Capacidad de carga turística: ¿cuántos visitantes puede recibir un lugar sin afectar su ambiente?
En el ciclo de reflexión Conversa Turismo se habló sobre la capacidad de carga turística junto a Horacio Vega, licenciado y guía de Turismo.
El Día Mundial del Ambiente, celebrado cada 5 de junio, fue establecido en 1972 durante la Conferencia de Estocolmo para promover el desarrollo sustentable y la protección del entorno, y constituye la principal plataforma de las Naciones Unidas para impulsar la acción global y la conciencia ambiental.
El turismo es una actividad socioproductiva compleja, con una multiplicidad de factores que requieren un abordaje particular en función de los aspectos tanto económico como sostenible y que otorga una singularidad a cada escenario.
El hecho de abordar los impactos y el desarrollo turístico “tiene un auge y comenzaron a desarrollarse a partir de la masificación del turismo en la última década del siglo XX, en el marco de los procesos de popularización de la actividad y que llevaron a hacer más visibles los impactos ambientales, socioculturales y económicos”, adelantó Vega.
En tanto, esos impactos comenzaron a tener una incidencia clave en el ciclo de vida de los destinos turísticos, “con una fuerte incidencia en el decaimiento en la consolidación de los lugares de turismo”.
Por otra parte, hay destinos turísticos en los cuales la afluencia masiva de visitantes está llegando ahora, y existen algunos lugares que todavía no ven esos impactos ambientales, socioculturales y económicos, y otros que los han visto y tuvieron que resolver y que han comenzado a prever las problemáticas irreversibles.
Grados de impacto
La capacidad de carga turística surgió de la experiencia de áreas protegidas y atractivos naturales y culturales específicos. “Surgen allí porque esos atractivos ambientales tiene una mayor fragilidad y mayor capacidad de gestión en términos de que tienen una normativa que les permite tomar decisiones solos”, agregó el experto en turismo.
Entonces, ¿cómo se puede evitar llegar al extremo de lo que sucedió en Islas Baleares, donde los habitantes salieron a protestar por la invasión de turistas?
Se pueden llevar ciertos criterios para establecer capacidad y en muchos casos existen experiencias en ordenar no solo en términos cuantitativos sino cualitativos de que turismo se quiere que venga o cómo quiere que venga. Destinos que han prohibido valijas con rueditas porque la comunidad ha planteado que se produce un impacto sonoro por el ruido en las veredas.
Algo que no sucede en los destinos o localidades donde hay concurrencia de normativa que hacen más fácil el ordenamiento de las áreas protegidas, porque no toda la culpa de la problemática la tiene el turismo.
Límite y manejo de destinos protegidos
Cuando se habla de capacidad de carga, límites y manejo de impacto de visitantes “cobra centralidad el conocer y medir los impactos, en la importancia de conocer qué vamos a gestionar y tiene que ver con conocer cuál es la situación inicial del proceso que se va a llevar adelante”, sostuvo en referencia a medir los impactos.
Para llevar adelante estas prácticas de medición de visitantes utilizan el concepto de línea de base para los procesos de planificación, lo que lleva a la comparación de un destino para ver cómo se estuvo antes.
“No todo visitante impacta de la misma forma y no todo ambiente tolera de la misma forma, pero es una metodología de medición que tiene muchas experiencias de aplicación positivas”, refirió el guía.
Capacidad de carga física
Asimismo, existen aspectos que tienen que ver con fórmulas matemáticas, donde la capacidad de carga física es la primera aproximación y que “tiene una respuesta fácil: cuántas personas entran en el lugar por metros cuadrados disponibles y tiempo de los recorridos”, advirtió.
En tanto, lo de la capacidad de carga física, lo más fácil es poner como ejemplo un mirador, cuántos metros tiene este sitio, cuántos metros necesita cada persona para tener una experiencia satisfactoria en ese lugar y cuánto tiempo le lleva el recorrido”.
Lo que se intenta realizar es un cálculo de que alrededor de 50 personas estarán en el mirador 15 minutos y que en una hora habrán pasado 200 visitantes.
Como un ejemplo concreto de esa carga física, La Nueva Mañana comentó el caso en La Garganta del Diablo, en el Parque Nacional Iguazú, donde es tanta la gente que circula que no se pueden apreciar bien las cataratas ni tampoco sacar fotos.
“Sí, eso se da en otros lugares también –comentó el profesor de Guardaparques-, como en el caso de los miradores donde muchas veces son tantos los turistas que uno termina viendo las cabezas de quienes están adelante”.
Conservación del área protegida: El Salto, en La Estancita
Otro de los factores que pueden alterar el área protegida es que el ‘olor humano’ altera a ciertos animales.
La capacidad de gestión que tenga el área protegida o el destino turístico va desde la cartelería de una localidad (como se hizo en Villa General Belgrano donde se caracteriza por ser artesanal y de madera tallada, conservando la identidad del pueblo), del acompañamiento de un guardaparque y la posibilidad de brindar seguridad y equipamiento, más allá de la gente que entra sin dañar el medio ambiente.
Por último, lo que ha dado muy buen resultado es la experiencia en El Salto de La Estancita, ubicado dentro de la Reserva Hídrica Natural Municipal de Salsipuedes, donde existe un cupo para ingresar al predio custodiado por guardaparques.