Lucrecia Martel, doctora Honoris Causa: “La idea de arte empezó a arruinar todo”
Por Beatriz Molinari. Producción: Bahía de Palma y Lourdes Catalfamo.
Lucrecia Martel vino a Córdoba para recibir la distinción del Doctorado Honoris Causa que otorga la Universidad Nacional de Córdoba y presentar en el Festival de Cine de Alta Gracia su última película, el documental Nuestra tierra. La directora de películas notables como La ciénaga (2001), La niña santa (2004) o Zama (2017), se multiplicó según el auditorio y su interlocutor. Podría decirse que hay tantas Lucrecias como interlocutores y espacios de conversación.
Además, desde hace tiempo se la ve, por insistencia mecánica del algoritmo, en los reels de Instagram. La gente la cita y sus palabras aparecen como tablas de salvación en medio del desconcierto general. Mientras tanto, ella prefiere hablar de trabajo y no de arte, ausculta el humor de este tiempo violento para pensar conversaciones que se demoran o nunca llegan entre los ‘anti’. Su presencia y reflexiones son inspiradoras a pesar de ella misma, de los silencios y la incomodidad de sentirse repetida y visitada sin descanso en las redes sociales.
- ¿Qué significa para vos recibir el Doctorado Honoris Causa?
- Primero, sentirme parte de una institución que me parece valiosísima, mejorable, transformable, lo que quieras, pero valiosísima para la sociedad. Una institución de donde creo que pueden salir innovaciones, nuevas ideas, transformaciones políticas, en fin. Así que sentirme parte de eso me da mucha felicidad. Después, aceptar algo que no es un reconocimiento a una tesis o a una cosa de carácter intelectual, sino, una cosa afectiva, una demostración de afecto de la universidad hacia mí. A quién no le puede gustar, y venir a Córdoba.
- “Nuestra tierra” es tu primer documental. Argentina tiene una larga tradición de documentalistas prestigiosos en esta profesión diría ‘de peligro’. ¿Cuáles son tus referentes y cómo llegás al género?
- En realidad, llegué a la situación de Javier Chocobar asesinado a través de un video de noticieros que circuló. A partir de ahí empecé a investigar el caso, y, también, a investigar cuál era el mejor lenguaje para hacer eso. Pero te digo con total sinceridad, no soy una gran veedora de películas. Me pasa que muchas veces si algún amigo me dice, mirá esto para tal cosa, fíjate cómo resolvieron acá, lo hago. Pero yo me doy cuenta que lo que más tiempo me lleva y mejor resultado me da es investigar, pensar y probar. Y entonces, en ese tiempo, se me reduce mucho el tiempo de mirar otras cosas. Pero cuando viene alguien y me recomienda, lo hago.
"Nuestra tierra" tiene como eje el juicio oral y público por el asesinato del líder indígena Javier Chocobar de la comunidad Chuschagasta (Tucumán, Argentina). Chocobar fue asesinado el 12 de octubre de 2009 en el marco de una disputa territorial. El crimen, ocurrido durante un intento de desalojo por parte del empleado público Darío Amín y dos policías retirados, fue grabado en video.
- ¿Encontraste el género documental ni bien apareció el tema, el caso?
- No, no. Ese lenguaje me costó un montón. Me costó mucho llegar al lenguaje que usamos para contar la película, llegar a eso. Nos costó a un montón de gente (cinco personas trabajando firmemente). Porque este tema no es un tema que sea desconocido, que lo venís a contar, una cosa que nadie sabe, que entonces casi podés ser descriptiva y ya es suficiente. Esto lo sabemos todos y no nos importa. Entonces, ahí es cuando se vuelve más difícil. Cómo encontrar un lenguaje para una cosa que ya sabés y ya generaste anticuerpo, sos indiferente a eso.
El tiempo de una producción o cómo sortear la ansiedad
- Con respecto al modo de producir, tus producciones son de largo aliento. En este caso, particularmente, ¿cómo hacés para que no te lleve por delante la urgencia de la industria?
- Me rodeo de buena gente. Te apoyás en otros. Cuando uno flaquea, el otro está más pilas y así.
- Fueron muchos años de producción de “Nuestra tierra”...
- Catorce en total. No ocho horas todos los días, cada año, pero fueron catorce, donde ininterrumpidamente tuve este tema en la cabeza, incluso mientras hacía Zama.
- ¿Cuáles fueron los obstáculos? ¿Por qué catorce años?
- Porque es difícil investigar, porque el estado de los archivos en nuestro país es lamentable, los documentos están mal catalogados o pobremente catalogados. Porque tenés que desandar un montón de prejuicios sobre un montón de temas. Hacer que la gente confíe y yo confiar en la gente y entender cómo preguntar. Que el otro entienda que puede responder sin miedo lleva mucho tiempo.
- ¿Hubo obstáculos del poder político, económico, institucional?
- Económico, siempre. Creo que es difícil encontrar plata, pero otro obstáculo, no.
- ¿Ni cuando estuviste en el territorio?
- No, no, nunca. Salvo un día que los habían soltado a los tipos estos, pero fue una noche nomás. No hubo ninguna situación de amenaza.
- ¿Te costó construir la mirada para ser interlocutora de la comunidad indígena?
- Y sí, es como le pasa a cualquiera. Imaginate que caigan unos vecinos a hablar de cosas muy íntimas tuyas, gente que no conocés y que no entiende cómo es el trabajo en el campo. No confiás.
- ¿La comunidad comprendió qué ibas a hacer?
- No. Aparte, ¿cómo iba a explicar yo una cosa que no sabía cómo iba a hacerla? A distintos tiempos, a distintos pasos, estos comuneros fueron de una cosa a otra, y ese proceso continúa.
- “Nuestra tierra” ha tenido repercusión y la estás acompañando. ¿Qué crees que es lo que más pega de la película?
- Pienso que acertamos en el lenguaje, que el lenguaje, no digo que podría ser mejor, seguro que podría ser mejor, pero que el lenguaje que elegimos está bien para contar esto, que mucha gente pudo vincularse emocionalmente con una cosa que, la mayor parte del tiempo, cuando la ves en las noticias, te resulta distante. O tratás de olvidarlo. Creo eso, que acertamos con el lenguaje, y también creo que yo comprendí que ya no se puede hacer circular una película sin involucrarse. En otra época, por ahí, era un poco más fácil.
"Nunca hice arte"
- ¿Es posible hacer arte sin involucrarse?
- Yo nunca hice arte. Trabajo con imágenes y sonido. Para mí el arte es una, te diría, una desviación. La idea de arte casi que empezó a arruinar todo. Porque vos, cuando vas a un lugar y hay alguien al que le gusta la parte de narrar, es el de la comunidad que narra, o el que trabaja con eso. Yo creo que la idea de artista arruinó muchísimo al cine, a la pintura, a la literatura. Es mejor no pensar así.
- No pensar en el arte, hacer.
- Es mejor hacer el trabajo de uno lo más seriamente posible, y después que sea lo que dios quiera.
- Hay un gran tema que atraviesa la película, que es el colonialismo. En el telón de fondo de la actualidad nos preocupa la ley de extranjerización de la tierra.
- Se sacó de la ley una parte que era muy peligrosa, pero quedó otra peligrosísima. Hay que sacar esa parte que fundamentalmente pone en peligro a las comunidades y a la gente que está en situación más precaria respecto al territorio. O sea, a esta ley, que no aporta absolutamente nada interesante a nuestra cultura, hay que volarla entera.
- Falta mucha conciencia, no solo en nuestros representantes en el Congreso.
- La gente que primero va a padecer esta ley no es la clase media. En lo inmediato la van a padecer las comunidades. En el corto y mediano plazo la va a padecer la clase media. Quiero ver ahí, entonces, a la clase media, cómo se va a arrepentir de esto. Van a desalojar a los que no pudieron seguir pagando el alquiler, a los que se atrasan. Te atrasaste diez, quince días y te sacan de la casa. En un país donde siete de cada diez familias están endeudadas, en un 45 % de sus haberes. Es obvio que toda la clase media, medio alta, va a estar en peligro.
- En los últimos tiempos, te vemos en las redes, hay muchos recortes en los que hablás y das tus puntos de vista. ¿Estás de alguna manera respondiendo a una demanda, sobre todo de los más jóvenes?
- Sí, pero la demanda esa la sentí en las cosas que yo hago en mi vida privada, en charlas y presentando las películas. Lo que pasa, que yo no sabía porque no estoy en las redes, el nivel de recortes y de proliferación que hay de cosas que a veces las hice hace quince años y vuelven. Un montón de cosas que parecen de ahora y hay algunas que son viejísimas. Indudablemente ahora hay una forma de circulación de la información que hace que uno haga cinco entrevistas en Buenos Aires y estén años en las redes.
- ¿Los jóvenes qué te demandan?
- Yo pienso que hay un estado de angustia que en los jóvenes es mayor porque es mucho más difícil sentirte vital físicamente y no ver para dónde ir. Siento que hay un estado de incertidumbre, de angustia, y los jóvenes van escuchando las cosas que se dicen y las hacen girar, porque a veces encontrarán que algo les puede servir, no sé. Yo intento colaborar, no en la melancolía ni en la resistencia, sino en que activen y lo intenten.
- Se habla mucho de la batalla cultural. ¿Cuál es la batalla que tiene que librar el cine, tanto en Argentina como en el mundo?
- Primero que nada, no lo tenemos que pensar como batalla. Creo que la cultura es para encontrarse, para entenderse, no para pelear. Tampoco es la resistencia. Lo que nos va a permitir sobrevivir y transformar el mundo en una dirección que nos guste más no es la idea de batalla, de imponerse sobre otros, sino inventar cosas que sean tan satisfactorias para tanta gente, que naturalmente se entusiasmen con eso. Y después tratar de que conviva la diversidad. No es imponerse sobre los antiderechos, como le llaman, o los anti-LGTB. No es imponerse sobre ellos y aplastarlos, es que puedan entender que hay gente que no piensa como ellos, que no cree en lo mismo que ellos, que vamos a poder convivir. Es posible que encontremos una forma. El problema de las ideas, para mí, es ¿cómo saber cuándo una idea es mala? Es que a veces es difícil decir, saber, que una idea es mala. Una idea es mala cuando quiere ser la única. No importa si esa idea es hacer un omelette de huevos, que pretende ser el único alimento, o que no exista el mundo LGTB, sin siquiera ver el contenido de la idea. Simplemente la pretensión de ser única ya es mala.
- Políticamente, ¿cómo se recupera esta tierra que parece arrasada en términos de derechos?
- Lo que tenemos que entender es que acá no nació un hongo de la nada, no apareció esto de la nada. La degradación del sistema político tiene muchos años, décadas, y la degradación del sistema económico tiene muchísimas décadas. Lo primero es no creer que hay unos que son buenísimos y otros que son malísimos. Acá hay que revisar cómo hacer para que la función pública no sea un lugar de imposición, de homogeneidad hacia toda la población, que no sea la única forma de ascender socialmente y tener dinero. Que no se crea que hay que juntar plata para la política, porque eso también es robar, porque tenés que confiar en la gente que te apoyó cuando llegaste al gobierno. Para mí es una ingenuidad eso. No creo que el modo sea que los funcionarios acepten y recojan de aquí y allá y recauden para el uso político. Me parece que es una idea estúpida que podía sonarle a alguien que funciona y no funciona. El mundo que se está armando es de concentración de capital, y en ese mundo no entra nadie, no entramos nosotros, seguro. Entonces, ¿te parece bien seguir sumiso a un modelo planetario que te deja afuera? Yo no creo en la batalla.
- ¿Qué es lo próximo que vas a filmar?
- Estoy escribiendo una película de ciencia ficción, para este momento.
- ¿Es la primera película de ciencia ficción que hacés?
- Creo que sí.
Doctorado Honoris causa para Lucrecia Martel
El viernes 14 de agosto, la Casa de Trejo distinguió a la cineasta con el título de doctora Honoris Causa. La Universidad Nacional de Córdoba fundamentó la distincion asi: "La filmografía de Martel articula una mirada situada en el país con proyección internacional. Su obra aborda desigualdades, relaciones de poder, memoria y distintas problemáticas sociales y ambientales".
La distinción fue propuesta por las facultades de Artes, Ciencias Sociales y Filosofía y Humanidades y aprobada por unanimidad por el Consejo Superior.
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