Opinión Sergio Tagle 14/03/2026

Pichettismo, ¿fase superior de la derechización cristinista?

Cristina es el nombre de la extenuación de un proyecto, el kirchnerismo, que nació como superación a través de reformas del primer neoliberalismo posdictadura. La expresidenta clausuró toda posibilidad de profundizar el proceso que se inició en 2003. Y lo sigue haciendo.
 

Cristina Kirchner, después de producir transformaciones sociales progresivas en su primer gobierno, optó por derechizar el rumbo político iniciado por Néstor Kirchner. El giro conservador se expresó con nitidez en las fórmulas presidenciales que propuso/impuso a su fuerza política finalizando su primer mandato presidencial.

OTROS TIEMPOS. Cristina presidenta y Pichetto presidente del bloque kirchnerista en el Senado. Foto archivo

El llamado ciclo progresista latinoamericano estaba en alza. El movimiento obrero, antes de 2011, propuso a CFK, para su reelección, a Héctor Recalde como candidato a vicepresidente. Era un destacado abogado laboralista, con probada fe y trayectoria en el peronismo de la justicia social. Los trabajadores organizados también le pidieron representantes sindicales en las listas legislativas. La entonces presidenta optó por la levedad: Amado Boudou como compañero de fórmula y La Cámpora a diputados y senadores. 

La dirección del viento fue la brújula que la orientó para designar candidatos presidenciales. Si los tiempos se inclinaban hacia la derecha, que sean Daniel Scioli, Alberto Fernández, Sergio Massa, por orden de aparición. Los resultados no le fueron favorables. Dos derrotas electorales y una política, la de Fernández. Aun así, insiste.

SOBRE LAS “RELACIONES DE FUERZA”

Las reuniones que mantuvo con Miguel Ángel Pichetto, cuando su movimiento se pregunta qué hacer en el 2027, insinúan la persistencia de la hoy titular del PJ en el rumbo estratégico que eligió cuando alcanzó el punto más alto de poder que conquistó en toda su carrera política. Cristina dijo “hasta aquí llegamos” con la traducción práctica de discursos emancipadores cuando estaba en mejores condiciones para hacerlo: 54% de los votos, mayoría en ambas cámaras, gobernadores propios, apoyo de la CGT y de la opinión pública. No tiene lugar, por lo tanto, la teoría de “no dan las relaciones de fuerzas”, latiguillo con el cual la militancia kirchnerista quiso y quiere explicar su deriva derechizadora.

QUÉ PROGRAMA

Pichetto, su reciente interlocutor, afirma que el peronismo “no puede tener como única bandera” el objetivo de frenar al presidente Javier Milei.  Es posible coincidir con esta afirmación. Si el diagnóstico es que asistimos a un proceso de destrucción nacional y social que está completando las tareas que inició Martínez de Hoz hace 50 años, efectivamente, no se trata de” frenar”. De ser así, según la física y también la política, se trataría de reducir la aceleración o detener el movimiento que conduce a una Argentina preperonista. Pero la devastación previa al freno ya está realizada. Si una fuerza equivalente o superior no actúa en dirección opuesta (también según las lógicas de la física) en 2027 o aún antes y contra los deseos de Evita, la bandera de la patria sí flameará sobre sus ruinas

DIME CON QUIEN HABLAS

La cumbre Cristina-Pichetto conversó sobre una coalición amplia para enfrentar al gobierno de Javier Milei.  El interlocutor es el mensaje. La dirección de la amplitud sería diferente si del otro lado de la mesa estuvieran sentados Axel Kicillof y/o Juan Grabois.

La perspectiva de un peronismo "moderno, democrático y capitalista" fue un punto del temario. Dicho con otras palabras, un peronismo posmileísta. Esto es, neoliberalismo agravado, con “las tareas que había que hacer” ya realizadas por el actual presidente, pero con equilibrio emocional y psicológico, sin insultos. Lo que quiso ser el posmenemismo. En su caso fue Cavallo sin corrupción. La suerte de De la Rúa informa sobre la eficacia de ese “realismo” subordinado a climas de época.

Carlos "Chacho" Álvarez, queriendo interpretar al primer kirchnerismo, afirmó que cuando el peronismo se corre a la izquierda es invencible. El desplazamiento no refiere a ofertas electorales sino a lo ejecutado desde gobiernos: cada vez que el peronismo transformó en políticas de estado a sus tres banderas históricas fue reelecto o destituido a través de la violencia militar. Cuando no lo hizo, bastó con una simple elección presidencial: Macri reemplazó a la segunda CFK y Milei a Alberto Fernández. El agotamiento del kirchnerismo es electoral, programático y como peronismo que dijo venir a actualizar sus componentes más transgresores de lo estatuido.

 

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