
¿Volvimos al mundo?

La semana pasada pasó por la Argentina el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu, y aprovechó el Gobierno para reactivar la persecución política a Cristina Kirchner, que mal no le viene en época preelectoral, para sumar una vocación de proscripción política a un régimen que ya tiene un desaparecido y presos políticos en sus hombros.
Se abrazaron Netanyahu y Macri, se sacaron fotos, se besaron, en una especie de remake de las “relaciones carnales” noventosas de Carlos Escudé, Guido Di Tella y Carlos Menem con el Imperio. Como si no hubiera pasado el tiempo, Macri ha establecido una alianza estratégica con los enemigos de siempre del pueblo y los intereses argentinos. De hecho, el Estado de Israel es el único, junto a Estados Unidos, que sistemáticamente vota a favor de los ingleses y en contra de las resoluciones de la ONU para que el Reino Unido se siente en una mesa de negociaciones a dialogar de soberanía por Malvinas con Argentina.
¿Que a qué vino Netanyahu? Vino a hacer negocios, a vendernos armas con la excusa de siempre: la seguridad y el combate al terrorismo. Justamente uno de los mayores terroristas, ya que la ONU lo ha acusado de crímenes de guerra en Gaza y de ser el responsable de una política de Apartheid en Cisjordania.
Pero además, vino a fortalecer la alianza internacional en contra de la República Islámica de Irán, algo que le viene muy bien al régimen neoliberal que busca proscribir a Cristina para que no vuelva con posibilidades de triunfo en octubre.
Sin embargo, hay que decir las cosas como son: durante los ocho años de mandato de la ex presidenta, no hubo una sola Asamblea General de las Naciones Unidas en que no denunciara concreta, directa y fuertemente a Irán por no colaborar con la Justicia argentina entregando a los sospechosos por los atentados de la Embajada y de la Amia. Por eso, ante la falta de colaboración de los iraníes, se llegó al famoso memorándum de entendimiento con Irán, que permitía al menos que la Justicia argentina les tomara declaración a los imputados en Teherán.
Uno negocia con los enemigos, no con los amigos, ¿no?
Los hechos están ahí y los archivos también. Cristina no dejó nunca de reclamar a Irán y tampoco al Reino Unido por Malvinas. Fueron los únicos dos temas omnipresentes en cada Asamblea General de la ONU.
En cambio, el año pasado, Macri se quedó muy calladito, mudo. No mencionó a Irán. Y en cuanto a Malvinas, dijo que esperaba “trabajar amistosamente con el Reino Unido”. Bastante timorato para defendernos, o para lo que uno espera de su presidente.
Y este año será peor aún, porque este jueves 21 y viernes 22 se desarrollará la Asamblea General de la ONU, y el régimen ya anunció que Macri no asistirá y en su lugar mandará a la vicepresidenta Gabriela Michetti.
¿Por qué? Porque Macri priorizará la campaña electoral, porque le duele la pierna, o por cualquier cosa.
O quizá porque le tiemblan las piernas para estar al lado de los líderes mundiales. O porque no está a la altura de las circunstancias. O porque el que primero debería respetar la investidura presidencial es un señor que se llama Mauricio Macri.
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