Las cosas que debemos recordar

Cultura & Espectáculos 17/08/2017 Por
Hay libros que se hermanan por razones inexplicables. Tal vez porque se presentaron juntos, porque los editó el mismo sello, porque las escritoras son cordobesas, porque los leí uno a continuación del otro. Tal vez porque ambos hablan de cosas en la noche que debemos recordar.
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1 / 8 - - Gentileza Daniel Rabanal

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Los dos libros no podrían ser más diferentes.

“Los ahogados”, de María Teresa Andruetto y Daniel Rabanal, es una historia breve, casi una nouvelle, tiene un formato simil cuadrado, más grande, encuadernado en tapas duras, con dobles páginas ilustradas, de un trazo brumoso de lápiz con una paleta de colores apagada en tonos de negros y grises, interrumpidos con páginas y pequeños elementos rojo furioso, como llamados de atención en la neblina. Habla de uno de los grandes temas de la historia argentina: la última dictadura cívico militar.


“La noche de las cosas”, de Laura Escudero Tobler, es una novela en formato de libro pequeño, con tapas blandas, tan blandas
y flexibles como se vepocoen la industria editorial, sin ilustraciones más allá de la foto de Laura en la portada, y sin negros, el libro juega con el verde y el ocre en tapa y un papel color tierra, como el polvo y la sequía que uno respira entre sus páginas y las portadas de capítulo en verdes esperanzados como la llegada de la lluvia en cada verano. Habla de los afectos, de la familia y los lazos invisibles que unen la historia de un pueblo olvidado del interior.


Los dos libros no podrían ser más semejantes. Hay una noche, una presencia de la noche y los fantasmas de la oscuridad, un río que trae cosas a su costa, que ahoga con su agua y su sequía, una partida y una necesidad de volver a la tierra propia, un viaje, un camino y una carga, un niño pequeño y una familia, una alegría en las cosas breves de cada día, una nostalgia de las cosas grandes de cada vida, unos vecinos que están y tal vez pueden ayudar, unos ahogados, una historia de una gente, de un pueblo, de un país. Pero más que todo eso, una angustia, una tibieza en el alma, una caricia, un perfume a jazmín, un brasero, un hijo, un cierto sitio en el alma en el que las dos historias se acomodan como parte de nuestra Historia, la que nos hace argentinos, la que nos da una memoria colectiva que no debemos olvidar. Un cuidado en la edición y el diseño que hace de cada libro un objeto preciado.
Ambos títulos, editados por el sello independiente colombiano Babel Libros se presentó el miércoles pasado en esa dupla inseparable de espacio que conforman Mil Grullas y Portaculturas, con la presencia de las autoras y su editora María Osorio. Fue una tardecita poblada de amigos, en una charla que fluyó como una conversación ya empezada y que contó con el acompañamiento musical de Guillermo Ré y su guitarra. “Los libros los hacen los editores”, dijo María Teresa Andruetto en un momento y no hay como contar con la presencia de la editora de los libros para escabullirse entre sus secretos, espiar trasbambalinas y conocer qué hay detrás de las historias de los libros. Con esos secretos me fui a leer ambas historias y aquí les comparto mis pareceres.

Los ahogados

De tanto escucharse por dentro, los pensamientos empiezan a hacerle daño, colgada como está de aquel álbol, vomitando agua barrosa en el agua. ‘Bajo el río no’, piensa ella, pero tampoco lo que había hecho él, insistir en sacar la cabeza, en sacarla tercamente en defensa de otros. Recuerda sobre todo el momento en que él la cargó sobre su espalda, de repente los dos se habían convertido en héroes. A veces pasan cosas que no pueden explicarse y todo deja de ser real, como esos minutos o siglos en los que estuvo colgada de una rama o como cuando camina dormida despierta por una playa con su hijo en brazos.

“Los ahogados” no es novela gráfica, ni un libro álbum, al menos no con las definiciones que reconocemos esos géneros y sin embargo tiene mucho de todo eso. Pero hay algo nuevo: una intencionalidad editorial bien clara en relación al lugar que ocuparán las ilustraciones y el texto y cómo eso afectará la lectura del libro. Primero están las ilustraciones de Daniel Rabanal, que abren la historia con una serie consecutiva de dobles páginas, recién después empieza el texto de María Teresa Andruetto y al final vuelven más ilustraciones. Esta estructura narrativa encierra una puesta en escena inicial, un clima, un contexto, una iluminación, una paleta de colores que predisponen un tipo de relato y no otro. Para cuando llegan las palabras uno ya tiene en la cabeza una semiosis infinita de recuerdos, referencias, hilos que van y vienen de la memoria tejiendo una trama en la que el texto de María Teresa Andruetto se cuela como uno más. La mamá y la hija de “El mar y la serpiente” de Paula Bombara, la serie fotográfica de la muestra “Ausencias” de Gustavo Germano, que vuelve sobre retratos en los que faltan protagonistas desaparecidos en la última dictadura militar, entre otros textos e imágenes que forman mi camino lector. Pienso que esta forma tan única de narrar, despertará en cada lector una suerte de backstage muy íntimo y personal al momento de leer.

La referencias históricas son solo un marco. La palabra “dictadura” aparece recién en contratapa, en la historia solo nombran “guerrilleros” un par de veces, en la ilustración hay un cuerpo cayendo al agua ya sobre el final del libro, un par de cuerpos, un avión, un zapato en la playa y poco más. Y una certeza: ‘que ellos no son ahogados...’ Teresa Andruetto, pero también Daniel Rabanal, hacen su trabajo con sutileza y el nivel justo de ambigüedad, para que colemos entre sus palabras y sus trazos todo lo que nos animemos a recordar.

Gentileza Daniel Rabanal

La noche de las cosas

—Pedro —dice la Pacha—, lo estaba esperando.
—¿Para qué Pacha?
—Para soltar los pájaros.
Pedro la mira y no pregunta más. Caminan callados uno junto al otro. Van por el costado de las vías. El cielo está lleno de estrellas, el aire explota de aroma a jazmines. De pronto la noche no está muda. O será que Pedro puede oírla.

Hace un tiempo, en una feria, revolvía los libros de los estantes y detuve la vista en uno, un ejemplar de María Gripe. Pequeño, flexible, con letras verdes, con una foto de la autora en la portada y sin ilustraciones. Un pequeño libro de solo texto, humilde, de diseño sobrio pero a la vez exquisito.
María Gripe trajo recuerdos de mi infancia lectora que brotaron como un perfume de sus páginas y sin leer una sola línea me lo llevé a casa. Era un título de la colección Frontera de Babel Libros, la misma que ahora publicó “La noche de las cosas”, de Laura Escudero, con el foco puesto en el texto, con un diseño cuidado y precioso. Una breve llama de vela en la oscuridad de la noche. Un libro ¿querible? No pude dejar de acariciar el ejemplar durante todo el tiempo que duró la lectura, como esa caricia de abuelas, como ese abrazo ahogado pero en paz de las despedidas necesarias. “La noche de las cosas” habla de los que se van y de los que se quedan, de la tierra propia y de las despedidas, y es la historia de Pedro y su abuela la Pacha y del viaje en una larga noche oscura que el muchacho debe emprender para salvar a su abuela de un sueño largo y en el camino conocer a su familia de un modo nuevo y decidir si quiere ser de los que se van o de los que se quedan.

Gentileza Daniel Rabanal

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