Endeudados para comer, una postal de un programa económico que hace agua
Una economía fría, ingresos que pierden poder de compra frente a la inflación y destrucción de puestos de trabajo son algunos de los factores detrás de la masiva morosidad.
Según registros oficiales del Banco Central de la República Argentina (BCRA), el 15% de los préstamos otorgados por bancos a las familias no se están pagando en tiempo y forma. Este indicador lleva 19 meses creciendo de manera ininterrumpida. Se trata de un valor que siempre osciló en torno al 3%, llegando a tocar el 6% durante la pandemia.
Pero las familias no solo están teniendo dificultades para pagar los vencimientos de deuda en el sistema bancario formal, ya sean por préstamos o tarjeta de crédito.
Hay dos realidades bien diferentes vinculadas a la morosidad. Por un lado, están quienes se endeudaron para adquirir bienes durables y tienen dificultad para devolverlo porque su ingreso disponible (el excedente luego del pago de gastos impostergables) es menor del que planificaban disponer o simplemente perdieron su fuente de ingreso. Pero también hay otro tipo de acreedor vinculado directamente con necesidades primarias insatisfechas de las familias.
Sin topes ni controles, creció la usura
El problema del endeudamiento radica en que a la necesidad material se le suma la desregulación que el Gobierno implementó en el mercado de crédito, eliminando topes.
Así, a partir del Decreto de Necesidad y Urgencia N° 70, firmado por Javier Milei el 20 de diciembre de 2023, tanto bancos como entidades “de cualquier naturaleza” no tienen límite alguno a la hora de cobrar interés por dinero prestado, solo tienen la obligación de publicarla y comunicarla.
Por lo tanto, se suman a los tradicionales bancos fintechs, supermercados, billeteras virtuales o compañías de servicios (como puede ser Personal Pay) que pueden prestar ahora fijando la tasa que deseen.
Sólo por mencionar algunos ejemplos, en el caso del préstamo de Personal de acreditación inmediata el costo financiero total oscila entre un mínimo de 102% y un máximo de 1.706%. Mientras que los otorgados por Carrefour Banco tienen un costo de 502%. De modo tal que alguien que saca este último préstamo para comprar comida en el supermercado por $50.000 termina pagando cuotas que duplican largamente el valor inicial.
El iceberg oculto de la usura barrial y el sobreendeudamiento crónico
Pero el problema es más profundo, no termina ahí. También hay otros mecanismos alternativos a los que acuden los sectores más empobrecidos por fuera de la formalidad.
Una encuesta realizada por el Instituto de Estadísticas y Tendencias Sociales y Económicas sobre un total de 4.200 hogares concluye que más del 90% registran algún tipo de endeudamiento. Mientras una mitad se financió en el circuito formal, la otra lo hizo por fuera de la vía tradicional.
La investigación arroja resultados alarmantes referidos a la situación de morosidad de los deudores. El 89% de las deudas están en situación de incumplimiento, cuando hace un año atrás el registro marcaba 60%.
El informe del IETSE alerta sobre un problema que se presenta denso, dado que lo conocido de acuerdo al informe de deudores del Banco Central es tan solo la punta del iceberg. Por debajo de eso están quienes se financian con: prestamistas, mediante el fiado, el alquiler, prestamos familiares, la escuela privada, la empresa de servicios y un largo etcétera.
Asimismo, el informe revela que son comunes los casos en que se busca más de un financiamiento. Prácticamente un tercio de los deudores acumulan más de tres compromisos diferentes, cuando estos casos eran menos del 10% hace un año atrás.
En el mismo sentido, la consultora Mayra Arena, destacada por su análisis de la realidad del conurbano bonaerense, comentó ante una consulta de La Nueva Mañana que “la mayoría de la gente saca con prestamistas del barrio. Muchos van al prestamista luego de haberse endeudado con Mercado Pago y desinstalar la aplicación. Pero hoy se ve sobreendeudamiento, ya no tienen a quien pedir. Entonces, toda plata que entra ya está destinada a pagar algo que había que pagar en el pasado. Si viajan al futuro, siguen debiendo plata”.
Cuando el dogma desregulador choca con la calle
La desregulación del ministro Federico Sturzenegger en un contexto de actividad languideciente, con crisis de empleo, lejos de ofrecer una solución terminó por agravar la situación de miles de hogares. Si bien la desregulación apuntaba a ampliar la oferta de crédito y estimular la inclusión financiera, es en los hechos usura que se aprovecha de los sectores más vulnerables.
La respuesta del Gobierno fue minimizar el problema. Por el momento, según el Presidente y la cabeza del equipo económico, “se trata de un problema entre privados”, en donde el Estado no tiene por qué meterse. Sin embargo, quien sí se expidió al respecto fue Roberto Urquía, hombre fuerte del “círculo rojo”, quien destacó que “la gente no llega al 15 de cada mes”, están “con deuda y no vendiendo”.
En igual sentido se viene expresando el empresario y economista libertario Gustavo Lazzari, quien enfatizó que el endeudamiento de los trabajadores es “estomacal”.
De cualquier manera, se presenta aquí un problema económico y social de magnitud que pone en duda la sustentabilidad del programa económico.
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