A medio siglo del golpe de Estado, un estudio revela cómo la Policía Federal organizó la represión en la UNC
Un estudio de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) analizó los documentos internos de la Policía Federal que evidencian la coordinación represiva en la provincia, entre 1975 y 1978, y en particular el control ejercido sobre la casa de altos estudios, que era considerada un espacio clave de vigilancia. El trabajo cita como casos especiales a la Escuela Manuel Belgrano y la Escuela de Ciencias de la Información.
Revela UNCiencia que Ana Carol Solís, docente de la Escuela de Historia e investigadora del Centro de Investigaciones de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la UNC, estudia desde hace años los memorandos reservados de la Policía Federal, delegación Córdoba (PF-DC), preservados en el Archivo Provincial de la Memoria. Estos documentos evidencian la coordinación interna que había entre la delegación local de la Policía Federal, el Tercer Cuerpo del Ejército, el Departamento de Informaciones (D2) y otras dependencias que formaban la denominada “comunidad informativa”.
Según los documentos analizados, esta articulación fue especialmente activa entre 1975 y 1978. Los registros dan cuenta de diversas prácticas represivas y destacan el lugar que ocupaba para el entramado represivo la Universidad Nacional de Córdoba como posible “foco de surgimiento del enemigo subversivo”.
"El interés principal eran las fábricas y, en segundo lugar, la universidad", asegura Solís. Y agrega: "Había varias cuestiones que les interesaban de la UNC. Por ejemplo, en los papeles de la Federal informaban todos los cambios de autoridades que ocurrieron en la universidad, con los nuevos decanos en 1976, de los cuales recopilaban información. En 1977, le prestaron especial atención al nuevo rector, que era el primero de carácter civil desde la intervención militar, y a los ingresantes que llegaron ese mismo año".
La PF-DC asumía el control y la responsabilidad sobre organismos que dependían del Estado nacional, como la universidad. El sistema de control y represión, según está registrado en los memorandos, se organizaba con infiltración en las facultades mediante soldados conscriptos.
"Se destinó a soldados conscriptos, a quienes se les daría la baja adelantada para actuar como infiltrados en la universidad a razón de dos por cada facultad, con el objetivo de evitar la captación de estudiantes por parte de las organizaciones”, señala la investigadora. Estas directrices surgen de los papeles de reuniones de la "comunidad informativa", pero Solís aclara: “No dice quiénes son, no sabemos si eso efectivamente se implementó, pero es lo que dicen: que se van a destinar soldados para que hagan tareas de relevamiento de información”.
Otras medidas que quedaron registradas fueron el cierre de carreras, como en la Escuela de Ciencias de la Información (hoy Facultad de Ciencias de la Comunicación), la creación de “listas negras” y las cesantías masivas. "Se destacan 267 cesantías producidas en la UNC como novedad en el ámbito educacional, entre profesores y no docentes", puntualiza la investigadora.
Y detalla: "Un elemento novedoso que aparece registrado es que, al inicio, ‘comunismo’ es el primer ámbito a informar, seguido de ‘subversión’, mostrando la preocupación que el primero representaba para el Comando del Tercer Cuerpo. Incluso, en una de las reuniones, se informó que el general Menéndez había viajado a Capital Federal y pediría declarar ilegal al Partido Comunista".
Según Solís, luego esa preocupación decreció y dejó de informarse como ámbito específico. Las reuniones de la "comunidad informativa" también distribuían responsabilidades entre organismos y definían recursos en el marco de la denominada “lucha antisubversiva”.
Revela el estudio que hubo dos unidades académicas que tuvieron una intervención “especial” por parte de las fuerzas represivas: la Escuela de Comercio Manuel Belgrano y la Escuela de Ciencias de la Información, la cual había sido cerrada directamente después del golpe de Estado.
La Policía Federal ya la había intervenido el Belgrano antes del golpe de manera directa y citaba a estudiantes y padres para aplicar “amedrentamientos explícitos” e incidir “correctivamente” en lo que para la policía era un proceso de indisciplina que vivía el colegio preuniversitario. También había una participación activa en la confección de listas de estudiantes que luego serían desaparecidos, aunque eso no aparece en estos documentos.
Con la Escuela de Ciencias de la Información había una preocupación especial, según los memos de la Federal. Estaba por producirse la primera cohorte de egresados de la que inicialmente había sido una escuela creada en 1972. La inteligencia de la dictadura consideró que la población estudiantil era mayoritariamente “marxista” y se preocupaba por su inserción laboral en los medios de comunicación de la ciudad.
Así lo explica la historiadora: “En la siguiente reunión de inteligencia local se trató especialmente el tema de los medios de comunicación, definiendo el control de la radio y la televisión y la situación de la Escuela de Ciencias de la Información, en la que se estimó que su primera cohorte de egresados era de ‘casi todos elementos marxistas’, lo que derivó en controlar estrictamente su no ingreso laboral en la plaza local, además de definirse el cierre del mencionado establecimiento educativo”.
Respecto al modelo de universidad que imaginaba la dictadura, Solís dice que primero hay que tener en cuenta la cantidad de desaparecidos y asesinados que tuvo la UNC: 518 registrados hasta ahora entre docentes, no docentes y estudiantes. Pero también el proceso de “autodepuración” interna que vivió la institución, el cual empezó antes del 24 de marzo de 1976. «Esto lo podemos ver en las cesantías masivas que, como en la Facultad de Filosofía y Humanidades, fueron anteriores al golpe», detalla.
Pero también se buscó una desmasificación del estudiantado a través de la imposición de exámenes de ingreso en todas las carreras y con cupos. La población estudiantil tendió a disminuir. «Tampoco hay que olvidar que los cupos otorgaban prioridades a carreras, además de que hubo algunas que se cerraron directamente con el gobierno militar. Había muchísimos aspirantes y muy pocos estudiantes. Y a esto hay que sumarles los cambios en los planes de estudio que se dieron, en muchos casos, en 1978”, puntualiza Solís.
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