Ricardo Gareca: La transformación del Tigre

Deportes 20/09/2017 Por
De aquel entusiasta DT de Talleres a estar a un paso de devolver a Perú en las citas mundialistas. Ricardo Gareca le debe mucho de su formación a sus cuatro experiencias en barrio Jardín, que a pesar del mal trago de la última vez, permanecen indelebles en el corazón del hincha.
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1 / 4 - - El seleccionado del Tigre hoy está dentro del lote que saca pasaje directo a Rusia 2018

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Ricardo Gareca dejó un paso sempiterno en Talleres a pesar de que en sus dos últimos ciclos como DT apenas cosechó una sola victoria. Cómo habrá sido de importante su obra que resistió a lo contundente y tirano del resultado en tiempos intolerantes y sin memoria. Es que su anterior legado, con ascenso a Primera frente al acérrimo rival, la obtención de la Copa Conmebol y la consolidación de un estilo fueron ingredientes sustanciales que nunca pasarán de moda por barrio Jardín. Y los méritos absolutos de esas gestas deportivas llevan la firma del ”Tigre”.
Ironía del destino: aquel rubio delantero ex Sarmiento de Junín, Boca y River selló la clasificación en el ‘85 a Argentina a México ‘86, justamente ante la selección que hoy dirige y que logró resucitar después de un pronunciado letargo futbolístico. Con el agregado morboso de que a pesar de haber empujado a la red el pasaje al mundial, no fue invitado a participar de la fiesta que después trajo la Copa del Mundo con Diego Maradona haciendo leyenda.

Lo inmenso de su legado se pudo apreciar con la inmunidad que logró en la gente. Gareca festejó por última vez con el albiazul en la Copa Mercosur, con una goleada 4-1 a Vélez en Liniers, recordada por los dos goles del delantero ex Cipolletti Matías Urbano. Y nada más para destacar. En el torneo doméstico su campaña fue lamentable, perdiendo los siete partidos. Retornó en 2007, sin ningún triunfo. Esa magra cosecha incidió incluso en los promedios como lastre para que coincidiera con otros malos momentos y el club perdiera la categoría dos veces. Sin embargo, la respuesta del hincha iba a contramano de la campaña deportiva. Porque en cada entrenamiento las muestras de amor nunca cesaban a pesar de los malos rendimientos. El título ante Belgrano le garantizó impunidad popular hasta el fin de los tiempos.
¿Algún otro valor agregado? Fue quien hizo debutar a la joya con la cuál Talleres pudo saldar su quiebra: mandó a la cancha a un adolescente de 17 años a que creciera de golpe, para que hoy disfrute de las mieles del fútbol europeo. Un tal Javier Pastore.
Sus últimos pasos en falso rápidamente prescribieron en los Tribunales albiazules. Los fundamentos de gloria superan ampliamente esos conceptos negativos.

El Tigre primerizo

Su primera experiencia fue en el ’96, con una tremenda campaña que no llegó a completar porque Independiente se lo llevó a Primera División. Era su segunda aventura profesional con el buzo de DT y dejó su huella. Había dejado la puerta abierta por su cercanía a los juveniles y porque su estilo había sembrado ilusiones de retorno a Primera. Dos finales perdidas ante salteños y correntinos fueron frustración suficiente como para tolerar otro paso en falso en el último escalón a la máxima elite. Premio que consiguió con la inolvidable final del ’98, en el ex Chateau Carreras, contra Belgrano y por penales para que la fruición desde las tribunas quede perpetua en las retinas de todos los simpatizantes. Diego Garay, Daniel Albornós, Rodrigo Astudillo, Javier Villarreal entre otros, son semillas de su proceso que hasta hoy perduran en el recuerdo.
Dos temporadas en Primera lo dejaron a un triunfo de clasificar a las copas Mercosur y Libertadores, conquista que se acreditó al fin la campaña siguiente Juan José López, con la misma base. Pero en el medio, en diciembre del ’99 el primer título oficial de CONMEBOL llegó a las vitrinas de barrio jardín, con el cabezazo inmortal de Julián Maidana. Primera medalla internacional. Otra caricia al corazón, un tatuaje indeleble que se sigue ostentando.

En tierras incaicas

¿Y en Perú? Sus éxitos en Universitario de Lima fueron casi ocho años antes de su designación al frente del combinado nacional. El tricampeonato en Vélez lo reposicionó de tal manera que no influyó su mal paso en Brasil con Palmeiras, una apuesta donde las diferencia conceptuales le pasaron factura.
Y eso que de local debutó con derrota en el clásico andino con Chile y un agónico empate con Venezuela, en el cuarto minuto de descuento. Las críticas le llovieron. Y tan cierta fue su recuperación en la tabla y el juego como la ayuda que recibió del TAS de FIFA, que le dio por ganado un partido perdido ante Bolivia en La Paz por el uso indebido de un jugador en el equipo del altiplano. Con su batacazo en Quito hoy está dentro del lote que saca pasaje directo a Rusia 2018, a falta de dos fechas y la ilusión de todo un país está cerca de concretarse, después de 35 años de ausencia. El mundial de España ’82 ya parece un cuento lejano en color sepia.

A Argentina siempre le costó Perú. Con el fantasma de la eliminación en la previa a la cita mundialista de México ’70 a cuestas, de esa espina dolorosa (2-2, en La Bombonera) a el gol en tiempo recuperado de Martín Palermo en 2010, la noche de lluvia torrencial donde el cielo lloró a más no poder, con chapuzón del Maradona DT en los charcos del Monumental. Tampoco olvidar la marca pegadiza e insufrible de Luis Reyna sobre Diego para neutralizarlo, al límite del reglamento, como símbolo fundamental de un duelo que tiene historia.

Como la arremetida de Daniel Passarella para llegar a México, que necesitó el empujón en la línea de un artillero letal, que después no sería llamado a participar de la excursión que trajo la copa del mundo. Gareca era ese soldado, ese caballero encargado ahora de conducir a los incaicos nuevamente al evento ecuménico por excelencia de la pelota, aunque tenga que dejar en el camino a su madre patria que tantos honores le rindió en la cancha. Y sin dudas, Talleres formó parte de su preparación, un magisterio acelerado para hoy estar entre los que dominan la cumbre del fútbol sudamericano y que se rehúsan a despertar del sueño.

Daniel Albornós: "Ricardo Gareca Se convirtió en estratega"

La mayor virtud de Ricardo es que siempre anda buscando la tecla para ayudar al equipo. Conoce virtudes y defectos y a partir de ahí es cuando inicia el trabajo para minimizar errores y potenciar los valores. De todas maneras, con el tiempo me da la sensación que se convirtió en estratega. Descubre cada vez con más precisión que es lo que necesita el equipo, interpretando adecuadamente los partidos. Creció desde ese lugar. Por eso se acomodó. No le teme a los escenarios complicados y con Perú demostró eso.
En lo profesional, me aconsejó, me hizo debutar, me dio confianza y le debo mucho en mi formación tanto humana como deportivamente

(*) Daniel Albornós fue promovido desde las inferiores y dirigido por Ricardo Gareca

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