Fogliacco: “Existe un afuera, un mundo donde hay que desenvolverse en vivo”

Con la salida de la novela “Miluska”, Martín Fogliacco muestra un nuevo perfil como narrador. Un viaje de dos hermanos que atraviesan lugares fascinantes de Latinoamérica en los que se cruzan con diversos personajes y viven situaciones de tanta belleza como de profunda violencia. Una novela “De bolsillo” ideal para encarar una buena lectura para estas vacaciones.

Cultura 01/12/2023 Mauricio Micheloud
MArtin Fogliacco

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Especial para La Nueva Mañana

¿Cuál fue la motivación para escribir esta novela?

Lo principal es que tenía muchas ganas de compartir un relato de viajes con dos tipos de personas imaginarias. Por un lado, ese grupo de jóvenes tan aferrado hoy a lo virtual, tan lejos, por ahí, de lo que significa comer en la calle, hacer dedo, pasar una noche en una terminal y sentir frío lejos de casa. Por eso la escribí en primera persona, como una vivencia. Algo que te puede tocar. Lejos de ese mundo tan cuidado que de pronto nos proponen hoy. Hay un afuera. Eso es lo que quiero decir. Está ahí. Apenas salís a buscarlo.

En esta época de burbujas, de logaritmos y todas estas libertades que al final encorsetan, el mundo está ahí nomás, en un puesto de panchos. En una chola que vende verduras. De pronto aparece un mundo donde hay que regatear y no se puede pagar con tarjeta. La viveza no es encontrar una oferta que te apareció porque el mismo vendedor hizo la publicidad, sino que hay un mundo donde hay que desenvolverse en vivo. Con un otro que te está interpelando ahí en vivo. Eso pasa permanentemente en Miluska. Los personajes duermen y son cartera. Eso me encanta.

“Todos los años son años perdidos o ganados”

El otro tipo de personas imaginarias para las que quise escribir Miluska es ese grupo de gente ya mayor que siempre tuvo miedo. Hay personas que piensan que dedicarse un año a viajar como vagabundo es perder un año. Y yo no estoy seguro de que sea así. Todos los años son años perdidos o años ganados, depende de cómo se los cuente. El tiempo se acaba. En la presentación que hicimos en La Librería traté de transmitir eso, les dije a quienes estaban ahí, que traten de disfrutar de las cosas ahora, porque nunca sabemos cuándo se van a terminar. Eso también está en Miluska.


Dónde se puede conseguir el libro

Por ahora en La Librería, que está en Lavalleja 29, en lo de Pyton, Paseo de las Artes, en las redes sociales de @dibujosenelpiso y de a poquito ya empezó a dar vueltas y me llegaron mensajes de Santa Fe, de Tucumán y de una localidad hermosa que se llama Pichanal, al este de Salta.  


¿Qué tanto te dejás influenciar por lo biográfico para narrar esta historia?

Es una pregunta difícil. Sobre todo para alguien como yo, a quien no le sobra el talento y tiene que recurrir indefectiblemente a lo biográfico para escribir. Sí, hay influencia de lo biográfico, pero no es una novela biográfica. Creo que prioricé la historia por sobre mí. La trabajé mucho. La leyó mucha gente antes de que salga, hice muchas modificaciones. Se fue convirtiendo con el tiempo. Dejó de ser un relato propio para darle vuelo a los personajes, que tuvieran una vida propia. Al final pude hacer un trabajo literario. Fusionar los personajes, los paisajes y la historia. Pude trabajar el ritmo y la armonía del relato. Creo que, así como no hay pilcha que no se parezca al dueño, Miluska tiene pinceladas biográficas, pero una cosa es la pilcha y otra cosa soy yo.

¿Hay lecturas previas en las que te apoyaste para crear esta especie de diario de viaje narrativo?

Sí. Sin lugar a duda. Leí cien libros para escribir uno. Ja. La verdad es que lo escribí tantas veces que algunas versiones se apoyan en algunos libros y otras en otros. Por contarte un ejemplo. En un momento leí Querido Nicolás de Pablo Pérez y me rompió la cabeza. Agarré todo lo que había escrito hasta el momento para Miluska y lo hice en formato epistolar, que era el género de ese libro. Después un amigo me dijo que había quedado muy poco creíble el formato y lo borré de cuajo simplemente apretando una tecla. Trescientas cincuenta páginas eliminadas con un shift+suprimir.

Ahora. Si hay un libro que acabó siendo la guía, por decirlo de alguna forma, es Nunca llegamos a la India, de Juan Sklar. Veníamos corrigiendo Miluska con Waldo Cebrero hacía como cuatro meses y en un momento me dice: ¿leíste Nunca llegamos a la India? No lo había leído, pero lo hice. Me gustó el ritmo. Los puntos y seguido. Eso me dio una sensación de velocidad que Miluska no tenía hasta ese momento. Probé. Me gustó. Se lo mostré a Waldo. Quedó.

La relación entre hermanos es la que mueve la historia, pero el relato introspectivo se mete con fuerza. ¿Para vos cuál pesa más y por qué?

El hermano es parte del relato introspectivo. El personaje no es sin el hermano. Porque hay una relación que es padre-hijo también. De alguna manera el hermano es el super-yo del personaje. Se combinan todo el tiempo porque la relación con el hermano perfectamente podría ser una relación consigo mismo. Con sus propias dudas, sus propias inseguridades. Esto es muy importante a lo largo de la historia. ¿Cómo decirlo? Más importante que el hermano es la relación con el hermano. Miluska habla más de ese vínculo que de ellos. Todo el tiempo están entremezclados. Lo introspectivo y lo relacional es, en Miluska, aunque si seguís la novela también podríamos decir “en la vida”, son prácticamente lo mismo. O al menos se retroalimentan muy íntimamente.

Recorrer el tiempo narrativo de un viaje también es recorrer por un breve momento el encuentro con otros. Personajes como Don Tomás o María Elena, entre otros, se convierten en un vínculo emotivo con el lugar. A su vez desarrollás otros personajes más oscuros que se relacionan más con roles castrenses. ¿Buscás de esta manera narrar esta compleja realidad de lo que es Latinoamérica a través de la gente que la habita?

Sí, después de haber andado por tantos lugares creo que nada sintetiza a Latinoamérica como el ritmo de la Salsa, como dice Izzi Sanabria. Sabor y condimento. Percusiones africanas que se mezclaron con los ritmos originarios del caribe con instrumentos como el güiro, por ejemplo, y también con lo europeo; las 88 teclas del piano. Eso somos. Lo que podemos. Somos el pueblo más emergente del mundo. No podemos ser una cosa ‘o’ la otra. Somos una cosa ‘y’ la otra. Don Tomás es un chamán que nunca se nombra así. María Elena es una mujer que cuando pierde todo, lo único que lamenta es a su hijo, a quien años después seguía esperando. ¿Qué diferencia hay con otras esperas de otros países del continente? Nos recorre una fibra que a veces emerge y a veces se esconde por un tiempo, pero que siempre está. Eso me parece que son los personajes de Miluska, todos ellos: la esperanza y la lucha para empujar esa esperanza.

  

Edición Impresa Nro.: 339

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