En Cosquín: una caminata entre duendes para hacer en familia y dejarse sorprender
Hace poco más de dos años, la Municipalidad de Cosquín presentó una nueva propuesta turística para que sus visitantes y habitantes puedan disfrutar de la naturaleza en un sector más alejado del casco céntrico.
Se trata del “Sendero del duende", una opción que se convirtió en uno de los escenarios elegidos para realizar caminatas a orillas del Río Cosquín.
Un territorio ancestral
El sendero está dentro de la Reserva Natural Cultural Río Yuspe y para llegar hasta allí hay que salir de la ciudad de Cosquín por la avenida Gerónico, en dirección hacia la nueva Autovía Punilla, atravesarla y tomar la primera calle de tierra que sale hacia la derecha.
Rápidamente, se puede notar que el monte gana protagonismo y se pueden ver algunas casas desparramadas. Cuando se presentan bifurcaciones de calles, siempre hay que seguir hacia la derecha, hasta atravesar por debajo de la Autovía nuevamente.
Luego hay que seguir en dirección hacia la derecha, cruzando por el territorio habitado por la Comunidad Indígena Las Tunas, que hace unos años se opuso al paso de la autovía ya que atravesaba su comunidad y los afectaba en su dinámica de vida.
Las casas llegan hasta cerca del río, allí se puede dejar el vehículo y comenzar la caminata que está señalizada con un cartel.
Una caminata entre duendes
El cartel indica que el sendero es de dificultad baja, que tiene una distancia de 1200 metros solo de ida y una duración aproximada -siempre depende del ritmo de cada uno- de una hora y media, también solo de ida.
Y un dato muy importante a tener en cuenta: antes de salir hay que informarse del estado del sendero y evitar hacerlo si está prevista una crecida del río o si ha llovido mucho los días previos.
Al realizar unos pasos ya se puede entender la importancia de esta recomendación ya que el sendero circula a pocos metros del Río Cosquín.
Unos carteles en el margen izquierdo del camino dan la bienvenida. En uno de ellos se puede leer: “Este barrio (...) fue el último rincón de Cosquín donde la comunidad indígena conservó sus tierras comunales”. En otros se hace referencia a los duendes preparando a los caminantes para dejarse sorprender.
El murmullo del río es un fiel compañero en todo el trayecto y el sendero comienza a cerrarse entre árboles altos entre los que predominan las acacias negras con sus enormes espinas y los siempre verdes, tan habituales en todas las sierras.
La intriga por ver a los duendes es el principal motor de los primeros pasos en el sendero y rápidamente aparecen: los hay petisos con grandes sombreros, gigantes recostados en el pasto y escurridizos en los troncos de los árboles.
Créanme que aunque no sean niños ni vayan con ellos, es inevitable recorrer el sendero con la expectativa de ver a los duendes.
Naturaleza y río
Tal como decía el cartel, el sendero no presenta dificultad, salvo algunas partes que conservan agua debido a las constantes lluvias y lloviznas de este último mes, pero no impiden el paso, ya que se puede circular por el costado.
Aparte del avistaje de duendes, la caminata también puede incluir paradas para sentarse a contemplar el río o, en verano, para darse un chapuzón y luego seguir.
El final del recorrido es en un vado que permite cruzar hacia el área urbana, en uno de los últimos barrios de la ciudad.
El “Sendero del duende" es una caminata ideal para dejarse llevar por la imaginación, para jugar con los más pequeños y disfrutar de la naturaleza con un condimento especial.