Manuel Funes, director de La Banda Mágica: "Reivindico la importancia de la comunidad"
Músico, sembrador de canciones y nómade, compositor y profesor dedicado a la discapacidad, Manuel Funes comenzó en 2014 el taller musical que bautizó La Banda Mágica, un cruce conmovedor entre arte y carencias.
Desde hace quince años Manuel ve las posibilidades en grupos de personas con discapacidad que recibe con esperanza y un trabajo sostenido por la música y las diferentes comunidades que ha conocido. El proyecto germinó en Fundación Azud Centro de Día (directora María Godoy) para jóvenes y adultos con capacidades diferentes.
Funes cuenta a Cultura en la aldea que es Técnico y Productor en medios audiovisuales (UNC), y el título lo habilita para dar clases de teatro. Siempre ha dado artes en espacios formales e informales, en escuelas y barrios carenciados, en dispensarios, lugares donde armó grupos, por ejemplo, en la Casita Azul de Barrio General Savio.
"Siempre con el mismo nombre. Mi proyecto es La Banda Mágica. Estuve en Fundación Espacio en Alta Gracia con el taller de juego musical durante siete años. Viajé a México, donde estudié la pedagogía alternativa Waldorf", enumera. Llevó su música al Complejo Esperanza y la cárcel de Bouwer. Actualmente, además de dirigir La Banda, es profesor de música y teatro en el Instituto bilingüe para sordos (Ibis).
"Esta es una banda adaptada, siempre con la misma metodología y canciones. Solo cambian los integrantes, chicos con discapacidad o alguna necesidad de expresión", dice Manuel, compositor de temas de cuarteto que cantan grupos como La Monada y Q´Lokura. Integran la banda, niños con Síndrome de Down, con retraso, parálisis cerebral. Cada uno tiene las herramientas para aportar a la banda y hacer música. Se han presentado en festivales como Desafiarte y Soñarte, y a nivel internacional, en abril de este año, trajeron un premio de Cartagena, Colombia.
La impronta de temas propios mueve a la banda formada por "diez jóvenes de 18 a 40 años". Algunos asisten con su respectivo acompañante terapéutico.
Es decir, adonde va Manuel, lleva su proyecto de La Banda Mágica. Ahora funcionan en el Centro Integral de Desarrollo (CID), fundación de natación adaptada, con profesores que trabajan en las piletas. Cuenta Manuel que ensayan en la casa de la presidenta, Silvia Vélez Funes.
"La llamo ‘la banda loca’ porque cada uno aporta lo que puede y ahí está la magia. Es una actividad fluctuante, por la discapacidad y los problemas económicos que la atraviesa. Los chicos tienen crisis y dejan de ir. Es un trabajo donde se pone todo".
Un premio y una experiencia inolvidable
En 2025 la gente de la fundación CID fue a Colombia a participar en una competencia deportiva. Manuel bromeó sobre la posibilidad de ir con su banda, hicieron el contacto y en abril de este año su grupo se sumó a la competencia artística de Cartagena.
"Qué no hicimos: empanadas, locro, rifas para juntar plata para los pasajes. Fuimos nueve chicos y tres profes. La expectativa era vivir la experiencia porque algunos no habían viajado en avión, o no conocían el mar, no se habían separado nunca de su familia. Fue una experiencia completa, muy intensa, un encuentro de artistas especiales en Cartagena durante siete días". Compitieron y ganaron.
Manuel Funes vive mano a mano con las necesidades de una comunidad tan compleja como agradecida. Le preguntamos cuál es la forma correcta de nombrarlos. "Chicos discapacitados", dice. "No hay una forma de nombrarlos. No se sabe cómo integrarlos a la sociedad, imaginate, menos, cómo nombrarlos. Estamos en la búsqueda hasta quienes trabajamos en esos espacios. Se les dice ‘discapacitados’ pero algunos tienen más capacidad que muchas personas. El papá de Jimena se sorprende porque ella toca el piano de manera innata, a pesar de que tiene muchas dificultades para desempeñarse en el día a día. Tiene una familia que la ha estimulado desde muy chiquita. Uno ve, como en este caso, la importancia del trabajo de la familia. La discapacidad se abarca desde muchas aristas. Una, es la familia. Y por supuesto que la sociedad tiene que hacer el esfuerzo para integrarlos. Es el trabajo como sociedad y país, facilitando algunos accesos, medicamentos".
Un torbellino que se vuelve canción
- ¿Cómo trabajan el repertorio?
- Una de las premisas básicas de La Banda Mágica es la creación, experimentar con la música. Hacemos torbellinos de ideas, salen palabras y armamos las canciones. Siento que cada uno de los chicos tiene herramientas para aportar y formar parte de un sistema, el de la música. La banda necesita de cada uno. Sin la presencia de alguno, la banda es distinta. No tiene forma definida porque se va adaptando a las necesidades de cada uno. Si entra un chico en silla de ruedas o con parálisis cerebral, trato de sacar lo mejor, desde lo poquito que pueda, para que se sienta integrado, sostenido y sepa que sostiene al resto. Así el sistema puede funcionar.
- ¿Cuáles son los temas y los ritmos de las canciones que interpretan?
- Trato que lo musical tenga que ver con lo que escuchan y con lo que les suena más familiar. Hacemos mucho folklore porque hago hincapié en nuestra cultura. Cuando viajamos a Cartagena, salimos campeones representando Argentina. Llevamos zambas, chacareras, cumbias. Las letras son graciosas, también hablan de la comunidad y las diferencias. La canción El cumple del quebracho habla de que el viejo árbol cumple un año más y como hace cien años, se juntan las tortugas, los conejos, las lechuzas, los pajaritos en una gran fiesta. Es una chacarera. Reivindico en las letras a la comunidad, también revalorizo las letras, ahora que se escuchan muchas tan vacías. Nosotros tenemos algo para contar.
Con respecto a las voces y los roles, cuenta Manuel que algunos chicos cantan, otros hacen percusión, por ejemplo, Mateo, con el palo de lluvia.
"Él espera su momento. O Valentín con el bombo asistido. Le encanta el folklore. El padre, que es su acompañante terapéutico, lo ayuda a tocar porque él no puede, pero ¡tiene una determinación increíble! Es el líder, sin poder hablar".
La Banda Mágica atraviesa el cancionero popular argentino entonando canciones de íconos como El Chango Rodríguez. También suenan canciones de Fito Páez o Andrés Calamaro.
- ¿Qué te pasa a vos como músico y docente cuando te ponés al frente de La Banda Mágica?
- Hace mucho que trabajo en discapacidad. Ellos me transmiten gratitud. Es decir, el hecho de compartir el momento y poder expresarlo. Es importante porque a través de la expresión surgen ideas y se liberan, van haciendo propio el espacio, sintiéndose útiles. Es lo que pasa cuando tocamos. Logramos ser una banda, hacer un sonido y lo hacen ellos. Eso me emociona y me enorgullece. Es un trabajo muy pequeño, que va de menor a mayor y siempre tuve una respuesta impecable de los chicos. Nos dedicamos a jugar con la música, a hacer ritmos, sonidos onomatopéyicos. Muchos no hablan pero saben una palabra y con eso ya tenemos un recurso que pulimos y desde ahí creamos un sonido. Agustín solo hace el sonido del aullido. Hicimos la Canción del lobo en la que invita a los otros chicos y terminamos todos aullando. Ellos tienen un montón de cosas para dar. Después de trabajar la vergüenza, pisan el escenario y ahí somos todos iguales. Hacen lo que les sale y les sale siempre bien.
Como un gran abrazo suenan las palabras del director. Y la sensación de gratitud. Se lo escucha con un espíritu siempre joven a pesar de que confiesa algunas "canas verdes", como corresponden a cualquier espacio artístico y comunitario vivo.
"Se golpean muchas puertas y pocas se abren", dice al final Manuel. No hay amargura en la reflexión. Él y La Banda Mágica siguen su camino.
La Banda Mágica se presenta este jueves 2 de julio a las 19 en Vidón Bar del Cerro de las Rosas (Av. Rafael Núñez 4740). A la gorra.
(*) Beatriz Molinari. Periodista cultural. Forma parte del equipo de Cultura en la Aldea.
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