Belgrano y una noche de "gloria" con el hincha como protagonista
La fiesta fue completa en Alberdi, justo donde la ceremonia tiene su protagonismo en cada partido pero el invitado principal, el gol y la victoria, estaban en falta. Pasaron cuatro partidos, 360 minutos y adicionales y mucha tensión para que Belgrano volviera a celebrar un triunfo y nada mejor que hacerlo ante su gente, en el clásico con Instituto y una final anticipada.
Ahora, el ascenso queda un poquito más cerca. Belgrano se siente un cachito más de Primera.
La previa ya se vivía como electrizante. El recibimiento fue espectacular: con 68 matafuegos, banderas con palo en todas las tribunas, luces de colores, humo celeste y después show de luces con celulares. "Che Belgrano te vinimos a ver porque tenemos a guante...", fue el hit principal.
Antes del inicio del juego hubo un minuto de silencio en honor al fallecimiento de la madre de Luis Artime, hoy presidente del club aunque su figura trasciende el cargo. De hecho el respeto se hizo notar por el imponente afecto que le tiene el hincha: de la algarabía ruidosa pasó a un silencio absoluto, como acompañando años ídolo en este duro momento.
Ya en cancha el grito y el apoyo del hincha pasó por cada pelota y cada falta no cobrada. El árbitro Darío Herrera estuvo a la altura, supo imponer autoridad sin soberbia y ayudó al espectáculo.
El partido no fue bueno, Instituto fue más visitante que nunca y a pesar de que en Alta Córdoba contaba con mucho apoyo vía televisión o radio, nada pudo hacer para evitar el gol de Bochi en contra.
Y cuando mejor jugaba Instituto, con Belgrano defendiendo con cinco hombres, llegó el ponderado minuto 68, el homenaje de cada partido de local a la Primera barra con fuegos de artificio y pirotecnia, llegó el aliento del hincha sumado al "no se compara" que sirvió para levantar al estadio con el aliento y los jugadores acusaron recibo.
Se planchó el juego y todo lo demás se dio natural. Ya el grito de gente era un jugador más y la expulsión de Bochi fue un alivio. Y si alguien merecía ovación era Bruno Zapelli, aplaudido por toda la platea al ser reemplazado, con su nombre coreado
Fiesta total, algo de zozobra con la tapada de Losada sobre Catriel Sánchez, pero al final pero el sufrimiento valió la pena. Belgrano se siente un poquito más de Primera. Venció a Instituto, su escolta y con el valor agregado de los clásicos, para palpitar el regreso con ilusión a la máxima división.