Llegar a Salvador, una odisea que se disfruta

La Selección 13/06/2019 Por
Cuatro aeropuertos, 24 horas de gestiones más tormentas tropicales fueron el saldo de la primera jornada en la cobertura de la Copa América. Situaciones que suman a la aventura del viaje siguiendo a la Selección.
Salvador de Bahía por Fede Jelic
Las calles del casco antiguo de Salvador, al noreste de Brasil - Foto: Federico Jelic (La Nueva Mañana).

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Enviado especial desde Salvador de Bahía

Acompañar a la Selección Argentina en coberturas internacionales puede ir cargado de vicisitudes y peripecias, obstáculos impensados y hasta insólitos, pero que al saldo del final del viaje uno no puede dejar de contarlas como aventuras o experiencias inolvidables. En este caso, Brasil, un destino que lejos está de ser inhóspito o singular, con sus lluvias tropicales del Nordeste regalaron una postal intrincada aunque lo más complicado arrancó desde Córdoba, sin dudas.

Primero la neblina fue protagonista, con vuelos cancelados y con reactivaciones siete horas después, algo inusual a nivel logística para cualquier aerolínea. El tema es que en Ezeiza también hubo demoras sin muchas explicaciones y ya el cronograma indicaba la pérdida de la conexión desde Sao Paulo hacia Salvador De Bahía, punto de partida de la Selección Argentina en la Copa América con toda la ilusión a cuestas de muchos cordobeses que buscaban fútbol y playas como mini vacaciones de julio, escapando al invierno del sur del continente.

La temperatura ambiental comenzó a trepar ante la noticia de que en el gigantesco Aeropuerto de Guarulhos en Sao Paulo, no llegaban las maletas del vuelo demorado desde Ezeiza. Y claro, cuando las incógnitas subían, denuncia mediante, se procedió a embarcar rumbo a Salvador. No vaya a ser cosa de que se pierda otro vuelo. Sin embargo, mientras las direcciones de los hoteles en Salvador inundaban las páginas de destinos de las maletas en plena búsqueda, las tormentas azotaron sin piedad y fue imposible aterrizar en el Aeropuerto internacional Diputado Luis Alberto Magalhaes.

Es decir, después de varios intentos y una hora rondando en busca de la vía aérea más tranquila, la decisión fue estirar el viaje hasta el Nordeste, en Recife, capital de Pernambuco, casi una hora y media más.

Allí tampoco los oficiales de viaje mostraron sus habilidades ni se caracterizaron por su capacidad resolutiva. La respuesta fue ir a un hotel  y después a la tarde noche regresar al aeropuerto de Recife, para concretar la última escala del viaje de ida en la Copa América. Salvador parece un bastión de resistencia. Pero mientras el objetivo de fondo siga siendo cubrir las alternativas de la selección Argentina, todo tiene menos dolor y hasta casi se disfruta, a pesar de los entretelones indeseados. Todo sea por ver a Lionel Messi y acompañar el sueño de los argentinos de poder levantar la Copa en Brasil, esa que fue esquiva en 2014.

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