Un paseo por La Olla, el balneario que sorprende en Villa Parque Siquiman
Dentro del amplio abanico de lugares que hay en el valle de Punilla, se encuentran destinos mega conocidos que a veces opacan a otros que están en localidades pequeñas, y que suelen ser visitados más que nada por los habitantes de las zonas cercanas.
Sobre la Ruta Nacional N° 38, pasando por Villa Carlos Paz (a 10 kilómetros) y antes de llegar a Bialet Massé (a cinco kilómetros), se encuentra Villa Parque Siquiman, un pueblo que fue creciendo a la vera de la ruta y que invita a bajar la marcha y adentrarse en sus callecitas serranas para descubrir lo que tiene para ofrecer.
Eso hice uno de los fines de semana de invierno en que el clima estaba soleado y era perfecto para buscar algún curso de agua y quedarse disfrutando todo el día.
Un balneario que se disfruta todo el año
Con esa premisa, y guiada por Google Maps, llegué al Balneario La Olla, uno de los rincones naturales del pueblo que es de muy fácil acceso.
Para llegar hay que salir de la Ruta Nacional N° 38 y doblar a la altura del Hotel Parque Siquiman y seguir por la calle que pasa por enfrente del hotel durante unas cinco cuadras aproximadamente. El ingreso al balneario no está señalizado con cartelería pero hay un portón que permanece abierto y cuenta con un senderito bien marcado.
Hay que caminar unos pocos metros para divisar el arroyo Las Mojarras o río Tanti (que se encuentra nombrado de las dos formas en distintos sitios). Este cauce de agua viene de Tanti y circula hasta llegar a desembocar en el lago San Roque.
Unas piedras enormes sobresalen del paisaje serrano y van guiando el curso del agua por curiosas cavidades.
Cuando llegué era apenas pasado el mediodía y ya había un grupo de personas instaladas con sus reposeras a orillas del río. Es que en invierno conviene disfrutar a pleno las horas cálidas del día.
Una zona para explorar
Si además de relajarse un rato, la idea es explorar el lugar, esta zona invita a empezar a caminar y saltar entre las piedras para ir descubriendo distintos rincones.
Justamente, las piedras gigantes sirven de puentes naturales para saltar de un lado a otro del río.
Desde la entrada, girando a la izquierda se puede llegar hasta un pequeño dique que forma un espejo de agua calma en la parte alta y cae formando cascadas sobre las rocas.
Llamativamente, a pesar de estar en la época seca del año, el río tiene bastante agua, comparándolo con otros del valle.
Y, desde el diquecito, yendo a la derecha, se forman otras cascaditas de menor tamaño que regalan la maravillosa melodía del agua corriendo entre las piedras.
Una vez más, la grandes dimensiones de las rocas son completamente funcionales y permiten instalarse en el medio del río sin necesidad de mojarse.
Caminando un poco más adelante hay un sendero que lleva por las márgenes hasta los restos de un antiguo dique más precario que el anterior, y unos metros más adelante, el camino ya se cierra por la vegetación y no permite seguir explorando.
Así, el Balneario La Olla es un enclave perfecto para las tardes invernales, pero, a juzgar por el caudal del agua en esta época del año, me imagino que es un destino para agendar y volver a visitar en verano.