“La gente puso mi discapacidad en segundo plano y esa fue mi medalla”

Juan Maggi contrajo poliomielitis cuando tenía sólo un año de vida y perdió la movilidad de sus piernas y a los 37 años sufrió un infarto. Sin embargo, como una forma de superarse, subió la cordillera del Himalaya en una bicicleta para brazos y cruzó la Cordillera de Los Andes a caballo.
Deportes 22/01/2018 Juan Pablo Casas

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La superación es un elemento cotidiano en la vida de todo ser humano. Juan Maggi hace honor a eso y entrena todos los días haciendo equitación y bicicleta, desde que sufrió un infarto cuando tenía 37 años. El cordobés contrajo poliomielitis al año de vida y perdió la movilidad de sus piernas. Pero no considera la discapacidad como un impedimento para realizar actividades físicas y no se define como un ejemplo.
Juan subió al Himalaya en una bicicleta para brazos y cruzó la Cordillera de Los Andes a caballo y aunque no tiene pensado su próximo desafío, entiende que nuevas metas y objetivos pueden aparecer en cualquier momento.
 
- ¿Te gusta o aceptás el término “ejemplo” cuando hablan de vos?
- En realidad, lo más importante que tengo es que hago todos los días lo que me gusta. Después si a alguien le sirve mi historia para hacer o para no lo que hago yo, bienvenido sea. No busco ser un ejemplo con lo que hago.
 
- ¿Cómo fue la preparación para los desafíos que tuviste?
- Me preguntan siempre cuánto me llevó el entrenamiento del cruce a Los Andes, del Himalaya o cualquiera de las competencias de alto rendimiento que he realizado últimamente, y yo les digo que vengo desde hace quince años en un estado de entrenamiento continuo. Siempre puedo afinar o ajustar de acuerdo a qué tipo de disciplina vaya a hacer, pero en realidad tengo una rutina de entrenamiento, de descanso y de alimentación diaria.
 
- ¿Cómo es esa rutina?
- Es un poco complejo, porque desde el punto de vista alimenticio he estudiado mucho mi cuerpo. Hoy a los 55 años puedo hacer las actividades que realizo, gracias a que soy muy cuidadoso, he hecho muchos análisis. Hay un estudio que se realiza en Estados Unidos, ahora se hace en Argentina, y consiste en analizar la compatibilidad con 250 alimentos, entonces vos comes lo que a tu cuerpo le lleva menos tiempo metabolizar. Soy muy prolijo en mis comidas, en mis colaciones y también en el entrenamiento físico, ya sea arriba del caballo o no a caballo, la bicicleta  siempre está presente en una semana mía.
 
- ¿A la bici, cuánto tiempo le dedicas?
- Realizo tres entrenamientos con bici por semana. El caso del desafío del Himalaya  fue algo particular, ya que hice 2500 kilómetros en 109 días, con cuatro o cinco horas por día.
 
- ¿Y para el cruce de Los Andes?
- Practicaba equitación acá, practicaba salto, lo cual me daba mucha confianza arriba del caballo y después realizaba el entrenamiento propio en las Sierras de Córdoba, que son muy aptas para después simular lo que hacés en la Cordillera. Es hasta más complejo, porque los desniveles en la Cordillera son largas cabalgatas en donde luchas contra el clima fundamentalmente, pero en cuanto a pendientes, son mucho más suaves que las que encontrás en las Sierras de Córdoba.
 
- Cómo se van planteando esos objetivos que te propones?
- Se van dando. Yo creo mucho que en la vida no hay casualidades sino sincronicidades. Si vos me preguntabas cuando empecé a hacer deporte si mi meta era el Himalaya, mi respuesta es no. Siempre voy meta a meta y se van dando. Yo durante muchos años estuve preso de mi cuerpo, a los 37 años tuve el infarto, después de eso corrí por primera vez la Maratón de Nueva York y me empecé a decir si hice esto, por qué no hago esto otro o aquello otro… Cada cosa que hallo me lleva a plantearme otra.
 
- ¿El infarto fue el punto de cambio en tu vida?
- Durante mucho tiempo, incluso ahora en menor medida, se piensa que la persona con discapacidad es una persona enferma. Yo trabajo mucho para cambiar ese concepto. El infarto me hizo ver que vos podés tener un cuerpo sano o un cuerpo enfermo, eso es una decisión tuya. Antes me había creído este modelo de que la persona con discapacidad no puede hacer deporte, de acotar mis días a entornos muy reducidos. Y ese fue el gran cambio que tuve entre un cuerpo y otro.
 
- Te llevó a replantearte un montón de cosas…
- Yo digo que es el infarto que me salvó la vida. A la polio me la ligué de arriba, pero te puedo decir todo lo que hay que hacer para infartarte desde el principio al final. He empezado a darle tanto valor a mi cuerpo que me ha permitido concretar metas muy importantes.
 
- ¿Y ahora?
- Ahora a disfrutar. Creo que lo más importante que ha pasado hasta ahora es que la gente ha puesto mi discapacidad en un segundo plano y esa fue mi verdadera medalla. Puedo decir que después de muchos años y de trabajo pude poner a mi discapacidad en un segundo lugar y que la sociedad me defina por lo que soy. Lo que trato de hacer es replicar eso en muchas otras personas con discapacidades.
 
- ¿La familia acompaña?
- Me acompaña, obviamente que con los temores que generan estos tipos de desafíos. A Los Andes fui con mi hijo más grande, así que fue una experiencia muy buena. Se asustan muchas veces pero acompañan.

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