Le dieron soda cáustica hace 23 años y nunca fue indemnizada

Córdoba 08/09/2020
Ocurrió en 1997, en el restaurante La Parentela. Marcela Apanian denuncia que el dueño del local incumplió las tareas comunitarias y la inhabilitación comercial impuestas.
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Marcela Apanian sufrió heridas de extrema gravedad en su boca, laringe y en su aparato digestivo. - Foto: gentileza.

La noche del 27 de noviembre de 1997, Marcela Apanian tenía 31 años y cenaba en el restaurante La Parentela con sus amigas, del centro de la ciudad de Córdoba, cuando su vida cambió trágicamente para siempre.

En el restaurante, ubicado en Pueyrredón casi esquina La Cañada, en lugar de una gaseosa le sirvieron soda cáustica lo que le provocó daños en su boca, laringe y en su aparato digestivo fueron de extrema gravedad.

A casi 23 años de aquel día, la mujer denuncia que todavía no recibió la indemnización correspondiente y que el dueño del local, nunca cumplió las tareas comunitarias y la inhabilitación comercial que le impuso la Justica.

"Lamentablemente me tocó a mí, le podría haber tocado a cualquiera de las familias que estaban ahí, con muchos niños. Una criatura no hubiera sobrevivido porque la soda caústica llega a los intestinos y es cuestión de horas", contó en el programa Total es sábado. La mujer recordó que en ese momento pensó que se moría, y que a pesar de tomar muy poco del vaso, sintió que se quemaba la boca y la garganta. Luego vomitó en el baño, lo que de alguna manera evito que los daños fueran aún mayores.

A Juan de Dios Castro (propietario del restaurante), le dieron tres años de cumplimiento de tareas comunitarias, y dos años de inhabilitación para ejercer actividad comercial. Y no cumplió en ninguno de  alos casos. Para las tareas comunitarias iba al Hospital Córdoba, donde yo trabaja, y lo veía que sólo se cruzaba a tomar café”, apuntó.

Marcela tuvo dos cirugías donde le reemplazaron el esófago con parte del intestino. "La comida debe pasar diluida, tengo que masticar mucho. Fue aprender a comer de vuelta. Demoraba casi dos horas y media para algo muy chiquito", detalló. La mujer sufrió además ataques de pánico, y al haber cambiado su aparato digestivo, debe comer cada dos horas, no puede hablar mientras come, y debe estar quieta. "Y lo que más dolor me causó, fue declinar mi deseo de ser madre".



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