El consumo masivo cae y los salarios pierden en una economía de dos velocidades
Con los salarios registrados ajustando por debajo de la inflación, la dinámica del consumo masivo continuó mostrando signo negativo. Los salarios en blanco crecieron en los últimos doce meses 27%, mientras que los precios escalaron 33% en el mismo período. Esto significa que en el último año los salarios perdieron 4,5%, según datos de Indec. Por lo tanto, hay una masa superior a los 6 millones de empleados por el sector privado que pierden poder de compra.
Misma suerte corrieron los salarios del sector público, aunque en este caso la pérdida de poder adquisitivo fue menor en el último año (pero mayor desde la asunción libertaria). Se trata de un total de 3,3 millones de trabajadores registrados que perdieron en el último año 2,5%. Esta turbina que pierde propulsión tiene su efecto directo en la demanda. Los datos negativos sobre consumo masivo dados a conocer recientemente por Indec dan cuenta de una tendencia que se mantiene.
Las grandes cadenas de supermercado auditadas por Indec muestran caída en sus ventas en los tres primeros meses del año. La Encuesta de Supermercados realizada por el organismo oficial arrojó una contracción interanual en marzo de cinco puntos porcentuales que contribuyó a que la performance acumulada de estas cadenas comerciales sea 3% peor que en el primer trimestre del 2025.
Por su parte, los comercios de cercanía tampoco levantan. De acuerdo a datos del Centro de Almaceneros de Córdoba a los que pudo acceder La Nueva Mañana, los comercios están en cantidad de ventas -8% en comparación con el mismo mes del año pasado. Un rojo similar al del mes pasado, con lo cual, el desplome se ameseta en niveles bajos.
¿Qué pasará en el segundo semestre?
Es probable que algunas demandas comiencen a recuperarse durante el segundo semestre, especialmente los bienes de consumo durable como son los automóviles 0km y electrodomésticos. Esta demanda puede robustecerse apalancada por el crédito que lograría movilizar algunos sectores que hoy están paralizados.
La baja de la tasa es posible por la estabilidad del tipo de cambio. Actualmente con el dólar quieto y las reservas del Banco Central recuperándose, se despeja en el corto plazo tensiones sobre la cotización del dólar. De modo tal que el gobierno tiene espalda para liberar pesos sin que esto genere una corrida cambiaria en lo inmediato.
Aquí tiene el gobierno sus principales drivers para activar la economía durante el segundo semestre (estabilidad cambiaria y baja de tasa de interés). Sin embargo, está en duda que esta estabilidad sea perdurable más allá del corto plazo. Hoy se beneficia por la temporada alta de liquidación de agrodólares, caída de importaciones por actividad amesetada y aumento de exportaciones de hidrocarburos. Sin embargo, las cerealeras podrían exportar menos tanto por factores estacionales como especulativos, mientras que las importaciones podrían incrementarse (si la actividad mejora), lo cual moderaría el superávit comercial.
Paquetazo fiscal
Pero también en el segundo semestre se divisan vientos en contra que podrían echar amarras sobre la activación de la economía. La caída de la recaudación obliga a darle marcha a la motosierra frente a quita de impuestos como los anunciados recientemente a favor de los sectores exportadores. Sin espacio fiscal, liberar recursos para el agro con reducción de retenciones, implica ajustar a otro sector, necesariamente, para mantener las cuentas en orden.
La contracara de quitar impuestos puede obturar la dinamización del consumo masivo. Por caso, la eliminación de los subsidios energéticos para “Zonas Frías” incrementará los gastos fijos de millones de hogares. Gastos fijos que mantienen una tendencia creciente dado que el ingreso disponible de las familias luego de pagar sus obligaciones es cada vez menor.
Un informe de la consultora Equilibra concluye que el dinero que les queda a las familias luego de afrontar los gastos impostergables de bienes y servicios cayó en marzo. De modo que acumula en el año una contracción de 12% en relación al ingreso disponible medido en 2023. Esto redunda en menos ahorro y, también, menos cantidades consumidas. Claramente esta tendencia debiera revertirse si se prefiere una mejora de la “economía de la calle”.
El eterno problema de la economía bimonetaria no fue resuelto
Dejando de lado los drivers de mejora de la actividad y el viento en contra, abandonando el corto plazo, los economistas observan el dólar. Como siempre, esta vez no es la excepción. Si bien hoy hay estabilidad, la demanda vía ahorristas y viajes al exterior se mantiene alta con un mundial mediante que puede potenciarla aún más.
A juzgar por los movimientos del primer trimestre, se proyecta para el cierre de este año un drenaje en torno a 30 mil millones de dólares entre atesoramiento y servicios. Además, hay otro factor que presionará el próximo año a las divisas disponibles, los compromisos de deuda que tendrán un peso de 18 mil millones solo con acreedores privados.
Esta estabilidad cambiaria con alta compra de dólar billete por parte de la gente genera incertidumbre a mediano plazo dado que, a este tipo de cambio, la demanda de dólares termina por comerse el superávit comercial. Por lo que hay dos caminos posibles a este valor del dólar: el gobierno consigue financiamiento (FMI, Tesoro de EE.UU. o mercado voluntario de deuda) y mantiene la apreciación cambiaria; o bien no lo consigue y sube el riesgo de que el próximo año se pierda el ancla cambiaria producto de los vencimientos y dolarización de carteras en un año electoral.