
Sin el “experimento populista” Macri asistió a la fiesta de la espuma social en Davos
Por: Sofía Jalil - [email protected]
“Nuestro gobierno buscará normalizar la economía y sentar las bases para el desarrollo de largo plazo”, postulaban desde el PRO como propuesta de campaña en diciembre del 2015. La idea de “normalizar” y de que estamos encaminados hacia la –valga la redundancia, eterna y amarilla- normalización para dueños de capitales extranjeros fue la consigna que guió al presidente Mauricio Macri en su gira por Europa durante enero.
La agenda del Presidente incluyó un encuentro con su par ruso, Vladimir Putin; asistió por segunda vez desde que asumió a la Asamblea Anual del Foro Económico Mundial en la ciudad suiza de Davos; y se calzó la autoproclamada bandera de embajador del Mercosur para insistir una vez más por el acuerdo de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea (UE).
“La Argentina dejó atrás su experimento populista” dijo en el Foro de Davos el Presidente, retomando aquella idea de “normalizar” el país. Con un solemne azul de fondo, tras hacer un chiste a su presentador, cambió el español por el inglés: “Hace tan solo dos años atrás, aquí en Davos, a un mes después de haber asumido la presidencia, compartí con muchos de ustedes mi visión sobre Argentina como un socio fiable para las empresas y un intermediario honesto en la política mundial”.
Pero, ¿a quiénes se dirigía el jefe de Estado argentino? ¿Qué le quitó el sueño y lo desveló? ¿Qué se gana al participar, escuchar, estar presente y ser aceptado en esa “fiesta de farsantes de la espuma social” -en palabras del grupo de rock pop Babasónicos- de líderes políticos, CEOS y tecnócratas?
La bipolaridad mundial
Desde que Cambiemos asumió al poder, la principal preocupación parece gravitar en la desenfrenada inserción mundial. No es un dato menor que el panorama mundial cambió radicalmente desde que Donald Trump asumió la presidencia en enero del 2016 y puso en vilo a buena parte del mundo al esgrimir la espada del proteccionismo.
Mal que le pese a Trump y a los nuevos conservadores -principalmente países de Europa Central como República Checa, Hungría y Polonia- la economía global parece repuntar tras su última crisis desatada en 2008 por la burbuja inmobiliaria que demandó a Estados Unidos blindar su economía. El camino elegido sigue siendo el libre comercio global.
Vamos por partes. Para comenzar, la bipolaridad global se profundiza entre los defensores del libre mercado y sus detractores, actualmente encabezado por el magnate presidente estadounidense. A diferencia de su predecesor, Barack Obama, que inclusive brilló por su ausencia en el Foro Económico Mundial en Davos; Trump lleva a cabo una mezcla rara entre la desburocratización en la administración pública con la anulación del Acuerdo Transpacífico, el desmantelamiento del Tratado de Libre Comercio de América del Norte y el cuestionamiento del Tratado de Libre Comercio con Corea del Sur, además de dudar del valor y utilidad de la Organización del Tratado del Atlántico del Norte (OTAN).
Por otra parte, Europa con Emmanuel Macron en Francia y Ángela Merkel en Alemania, China e India -que concentran juntas casi el 30 por ciento de la población mundial y, por ende, mano de obra excedente-, Canadá con el carismático de Justin Trudeau y los guardianes del Pacífico como Japón y Australia a la cabeza, más buena parte de América Latina celebran el libre comercio. Descontados están los casos de las regiones y países independistas como Cataluña e Inglaterra que vacilante transita su salida de la UE tras el Brexit.
¿De qué Orden Mundial estamos hablando? Ni Argentina sabe bien dónde anclar. En materia de políticas exteriores, tener un plan de desarrollo a largo plazo para la inserción -y no brutal dependencia como acostumbramos- en el mercado mundial es fundamental.
Tras la participación de Macri en el Foro de Davos, la reunión con Putin y principalmente con Macron, la idea que subyace por detrás es presentar al país como “una sociedad de mercado moderna, contemporánea del mundo globalizado y de un capitalismo hiperconectado cuyo principal motor es el libre flujo de inversiones”, en palabras del sociólogo y especialista en el surgimiento del PRO, Gabriel Vommaro, en la edición de noviembre de Le Monde Diplomatique.
En consonancia con “el experimento” que Argentina dejó atrás, Vommaro explica que el actual Gobierno luego de ganar las elecciones y “tras la ‘anomalía populista’, el objetivo es reconciliar a Argentina ‘con el mundo’, y eso implica hacer las cosas ‘como se hace en el mundo’. Ante todo, entonces, se trata de emprender un gobierno de ‘normalización’, como suelen afirmar los cuadros de Cambiemos encargados del gobierno de la economía”.
No obstante la pregunta que resuena fuerte es hacia dónde están virando el barco los ex CEOS devenidos en funcionarios bajo el liderazgo de Macri. “Decididamente, el Gobierno confía en el rol del mercado como asignador eficiente de recursos: la industria, entonces, debería competir como cualquier otro sector” explica y pone en cuestión el sociólogo e investigador de Conicet, Daniel Schteingart, en la misma edición de Le Monde.
“El norte del gobierno es una economía liberalizada, aunque considera que el proceso debe ser gradual para evitar repetir los errores de los intentos previos de la drástica apertura globalizadora de los años 70 y 90”, agrega Schteingart.
Pertenecer, a todo costo
En sus propias palabras, para Macri se trata de “una obviedad” el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea. “Es darle impulso a esta relación histórica basada en la fuerte corriente inmigratoria que hubo desde Europa hacia América Latina”, dijo ante la prensa argentina antes de su regreso desde París.
“La asociación entre el Mercosur y la Unión Europea es natural porque en Sudamérica todos somos descendientes de europeos”, reiteró ante sus pares en la ciudad suiza de Davos y Sarmiento se regocija desde su tumba. Lo que se olvida el Presidente es que un tratado de libre comercio no se basa en la compatibilidad de los genes entre los involucrados.
Las negociaciones por el tratado comenzaron en 1999 y Francia es el principal opositor al mismo. ¿El motivo? Resguardar su industria agropecuaria. En consonancia, en 2011, el entonces presidente francés Nicolás Sarkozy dijo: “Soy partidario de la libertad de comercio, legal y en igualdad de condiciones. Pero los países del Mercosur deben comprender que debe haber una línea roja. Que no podemos aceptar productos que no responden a las normas que nosotros imponemos a nuestros agricultores”.
Tras la reunión ante la prensa y la cena que compartieron Macri y el joven Macron, el actual mandatario retomó las palabras de su antecesor y afirmó ante la prensa del país galo: “No podemos hacer acuerdos que favorecen a un actor industrial o agrícola a miles de kilómetros, que tiene otro modelo social o medioambiental y que hace lo contrario de lo que nosotros imponemos a nuestros propios actores”.
Este encubierto proteccionismo debería ser escuchado por el equipo económico de Macri si se pretende, además, sumar al país a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). Las palabras de Macron se enmarcan en una especie de nuevo manual de finanzas para sustentar una economía más responsable. Los Objetivos de Desarrollo Sustentable (ODS), a los cuales adhieren los países de la OCDE, son un conjunto de metas para orientar las políticas de estado de cara al 2030. Entre el fin de la pobreza, el hambre cero y la igualdad, el ODS 12 se centra en la “producción y consumo responsable”. Algo que, además de proteger a la industria local, simula apuntar Francia.
El resultado de la gira, en palabras del propio presidente, “confirma que la Argentina entró en un camino de integración inteligente. Un gran paso que volvió a ratificar Emmanuel Macron ayer (en referencia al pedido de tratado de libre comercio) y Merkel o Mark Rutte en Davos, es el ingreso a la OCDE. La Argentina está número uno para entrar en la organización”. La férrea convicción de “normalizar” el país de Macri choca con el resultado obtenido: Macron no arrimó ni la más mínima posibilidad de concretar un tratado que, además, involucra a decenas de países más.
Mientras tanto, en su semana de ausencia que abarcó desde el lunes 22 de enero al sábado 27 la agenda mediática se centró en la imparable suba del dólar y la inflación, sobre lo cual Macri dijo: “El dólar flota libremente, sube y baja. No es algo a lo que haya que prestarle mucha atención”. Algo que desanima a los inversores externos, justamente, es la inflación y las falsas metas del Banco Central sobre las metas para este año.
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