Opinión Por: Sergio Tagle26/09/2026

Kicillof, si el modo de construcción fuese el proyecto

El gobernador de Buenos Aires afirma que “las nuevas canciones se componen colectivamente y de abajo hacia arriba”. La ejecución literal de esta definición significaría un modo novedoso de refundar el peronismo, inspirado en el 17 de octubre.

Axel Kicillof lo dijo en el Plenario Federal del Movimiento Derecho al Futuro. De asumir sus afirmaciones hasta las últimas consecuencias, entonaría inéditas melodías y letras políticas que sí estuvieron presentes cuando nació el peronismo. No ocurrirá lo mismo, en cambio, si se trata de una mera maniobra para posicionarse en la interna partidaria.

Ricardo Carpani

El enunciado sería novedoso en tanto y en cuanto eluda la aburrida música que acompaña poesías de baja calidad, ya gastadas por el uso partidario tradicional. Esto es: no debiera ser solo una tardía, aunque ingeniosa chicana dirigida a quien dedica tiempo completo a boicotear su candidatura presidencial, Cristina Kirchner. La expresidenta y exvicepresidenta acostumbra, efectivamente, designar desde una oficina —lapicera en mano y a control remoto— a los postulantes a ejercer el poder en la Casa Rosada, una práctica que el gobernador criticó sin nombrarla. Evaluado desde el presente, el resultado de este método —calificado como “jugadas geniales” por sus seguidores más intensos— es Javier Milei.

Más que plataforma electoral

Las bases a privilegiar en la escucha debieran ser militantes, sí, pero también las mayorías populares no organizadas. Estas últimas están tan lejos de la política como del activismo partidario. Y para conocer sus actuales sufrimientos no son necesarios sofisticados métodos de indagación social; “las cosas se cuentan solas, solo hay que saber mirar”: salarios, jubilaciones e ingresos que no cubren las necesidades mensuales más básicas, carencias sanitarias, educativas, endeudamiento personal y familiar; desamparo social absoluto. Aparece como evidente la necesidad de sustituir el actual sistema de expoliación nacional y social por un modelo de desarrollo económico con redistribución progresiva de la riqueza, sin inflación, y que produzca empleos de calidad. Una dirección política que se precie de reformista, además de restaurar todo lo devastado por el gobierno de Milei, deberá desestructurar las bases socioeconómicas del poder que lo hicieron posible. Y, en lo económico, invertir el movimiento 'de abajo hacia arriba' de lo político: en las alturas sociales y en el norte global están las riquezas despojadas a la comunidad.

El proyecto, para ser realmente una “nueva canción”, debiera apuntar a la definición de una estrategia de poder nacional, popular y democrática. Esto es, no limitarse a la confección de una plataforma  electoral o, peor aún, a plebiscitar con afiliados, adherentes y simpatizantes una oferta ya consensuada con los poderes establecidos. Esta vez, el “qué hacer” desde el gobierno debe ir acompañado de tácticas y estrategias que contemplen la participación popular también para su concreción. Un balance de la experiencia de los últimos gobiernos kirchneristas así lo prescribe. Su última gestión, en particular, supo justificar omisiones a la hora de profundizar rumbos transformadores apelando a las “relaciones de fuerza” entre los poderes hegemónicos y el gobierno, desfavorables para este último.

Pero las situaciones políticas referidas como desventajosas se transforman en propicias para avanzar cuando existe una voluntad política cuya fuerza emane y descanse en formas de lo que hoy se considera un anacronismo: poder popular. Esto requiere de una organización política que opere como promotora y articuladora de la organización social de base. El partido debe abandonar su condición de cáscara que se arma y rearma solo antes de las elecciones, para transformarse en un instrumento que potencie las organizaciones libres del pueblo existentes y facilite la creación de nuevas.

No falta vida política activa en el suelo de la sociedad. La tarea principal de “lo nuevo” debiera ser conectar la actual fragmentación de organizaciones, movimientos y luchas —en curso o embrionarias a desarrollar— e incluirlas en un proyecto político común a nivel local, nacional y regional que no disuelva sus singularidades ni ahogue su autonomía.

Un programa democrático (no liberal) sistematiza necesidades, deseos y saberes populares al tiempo que ofrece un rumbo que, si está orientado a la imprescindible reconstrucción nacional, necesitará de una fuerza por lo menos equivalente a la utilizada por el enemigo ultraderechista que convirtió al país en tierra arrasada.

El peronismo, desde abajo

El peronismo no nació en un local partidario ni en una oficina céntrica de la capital del país. La historia más difundida del movimiento propone una narración centrada en su mítico líder. Pero Juan Domingo Perón no lo fundó, sino que él mismo fue una creación de las masas trabajadoras de su tiempo; fue “inventado” por la movilización obrera, popular e independiente ocurrida el 17 de octubre de 1945. Entonces, a mediados del siglo pasado, el peronismo fue una composición colectiva elaborada de abajo hacia arriba. Es decir, fue la nueva canción de su época. Kicillof será heredero de esa tradición, si su proyecto no abreva tanto en el kirchnerismo del pasado reciente, sino en lo mejor de la historia del peronismo.

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