"Tras 50 años la tierra los empieza a devolver": quiénes son los identificados en La Perla
Después de cinco décadas de búsqueda, nueve personas desaparecidas durante la última dictadura cívico-militar fueron identificadas a partir de los trabajos del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) en la zona de Loma del Torito, en terrenos del Ejército próximos al excentro clandestino de detención, tortura y exterminio La Perla, en Córdoba. Hasta el momento, ya son 38 los identificados.
“Los desaparecidos nos faltan a todos”, indicó la familia de Néstor Acosta Ludueña.
Las identificaciones permiten devolver nombres e historias a personas que fueron secuestradas, torturadas y desaparecidas por el terrorismo de Estado. También aportan nuevas evidencias sobre el funcionamiento del aparato represivo: los restos recuperados, en algunos casos fragmentarios, confirman la dimensión de la violencia ejercida por la dictadura y el ocultamiento sistemático de sus crímenes.
“Después de 50 años la tierra nos empieza a devolver. Son 38 identidades que vuelven a las familias", dijo Sebastián Soulier, hijo de Juan Carlos Soulier Guillén, conocido como “el Negro”. Su padre fue secuestrado en agosto de 1976 junto a su compañera, Adriana María Díaz Ríos, y su pequeño hijo, que tenía apenas cinco meses y posteriormente fue recuperado por su familia.
"Es un logro colectivo, de muchos”, agregó Soulier y reivindicó el trabajo de los organismos de derechos humanos y de las familias que sostuvieron la búsqueda durante décadas.
En esa misma línea, la hermana de Néstor Albino Acosta Ludueña destacó la búsqueda y el trabajo por la Verdad y la Memoria: “Hoy, luego de 50 años de mucha espera, podemos decir que Néstor está aquí, está presente, está con nosotros. Dejó de estar ausente, de tener la condición de desaparecido".
En la conferencia de prensa, la mujer agregó: “Vamos a seguir luchando y trabajando por todos los desaparecidos que nos faltan".
Nueve historias que la dictadura no pudo borrar
Los nombres difundidos permiten recuperar parte de esas historias y reconstruir quiénes eran las personas que permanecieron desaparecidas durante décadas.
Alejandro Ernesto Jesús Jerez Bodereau, tenía 22 años y estudiaba Psicología en la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), trabajaba en la planta de IKA-Renault y militaba en el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT). Fue secuestrado el 5 de mayo de 1976 junto a su compañera, Susana Noemí Huarte, quien estaba embarazada de dos meses. Ambos continúan desaparecidos. El hijo o hija que debió nacer en cautiverio a fines de 1976 todavía no conoce su verdadera identidad.
Néstor Albino Acosta Ludueña, tenía 20 años, era trabajador ferroviario y tenía participación gremial. Sus familiares lo recuerdan por su afición a la música y la guitarra, y por una infancia compartida en el barrio Talleres Sud. Su mamá lo esperó durante años y murió sin conocer su destino.
Pascual Delfín Ludueña Leyva tenía 29 años, era trabajador de Fiat Concord y delegado sindical. Había nacido en Comechingones, Córdoba, y era hincha de Belgrano, club del que era socio. Fue secuestrado el 24 de marzo de 1976 en su casa de barrio Patricios. Sus hermanos Olga y Raúl lo buscaron incansablemente durante décadas.
Claudio Norberto Nardini Lambir tenía 34 años, trabajaba en la empresa SanCor y tenía participación gremial. Sus compañeros lo llamaban “el Nazi”. Fue secuestrado el 23 de abril de 1976 de su casa, en el camino a Monte Cristo, delante de familiares. Su caso formó parte de la megacausa La Perla-La Ribera-D2, cuya sentencia se dictó en 2016.
Cecilia Alicia Pessina Libro de Ávila, tenía 27 años, nació en Río Tercero, estudió Psicología en la UNC y militaba en la Organización Comunista Poder Obrero (OCPO). Su hermana la recordó como una chica inquieta, comprometida con las cuestiones sociales y con una permanente búsqueda de respuestas. Fue secuestrada el 14 de agosto de 1976 en su casa de barrio Alto Alberdi, en presencia de su hija de tres años.
Mónica Protti de Guillén, tenía 24 años, había nacido en Río Cuarto, se recibió de maestra y luego estudió Medicina en la UNC. Militaba en el Partido Comunista. Fue secuestrada el 21 de septiembre de 1976 de su casa de barrio Villa Belgrano, junto a su compañero Enrique Daniel Guillén, y delante de integrantes de su familia. Sus restos fueron identificados, pero Enrique continúa desaparecido.
Mercedes del Valle Ramírez Agüero, tenía 22 años, cursaba el cuarto año del secundario en el Colegio Juan Larrea, trabajaba en un negocio de lanas y participaba de la militancia estudiantil. Fue secuestrada el 3 de julio de 1976 y permaneció cautiva en La Perla.
María Luisa Salto Segovia, de 20 años, estudiaba tercer año de Medicina en la UNC y militaba en la Juventud Universitaria Peronista (JUP)-Montoneros. Fue secuestrada en la vía pública, en la ciudad de Córdoba, el 28 de julio de 1976.
Juan Carlos Soulier Guillén, de 23 años, conocido como “el Negro”, estudiaba Ingeniería en Construcciones en la Universidad Tecnológica de Córdoba y trabajaba como electricista en la empresa familiar. Militaba en los Comandos Populares de Liberación, que luego se fusionaron con las Fuerzas Armadas de Liberación 22. Fue secuestrado el 15 de agosto de 1976 junto a su compañera, Adriana María Díaz Ríos, y su hijo de cinco meses. El niño fue recuperado por su familia, pero Adriana continúa desaparecida.
Una búsqueda que todavía no termina
Las identificaciones constituyen un paso fundamental para las familias, pero no cierran la búsqueda. Todavía hay personas desaparecidas cuyos restos no fueron encontrados y familias que continúan esperando respuestas sobre el destino de sus seres queridos.
El trabajo del EAAF, las investigaciones judiciales y la persistencia de los organismos de derechos humanos permitieron avanzar sobre uno de los capítulos más dolorosos de la historia argentina. Recuperar las identidades no solo hace posible un reencuentro para las familias: también aporta pruebas para reconstruir los crímenes de la dictadura y sostener la memoria colectiva.
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