Opinión Luis Rodeiro 09/08/2017

Los “peronismos” y la consulta electoral

El baile de Schiaretti y Macri al ritmo de la inolvidable Gilda, ante el público reunido en la inauguración de una obra en común, es el símbolo de la nueva época y la acentuación del enfrentamiento de los dos peronismos, con propuestas diferenciadas.

“No me arrepiento de este amor” (Gilda)

Partamos del supuesto de que el peronismo, por su carácter movimientista, puede albergar en su seno tendencias contradictorias, en algunos casos hasta antagónicas, como ha ocurrido desde sus orígenes; que su creador supo consentir, privilegiando a unas u otras, según las exigencias estratégicas de las coyunturas.
Desde esta mirada, sin entrar en un juicio crítico, podemos decir que en Córdoba, ante las elecciones próximas, se vislumbran dos peronismos con propuestas diferenciadas, hasta antagónicas frente a la alternativa neoliberal en pleno desarrollo. Un peronismo mayoritario, hegemónico, que gobierna la Provincia desde hace 17 años, y un peronismo crítico, que se sumó a la experiencia kirchnerista y que vio en ella la recuperación de una vertiente histórica más enfrentada contra las opciones liberales. El primero representado por la simbiosis De la Sota-Schiaretti; el segundo sin liderazgos fuertes locales, referenciados en Néstor y Cristina Kirchner. Vertientes con pensamiento y praxis distintas que no nacieron ahora, si no que tienen su continuidad.

En el peronismo oficial, se dio una amalgama de pasados disímiles. De la Sota inició su experiencia en el gobierno municipal, que fue otorgado a la vertiente de derecha, como compensación al triunfo interno de la fórmula Obregón Cano-López, en 1973, que era la consecuencia de la línea combativa representada por la CGT, desde 1957 al Cordobazo. “Dela” fue protagonista, junto a la derecha gremial, de la ofensiva contra el gobierno popular, que concluyó con el tristemente célebre golpe policial del Coronel Navarro. Las visiones antagónicas de los dos peronismos se nutren de aquellos enfrentamientos, que por su intensidad y proyección, quedaron guardados en la memoria. Posteriormente, su propuesta ganadora, no muy distinta a la del radicalismo, se acercó a las experiencias llamadas “terceras vías”, un supuesto medio entre el neoliberalismo y los populismos liberadores y progresistas, que siempre terminaban inclinados al neoliberalismo hegemónico.
La experiencia de Schiaretti es distinta, ya que militó en el peronismo revolucionario; participó del gobierno popular de Obregón-Atilio y luego marchó al exilio. Conserva de aquellos tiempos, justo es reconocerlo, un apoyo a los juicios contra los genocidas y una memoria por los compañeros desaparecidos, no obstante haber guardado silencio cuando “DeLa” fustigaba a las Madres, como responsables del desvío de sus hijos. En algún momento se produce un viraje, participa del gobierno de Menem, que encarna lo que no sin razón el peronismo combativo identifica como la experiencia prostibularia del movimiento popular; se hace socio de “Dela” convergiendo en el ideario de Cavallo y la Fundación Mediterránea; se declara defensor de los patrones del campo cuando intentan desestabilizar al gobierno kirchnerista. No podemos, por razones de espacio, extendernos más, pero queda claro que hay historias con caminos divergentes de los peronismos cordobeses, que fortalecen la divergencia cuando incorporamos al análisis las medidas de gobierno.
Aquí y ahora


El baile de Schiaretti y Macri al ritmo de la inolvidable Gilda, ante el público reunido en la inauguración de una obra en común, es el símbolo de la nueva época y la acentuación del enfrentamiento de esos dos peronismos. Al terminar el baile, faltándoles un poco el aire, se lanzaron piropos mutuos.
La convergencia prosiguió con una entrevista en el diario Perfil, donde el “Gringo” manifestó la “decisión de garantizar a rajatabla la gobernabilidad en el país”. Esto significa, lo dice con orgullo, “acompañar la sanción de 60 leyes y garantizar todo” lo que decida el gobierno. Muchas de esas leyes tienen que ver con la grave situación social que se está viviendo.

En nombre del “peronismo republicano”, según la definición de una “opo-oficialista”, la tarea es cerrar los ojos ante la inflación, los despidos, la represión a la protesta, el endeudamiento feroz, la destrucción de la pequeña y mediana industria, los avances sobre los derechos de los trabajadores, al que contribuye con la limitación al derecho de huelga. Para este “peronismo republicano” son efectos del “gradualismo”, al que considera “correcto”. La pareja de baile de Macri es claro: “Respeto lo que mi amigo y su equipo deciden, nosotros sólo damos la gobernabilidad”. El otro peronismo, en cambio, plantea que ante la situación social, económica, institucional, el objetivo es tratar de poner un freno a la ofensiva neoliberal. El asunto es ingresar candidatos al Congreso que sean capaces de “parar” al macrismo. El triunfo del “peronismo republicano”, en la visión combativa, puede permitirle a algunos compañeros la satisfacción de ganar las calles por unas horas gritando Viva Perón, pero al momento de estar en el Congreso seguirán votando las leyes del amigo de Schiaretti.

Hay ahora una contrariedad. Las elecciones de baja intensidad que veía el gobernador, han pasado a tener temperatura. Sectores de la sociedad, dentro del campo neoliberal, que votaron a Macri -con la complicidad del pejotismo- comenzaron a pensar que si no había diferencias importantes por qué no apuntalar la política amarilla en esta oportunidad. Sonó la alarma. No es lo mismo ser “opo-amigo” desde el triunfo que desde la derrota. De súbito apareció la crítica. No es una cuestión programática, sino de fuerza entre aliados. De allí parte la reacción del gobernador, que durará el tiempo electoral. Después todo volverá a la normalidad e incluso pueda repetirse el baile, que será a compás de la Mona o de Gilda, según el veredicto. El otro peronismo, desatendido de esta rencilla, celebrará si logra incorporar un diputado. Y si son más, festejará hasta con un stand up de Peroncho, frente a “El Panal”.


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