
Gracias mundiales



En su libro, la autobiografía que editó Planeta, Mario Kempes cuenta que no le fue posible tocar la copa del mundo, ese lejano e imborrable 25 de junio de 1978, y recién en 2006, antes del mundial de Alemania, pudo tocar por primera vez la copa del Mundo. Tuvo que esperar 28 años para tocar ese trofeo que había ganado. Cosas del destino, múltiples motivos, que tendrán que buscar y leer en el libro; pero el Matador, no solo no pudo acariciar el trofeo, sino que tampoco dio la vuelta olímpica ni conservar la camiseta con el “10” con que hizo los goles que nos dio nuestro primer campeonato mundial.
Corría el año 1980, y fuimos de vacaciones con mis viejos a Mar del Plata. Era mi primera vez, y para alguien nacido en un pueblo todo era llamativo. Aunque lo que más me impactó eran la cantidad de gente en la Bristol, y la multitud que se reunía todas las tardes cerca del hotel provincial para ver los famosos que llegaban a la terraza de Mateyko. Iban todas las figuras, cantantes, actores, periodistas... Y un día anunciaron que estarían los campeones del mundo, Menotti, Fillol y Kempes.
Mis padres no pensaban abandonar la “comodidad” de la Bristol. Mi hermano ni loco iba a salir a perseguir un autógrafo. Entonces, no me quedó otra que partir con 10 años a la salida del Hotel Provincial apenas terminado el programa. No sé si pedí autorización o me escapé; lo que si recuerdo, es que apenas llegado a la zona de la puerta, me di cuenta que no era el único que tenía la ilusión de saludarlos.
Había mucha gente, y de lo que también estaba seguro era que yo era el más petiso de todos. Realmente la policía había cortado la calle por la multitud. Mi pequeña estatura, era una debilidad, pero mi niñez, terminó siendo un punto a favor y termine entre la puerta giratoria y el auto que los subiría. Tenía ojotas, y tenía miedo de perderlas. Cada tanto recibía un pisotón.
En mi mano tenía un papel y una lapicera. En un momento alguien de seguridad sale de la puerta giratoria, y detrás venía Menotti. Se asoma luego Fillol, y pasa saludando. No estaba con el buzo verde con la 5. Fue increíble verlo. No firmó casi autógrafos y se metió en el auto. Mi lapicera aún esperaba. La puerta giratoria que se vuelve a mover. Allí estaba Mario Alberto Kempes, con su impecable melena, venía de ser campeón con el Valencia y con Argentina. Los empujones eran más fuertes. Entre todos esos apretujones, termino parado casi al lado. Tal vez por ver a un niño tan maltratado, el matador me acaricia la cabeza, caminó dos pasos más y se mete dentro del auto.
Una señora me dice: “¡Te saludo! ¡Te saludo!”. Pero mi hoja estaba en blanco, y mi lapicera transpirada de tanto apretarla. No era época de selfies ni meet & greet. Camine por el borde del Provincial hasta la Bristol. Me fue más fácil saludar a Kempes que volver a encontrar a mis viejos. Cuando les conté lo que había hecho, es probable que me hayan retado, pero ya estaba ahí sano y salvo.
Hace un par de miércoles, en un centro comercial de la ciudad Córdoba, Mario Kempes firmaba ejemplares de su autobiografía. Entonces no dude. A la hora señalada estaba allí. Compré un ejemplar del libro e hice la cola para la firma.
Estuve pensando más de una hora en qué le iba a decir. En la espera la gente contaba recuerdos, había quien lo vio en Central, la mayoría en la Gloria, y otros traían recortes de revista El Gráfico. La espera no fue aburrida en absoluto... Y yo pensaba que le diría...
Se paseaba por ahí el “Rana” Valencia. Un padre en la cola, le contaba a su hijo que Menotti había elegido entre Valencia y Maradona para el plantel del ‘78. El hijo no le creía mucho. El abuelo le decía al nieto con la camiseta del Barca, “ese que está ahí fue como Messi”. Pero el pibe a Kempes en la Play lo escucha comentando y no jugando...
Mientras esperaba leí que él había esperado 28 años para tocar la Copa del Mundo. Recordé que con 7 años salí al centro de mi pueblo a la caravana por haber salido campeones del mundo, y esperaba ver a los jugadores. Uno a esa edad, tenía una noción del tamaño del mundo algo ingenua. Si el niño Dios, llevaba juguetes a todas partes, estos como no van a venir a festejar a mi pueblo. Ese 25 de junio, me fui a dormir...
Terminó la cola. Y finalizó la espera. El próximo para firmar era yo. Cuando lo vi al “Matador” le dije mi nombre. Empezó a firmar. Había pensado decirles tantas cosas, se me vinieron tantos recuerdos. Tantos abrazos que la gente se dio con los goles de esta bestia. Se me anudó la garganta.
Y le dije “Hace 39 años, desde el 25 de junio de 1978, que quería decirte GRACIAS, GRACIAS MUNDIALES”.
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