10 años sin Santino, un bebé que fue víctima de un disparo policial: "Condenen al asesino de nuestro hijo"

Santino Cabanillas tenía un año y nueves meses cuando recibió un disparo de un oficial de la Policía de Córdoba, en la puerta de su casa, ubicada en el barrio Marqués Anexo. Tras una década, el crimen continúa impune y el pedido de justicia sigue firme.
Córdoba22/01/2026Bahía Luz De PalmaBahía Luz De Palma

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Marcha de la Gorra 2019 Javier Imaz
El niño murió en los brazos de su padre, luego de recibir una bala policial. Foto: Javier Imaz / archivo LNM

Santino Cabanillas tenía un año y nueves meses cuando recibió un disparo policial que lo dejó sin vida. Sucedió el 22 de enero de 2016, en el barrio Marqués Anexo, cuando dos policías desataron un tiroteo que culminó con el asesinato del niño. A 10 años del crimen la familia del pequeño exige que comience el juicio contra el sargento Guillermo Torres, acusado de gatillar.

"Nosotros si matamos, si cometemos un delito somos juzgados, los policías siguen su vida como si nada, es muy injusto" dijo la mamá de Santino a este medio. 

Aquella noche, los agentes tenían bajo la mira a dos adolescentes que supuestamente habían robado en un negocio. En calles pobladas y con personas en las veredas que escapaban del calor, Torres y su compañero, Matías Venecia, desenfundaron sus armas reglamentarias y empezaron a disparar. Una bala alcanzó a Santino, que estaba junto a su padre. Los uniformados continuaron con una desmesurada persecución, a los tiros. El niño murió.

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En la última Marcha de la Gorra, el reclamo por Santino junto al de otras víctimas ocupó las calles. Atrás el cartel con su foto. Foto: Maximiliano Diana / archivo LNM

La versión judicial

Horas después del crimen, el fiscal Gustavo Dalma indicó que se trató de un fuego cruzado, y que los jóvenes acusados de robo habían matado de un balazo a Santino. Los chicos fueron detenidos y alojados en el Complejo Esperanza. La familia de la víctima desestimó la versión oficial y de inmediato denunció el accionar policial. 

Ocho meses más tarde, una bala que había quedado alojada en la pierna de uno de los adolescentes se desprendió y él la guardó para luego llevarla a la fiscalía. Ese proyectil permitió establecer que todas las vainas en la escena del crimen coincidían con el arma nueve milímetros utilizada por uno de los policías. 

Los dos chicos fueron liberados y la causa cambió de fiscal, quedando en manos de Carlos Matheu, quien ordenó la detención de Torres. El oficial fue imputado por homicidio agravado por uso de arma de fuego y por ser cometido por un servidor público en ejercicio de su función. Venecia no fue acusado.

Para ese momento, la Justicia confirmó que las pruebas dermotest que se le efectuaron a los adolescentes arrojaron un resultado negativo, estableciendo que no había rastros de pólvora en sus manos. La situación del personal de la fuerza se complicó, con la fuerte sospecha de que habrían plantado un arma a los jóvenes, para responsabilizarlos de la muerte de Santino. Según las pruebas que recolectó el fiscal, las balas halladas en la escena del crimen correspondían a la pistola que manipulaba Torres, descartando la hipótesis del fuego cruzado. 

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“No hay dudas de que lo mató una bala policial”, dijo el fiscal Matheu. Foto: Maximiliano Diana / archivo LNM

Un asesinato policial impune

En julio de 2017, la jueza de Control Anahí Hampartzounian liberó al policía Guillermo Torres argumentando “falta de mérito”. El fiscal Matheu cuestionó la decisión: “No hay dudas de que lo mató una bala policial”, expresó en diversos medios locales, advirtiendo que implica un riesgo para la investigación la excarcelación del principal acusado. En la misma línea, señaló que el peritaje de la Policía Judicial estableció que el proyectil que mató al niño salió disparado del arma de Torres. 

Mientras estuvo preso, Torres fue investigado por otro delito. Fue acusado por hostigar y humillar a dos adolescentes en barrio San Roque. El hecho se conoció porque el oficial difundió un video en donde se ve a dos niños de 13 y 14 años corriendo abrazados al lado del patrullero, amenazados por Torres y otro oficial. La fiscal Jorgelina Gutiez tuvo en sus manos la causa y los imputó por “privación ilegítima de la libertad”, pero hasta ahora el caso no avanzó. 

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Santino tenía un año y nueve meses cuando un oficial le disparó. Foto: gentileza familia Cabanilla y Moyano. 

El pedido de justicia

“Lo extrañamos mucho a nuestro bebé. No es no es muy fácil la situación pero luchamos para que comience el juicio. Es lo que más anhelamos”, expresó Cintia Moyano, la mamá de Santino, en diálogo con La Nueva Mañana.

La mujer denunció que luego de 10 años la Justicia no les brindó ninguna respuesta. “Exigimos que condenen al asesino de nuestro hijo. Debe pagar porque a nosotros como familia nos destruyó la vida”, insistió.

La familia de Santino Cabanillas le confirmó a este medio que a fines del año pasado su representante legal, el abogado Carlos Nayi, informó que la instrucción será elevada a juicio. El papá y la mamá del niño adelantaron que realizarán una movilización cuando termine la feria judicial. 

Ese 22 de enero de 2016, Cintia se reencontró con su pareja y padre de sus hijos, Federico, quien había estado 20 días detenido por un crimen que no cometió y tras confirmarse su inocencia recuperó la libertad.   

Moyano recordó que ese atardecer era de celebración: “Estábamos en la puerta de mi casa. Fede jugaba con el bebé, lo alzaba y estaba feliz”. A los pocos minutos escuchó gritos y la vida familiar dio un terrible giro. 

“Se me acerca Fede desesperado con el bebé en brazos y me dice que le pegaron un tiro. Me lo muestra y yo le toco la pancita y la mano me quedó llena de sangre”, contó la madre de Santino.

En ese momento salieron corriendo al Hospital Infantil, donde el personal de salud les confirmó el fallecimiento, tras 40 minutos de practicarle maniobras de reanimación. 

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"Nos quieren pisotear por vivir donde vivimos". Foto: Miriam Campos/ archivo LNM

La Policía en los barrios

Consultada sobre la primera versión judicial, Cintia aseguró que “los menores no tenían ningún arma”. La mujer señaló que tras el crimen realizaron marchas junto a vecinos denunciando la violencia policial, que, según su testimonio, es una constante en ciertos espacios de la ciudad de Córdoba. 

“A este barrio -Marqués Anexo- lo tienen como zona roja, entonces les da lo mismo disparar”, explicó y se extendió: “Después del asesinato de Santino, un policial dijo ‘una rata menos’. Nosotros sabemos que si no trabajamos no comemos, si no estudiamos no somos nada. Nos quieren pisotear por vivir donde vivimos”. 

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