad y el empleo. Por lo que, si bien no vemos un escenario de caos, sí de mediocridad”.

Los cisnes negros: del financiamiento universitario a la sombra de Trump

Nadie espera grandes turbulencias en materia cambiaria, en el corto plazo. La buena cosecha del agro redundará en liquidaciones de magnitud que sumado al factor Vaca Muerta se espera una oferta importante de verdes. Un dato relevante, ya que dominar el valor del dólar es clave para gobernar Argentina. No obstante, conforme transcurra el periodo de liquidación de agrodólares es de esperar alguna tensión en el último trimestre del año, alentado también por la dolarización de carteras previo a un año electoral.

Si bien para los próximos meses prácticamente todas las consultoras coinciden en que el escenario no distará mucho del actual: en donde la inflación bajará un poco, la actividad podría moverse algo más y la caída del empleo tocará fondo, hay algunos factores que podrían generar otro escenario.

Por el lado fiscal, el superávit se achica producto de una caída de la recaudación, ahora el gobierno está obligado a aplicar la Ley de Financiamiento Universitario lo cual compromete sus metas fiscales. Si bien la estrategia oficialista es agotar las instancias legales para ahorrarse los recursos de las universidades, un fallo judicial adverso a la búsqueda del Gobierno generará un cimbronazo. Mientras que un fallo favorable podría calentar el clima social en contra del gobierno. 

Por el lado del dólar, si el tipo de cambio baja a la par que la inflación se mantiene en la franja de 3 por ciento, el agro podría no convalidarlo, liquidando, por tanto, menos agrodólares de los esperados. Por eso, para evitar este eventual flanco de presión es clave el financiamiento que busca conseguir el ministro Caputo de los organismos multilaterales de crédito. Cuanto más consiga, menos sujeto estará a otorgar más tipo de cambio para que liquiden o hacerle al agro concesiones fiscales.

Por último, el último factor que podría impactar negativamente para el gobierno en el cierre del año viene de su principal aliado internacional. Un mal desempeño de Trump en la elección de medio término dejaría mal parado al oficialismo de cara a un año electoral.

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