Opinión Néstor Pérez (*) 20/07/2024

La docencia en su laberinto

"Tal vez no sea tan mala idea comenzar al revés, río arriba, problematizando en cada hogar la cuestión educativa. Como si se tratara del antídoto para corregir la estupidez, la brutalidad que nos machaca cada nuevo día", sostiene el autor de la columna.
"En aporte para aliviar la pesada carga del que se desgañita en aulas heladas...". Foto ilustrativa: Radiofonica

Es una fija, en cada conflicto docente aparecen los que azuzan a sus perros para que se lancen al cuello de quienes reclaman; pueden tener rostros conocidos de sujetos leves, apenas bien pagados por sus dueños, que aparecen en la pantalla, muy solemnes, en sus arrebatos antiobreros; ustedes los conocen, se les llama por sus nombres o apodos, como si se tratara de amigos íntimos.

“Otra vez nuestros hijos sin clases, son las víctimas de los mismos de siempre, los señññores que no respetan los derechos de los demás ¡Así ¿cómo vamos a educarlos en valores?!”… los conocemos de sobra.

Esos hoy no importan (¿importan alguna vez?). Para el cronista lo verdaderamente importante es lo que tan afanosamente se oculta en el discurso periodístico-político ultra conservador (¿no son una y la misma cosa?), los datos históricos de una derrota larga, amarga y desdeñada. Aquí un aporte para aliviar la pesada carga del que se desgañita en aulas heladas –o abrasadas– para no conseguir otra cosa que un salario de hambre y aspereza en la mirada de los desconsiderados. 

En “Los intelectuales y la política en la Argentina” (Héctor Pavón) -el combate por las ideas entre 1983 y 2012-, al analizar la era menemista se lee respecto de la Ley Federal de Educación sancionada en 1993: “La transferencia de establecimientos educativos fue una política de los organismos internacionales que obedecía a una doble lógica. Por un lado financiera y por otro política. La lógica financiera tuvo un discurso expreso. A fin de que Argentina garantizara el pago de la deuda externa, la firma del Plan Brady con el FMI en el año 91, exigía la reducción de gastos mediante la transferencia de servicios educativos y de salud a las provincias. Desde la segunda, se pretendía desarticular las luchas docentes de la década anterior en el mundo y en nuestro país, que habían puesto en evidencia la inconveniencia para el mantenimiento de la gobernabilidad, de sostener la centralidad nacional de los sistemas educativos. Los reclamos docentes y estudiantiles por más presupuesto y salario, salarios, etc., se traducían en enfrentamientos directamente políticos contra los estados nacionales. La descentralización aparecía así como una forma de descomprimir estos enfrentamientos”. Como fuente de este extracto, Pavón cita a las educadoras Vanessa Carril, Laura Marrone y Soledad Tejera. 

De nuevo queda al desnudo el instrumento de sometimiento que siempre fue la deuda externa. Inscribe su infamia a lo largo de toda nuestra historia. Aquella transferencia de servicios educativos, sin respaldo financiero, se manifiesta en estos espasmos, convulsiones, dolores, de una comunidad sobrada de urgencias. 

Respecto de la gobernabilidad pretendida, observada como otro presupuesto de aquella decisión menemista, nada parece indicar que se haya desarticulado la lucha; al menos en el espíritu de los sectores que no negocian con el padecimiento ajeno. 

Manuel Belgrano: al maestro, en las principales ceremonias, se le debía ceder el asiento reputándosele como “Padre de la patria”…

Javier Milei: “El que fuga dólares es un Héroe”…

Hoy, las provincias caen de rodillas ante un presidente que se las ingenió para hacerles creer que el pueblo profundo banca su proyecto de demolición. En tal estado de postración parece difícil que consigan del Estado Nacional el rescate del sistema, liberándolas de tamaño costo de sustentación; debería ser menos complejo litigar para recuperar los fondos de incentivo secuestrados por el inquilino de la Rosada. Pero luego de la rendición que consiguió Milei en Tucumán, esa idea suena tan descabellada como adherir al proyecto que persigue una Nación crepuscular en el espectro ultraderechista. 

Tal vez no sea tan mala idea comenzar al revés, río arriba, problematizando en cada hogar la cuestión educativa. Como si se tratara del antídoto para corregir la estupidez, la brutalidad que nos machaca cada nuevo día.

(*) Periodista. Publicó dos libros: “Democracia, el destierro de la ilusión” (Ediciones El Callejón, 2023) y “La palabra incómoda” (Raíz de dos, 2018)

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