Cultura Por: Beatriz Molinari04/08/2026

“Retazos de la memoria”: la naturaleza habla desde el corazón de la selva

El director Juan Pablo Tobal conversó con Cultura en la Aldea, a propósito de la presentación de su película, “Retazos de la memoria”, un relato en la Amazonia Colombiana.
Retazos de la memoria, la película dirigida por el cordobés Juan Pablo Tobal, se proyecta el 6 y 7 de agosto, a las 19, en el Cine Arte Córdoba, 27 de abril 275. Foto: gentileza Nora Luna. 

Retazos de la memoria, de Juan Pablo Tobal, es una película bellamente filmada, que crea un ambiente emocional. Mientras la embarcación surca el río, el espectador, si se deja llevar, experimenta la paz que acompaña cada sonido y los rostros de la comunidad que abre sus casas para la cámara.

El director la filmó luego de un proceso largo de formación en Colombia, y la búsqueda de un mega relato del que sus documentales son registros, fogonazos, una invitación a comprender a las comunidades de la Amazonia. 

Su viaje interior se refleja en las aguas del río rodeado de la selva, tan bella que quita el aliento. 

El documental integra, conceptualmente, una serie de películas documentales que fueron concebidas a partir de un proceso extenso iniciado por el director tras recibir una beca (2010) de Ibermedia para estudios de posgrado en Cali, Colombia. Allí se vincula con comunidades indígenas y la problemática de las lenguas amenazadas. Su primer acercamiento fue a través de la investigación sobre la desaparición de lenguas originarias, específicamente con el caso de Sixto Muñoz, último hablante de la lengua tinigua, víctima de una masacre y del conflicto armado colombiano. Este trabajo inicial derivó en el documental La última palabra (2016), enfrentando obstáculos como la intervención de grupos armados y militares, lo que profundizó su compromiso con la preservación y difusión de las lenguas y culturas indígenas.

Tobal realizó la serie Guardianes de la lengua (2021, Canal Encuentro), centrada en los últimos hablantes de lenguas originarias en Latinoamérica, con episodios en Colombia, incluyendo uno sobre Sixto Muñoz y otro sobre la comunidad Matapí. En este contexto, conoce a Jeisson Castillo, artista visual e investigador, quien se convierte en colaborador clave por su profundo vínculo con las comunidades y su trabajo pedagógico y artístico en la región.

Juan Pablo Tobal conversó con Cultura en la Aldea, a propósito de la presentación de Retazos de la memoria. Los antecedentes, las condiciones y circunstancias del rodaje son tan interesantes como la película en sí misma. Llegar a la Amazonia colombiana, a una comunidad dentro del Parque Nacional Serranía de Chiribiquete es una aventura, tanto como la relación creativa con el artista colombiano Jeisson Castillo, protagonista del documental. Viendo la película se intuye que es solo un recorte de un escenario vital inmenso. 

La narración de Juan Pablo nos lleva al encuentro con Castillo, muy anterior al rodaje de Retazos de la memoria.

“Hicimos Los guardianes de la lengua, que fue una locura. Existen últimos hablantes en distintos rincones de Latinoamérica. El viaje puntual del episodio de Sixto Muñoz, lo hice con Jeisson Castillo. Ahí aparece Jeisson. Es un artista visual que ha hecho muchas cosas: fotografía, pintura, mapping. Es un investigador amazónico, y hace talleres pedagógicos con los niños de las comunidades. Yo estaba buscando perfiles para elegir los conductores y di con una nota de este artista que tenía veinte y pico de años, que pintaba a los abuelos indígenas tradicionales, sabedores, chamanes, que viajaba por todos lados y hacía los retratos y se vinculaba con ellos. Se dio una alianza creativa, estratégica, natural al instante, porque él, súper joven, ya conocía toda la Amazonia Aislada, más que cualquier antropólogo y cualquier lingüista. Se había metido por todos lados. Su departamento era chico y estaba lleno de retratos de los abuelos del Amazonas”, cuenta Juan Pablo.

En el film Retazos de la memoria, Jeisson Castillo, un joven artista colombiano, regresa a la Amazonia para impartir un taller de arte a los niños de la comunidad indígena del Itilla. Foto: gentileza Nora Luna.

La búsqueda en territorio protegido 

Es Jeisson, que estaba trabajando en un proyecto pedagógico con la comunidad del resguardo El Itilla, quien lo anima a Tobal a ir a filmar allí. Porque el primer paso, el acercamiento y la confianza que nace del respeto, ya estaba dado.

“Empezamos a trabajar con la comunidad, él venía trabajando ya hace muchos años, le abrieron las puertas para que empecemos a trabajar con ellos. Él transmitió nuestra idea a toda la comunidad, tuvo reuniones, fue al territorio. La comunidad aceptó, sugirió ciertas cuestiones del mensaje y ciertas acciones. En la película el mensaje es el mensaje de la selva, el mensaje del territorio, el mensaje del vínculo con la naturaleza que tienen las comunidades. Este vínculo armonioso surge de acuerdos que tienen que hacer con los seres visibles e invisibles de la selva, es decir, con esa forma de ver y de vincularse con la naturaleza. El eje pasa por los saberes tradicionales y por los saberes de cómo se vinculan con la naturaleza. Con esta mirada de que todo es, todo tiene vida. Todo tiene sus dueños, con todo hay que acordar y negociar para vivir en armonía y no andar destruyendo, rompiendo”, dice.

Cuando los acuerdos llegaron, las condiciones económicas, de apoyos y financiamiento habían cambiado drásticamente en Argentina para iniciar un rodaje. Con el Incaa en proceso de desaparición y unos pocos pesos, Tobal tuvo que recurrir a los colombianos para poder filmar: Augusto Caro Ramírez, (fotografía) y Carlos Segovia (sonido). En ocho días, con mucho equipo, y solo tres personas trabajando, (Jeisson, el cuarto) se largaron a filmar.

“Éramos pocos y yo hacía segunda cámara. Descargaba el material por la noche cuando había algo de energía en la casa del capitán. Los compañeros colombianos, por suerte, resultaron unos divinos. Aparte de buenos profesionales, porque ves que la imagen es linda y el sonido, bueno, fueron personas que aportaron de todos lados. Era la única forma de que de sacar esto, porque, si no, era imposible. La fotografía es un diez para el colombiano. No solo hizo una buena fotografía en condiciones muy complejas, sino que fue un tipo que me ayudó en todo. Y lo sonoro con Carlos. Me llevé dos amigazos de ahí, y el vínculo con la comunidad, que fue súper lindo”.

Cuenta Tobal que el capitán de la comunidad arrancaba a las cuatro y media de la madrugada con un megáfono y música, despertando a todos. Se iban a dormir cuando la luz bajaba, que era temprano, pero el equipo de filmación seguía trabajando en descargar imágenes y cargar baterías. Había solo un generador en la casa del capitán.

“Y, además, trabajamos el vínculo con ellos para filmarlos, porque la comunidad aparece todo el tiempo en la película. Ellos querían mostrar sus tradiciones, sus culturas. Nunca lo habían hecho antes, la confianza era total. Mostramos cosas que nunca se habían filmado, que son muy íntimas, como las cuestiones de sanación, la purificación que se ve en la película”.

El director Tobal filmó "Retazos de la memoria" luego de un proceso largo de formación en Colombia- Foto: gentileza Nora Luna. 

Un viaje de sanación de múltiples significados 

En Retazos de la memoria, Jeisson Castillo, un joven artista colombiano, regresa a la Amazonia para impartir un taller de arte a los niños de la comunidad indígena del Itilla. Pero esta vez el viaje toma otro rumbo. Mientras pinta en un lugar sagrado, comienza a experimentar una serie de síntomas inexplicables y cae enfermo. Preocupado, consulta con Gory, el sabedor de la comunidad, quien lo invita a permanecer en el territorio y atravesar el ritual del Dabucurú. A partir de ese momento, Jeisson inicia un proceso de sanación guiado por el conocimiento ancestral de la selva y de sus guardianes.

La enfermedad del protagonista es el hilo narrativo. La pregunta es cómo salir de ahí sano. 

“La enfermedad es, básicamente, una reacción de los seres invisibles, de la selva que lo juzgan porque no había pedido permiso para pintar en ese lugar sagrado, que él no sabía que lo era. Es un salado, un lugar donde el agua tiene sal, al que van muchos animales a comer”, explica Juan Pablo.

- En la película, el protagonista se enferma. Vos también te enfermaste.

- Volví a Córdoba y a las dos semanas empecé con síntomas. No se sabía qué era. Parecía Covid, todavía había casos. Termino yendo al Hospital Rawson, me hacen muchos estudios y da paludismo. Empiezo con tratamiento, internaciones. Un infierno.

- Desde hace años te relacionás con distintos espacios y comunidades. ¿Qué aprendiste de esta experiencia?

- Tantas cosas. Primero que hay que ser sumamente respetuoso con los territorios a los que uno va. Son territorios vírgenes, sagrados, porque realmente existe una conexión ahí, que nosotros no vemos porque estamos en medio de la ciudad. Solo vemos lo que tenemos en frente, y no lo que está más allá. Es una limitación nuestra. Ese es el mayor aprendizaje. Fui, obviamente, con todas las prevenciones, pero así y todo volví de esta forma. Podría decirte que todos somos vulnerables y estamos expuestos. También entendí que no quiero, no tengo muchas ganas de poner en juego la vida, porque aparte de la enfermedad, había conflicto armado, un montón de cosas. Hay que ser más cuidadoso con el cuerpo de uno y a ser más cuidadoso con el contexto y el entorno donde uno se mete. Y ser respetuoso. Me voy a quedar con esa pregunta dando vueltas.

Para Tobal, los documentales en territorios diferentes lo atraviesan y transforman. “Cuando voy a esos lugares, el contexto me come a mí”, dice y recuerda cuando filmó en otras comunidades y conoció gente a la que los militares ponían minas en sus casas para que se fueran. En un lugar había una fosa de dos mil cadáveres, personas asesinadas por el ejército. 

“Ese contexto me enseñó, me permitió ser testigo de lo que pasaba en zonas del conflicto armado en Colombia, pero, sobre todo, me cambió como persona y cambió mi interpretación de lo que pasa ahí, porque hasta que no tenés la experiencia, es imposible interpretar. Cuando te pasan esas cosas, ya no tenés la misma mirada sobre las cosas. La selva me invitó a correrme del lugar de espectador y director que controla la situación. Una lectura de esta experiencia (la enfermedad) es que me están invitando a que vuelva al territorio, porque si la selva me hubiese querido liquidar, me liquida”, concluye Tobal, que espera mostrar el documental a la comunidad que lo recibió con tanta generosidad.

"La selva me invitó a correrme del lugar de espectador y director que controla la situación", sostuvo el director de Retazos de la memoria. Foto: gentileza Nora Luna. 

Ficha técnica y dónde ver el film

Retazos de la memoria. Con Jeisson Castillo, Gory Londoño, Hermes Londoño, Amancio Yucuna, Diego García y Comunidad El Itilla. Dirección:  Juan Pablo Tobal. Guion: Luciano Juncos y Juan Pablo Tobal. Fotografía: Augusto Caro Ramírez. Sonido: Carlos Segovia. Montaje: Luciano Juncos. Música Original: Horacio Burgos y Diego Cortez.
Funciones: 6 y 7 de agosto, a las 19, en Cine Arte Córdoba, 27 de abril 275, Córdoba. Del 6 al 9 de agosto en Cine Teatro Rivadavia, avenida San Martín 1505, Unquillo. Del 20 al 26 de agosto, estreno en el Cineclub Municipal, bulevar San Juan 49, Córdoba.

Juan Pablo Tobal. Foto: gentileza Nora Luna. 

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