País13/05/2018

Tras la crecida del Pilcomayo, unos 4.500 pobladores no pueden volver a sus hogares

Los evacuados, en su mayoría aborígenes, solicitan "ayuda para retomar sus vidas", ya que todas sus pertenencias quedaron tapadas por el barro.
Todas las pertenencias de los pobladores quedaron sepultadas bajo los sedimentos, luego de la crecida. Foto: Telam

Más de 4.500 pobladores, en su mayoría de comunidades aborígenes del oeste formoseño que habían sido evacuados por las inundaciones que ocasionó la crecida del río Pilcomayo, pidieron "ayuda para retomar sus vidas", ya que si bien el agua bajó "ahora las casas, escuelas y caminos están tapados por toneladas de barro", aseguraron.

Según registros oficiales, ese cauce de agua tuvo su "crecida histórica" en febrero, y desde entonces las familias no pueden regresar a sus hogares.

Una de las comunidades más afectadas es El Churcal, ubicada en el departamento de Bermejo, a unos 550 kilómetros de la capital, donde hasta el cementerio quedó "bajo tierra".

"Es desesperante nuestra situación. El sedimento hizo desaparecer el cementerio, el centro de salud, la escuela, el templo evangélico y las viviendas, todo está con barro hasta la mitad", detalló a Télam uno de los pobladores de la zona.

En tanto, desde el Gobierno provincial afirmaron que "los equipos de trabajo continúan en las áreas afectadas y se evalúan lugares altos para reubicar a los evacuados".

"Se perdieron en forma definitiva más de una docena de infraestructuras equipadas, sobre todo escuelas y centros de salud, unos 40 kilómetros de redes eléctricas y unas 300 viviendas", puntualizaron.

Por su parte los vecinos señalaron que a pesar de estar recibiendo asistencia en los campamentos y centros de evacuados, "no tienen ayuda suficiente".

"El rescate de nuestros bienes y el retorno a casa lo hacemos por cuenta propia, y además está el tema del agua potable. Esperemos el tiempo nos acompañe y poder empezar nuestras vidas de nuevo", se esperanzó uno de los afectados.

Por su parte el ministro de Planificación, Daniel Malich, graficó que "las graves secuelas que dejó esa crecida extraordinaria es justamente el depósito de toneladas de sedimento en la región, ya que las riadas van perdiendo velocidad".

"A la misma altura que el agua ingresada anegó a poblaciones, ahora se ve el sedimento de un metro o metro y medio sepultando las casas que se construyeron para esas comunidades originarias, que también tapó templos, edificios públicos como escuelas y centros de salud", describió.

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