Después del cierre y la estafa, hay porvenir

Opinión 04/05/2017
Pasamos de ser profesionales de un medio para ser los nadie con el miedo por estar perdiendo nuestra fuente de trabajo.

chapa_ed_impresa_01

Hace un año los trabajadores del diario La Mañana de Córdoba, que había sido fundado por Julio Ramos en el año 1997, cerraba sus puertas ente gallos y medianoche dejando literalmente en la calle a 60 trabajadores.
Del piso 12 de avenida Maipú donde funcionaba la sede del periódico pasamos a reclamar, marchar y resistir por los derechos que nos habían sido vulnerados por un diminuto puñado de mal nombrados empresarios, amparados en un falso discurso político y devenidos estafadores. Tanto es así que uno de ellos vive actualmente en Traslasierra con otra identidad, pero esto es anecdótico. 

Durante aquellos días aciagos del año pasado tocamos muchas puertas, cortamos avenidas, pasamos muchas horas durante muchos días en el Ministerio de Trabajo, en audiencias en las que se hacían presentes los empresarios propietarios del diario dirigiéndose a nosotros con la impunidad y la burla que les eran tan propias. Lejos, muy lejos de conciliar desconocieron absolutamente todos sus deberes y sus dichos parecían arrancados de filmes de Federico Fellini y Pedro Almodóvar.

Lejos muy lejos de conocer sobre medios, operaban económicamente en desmedro de los puestos de trabajo robándose las pautas y utilizando el diario como vehículo para otros negociados según palabras del propio dueño durante una reunión con los trabajadores.

Pasamos de ser profesionales de un medio para ser los nadie con el miedo por estar perdiendo nuestra fuente de trabajo. Supimos del vacío, ese al que nos arrojaron con tanta liviandad. Quien suscribe estas líneas, tras dos décadas de trabajo en el diario, sintió entonces que le arrebataban el presente y el futuro.

Durante los últimos años quienes trabajábamos en La Mañana de Córdoba nos habíamos acostumbrado al maltrato de sus propietarios, era un hecho cotidiano. Cuando quedamos en la calle sin salarios, con nuestros aportes robados, sin indemnizaciones, nos convertimos en frágiles custodios que durante días, tardes y noches frías soportamos en la vereda del edificio de avenida Maipú para que no se llevaran los muebles, las máquinas en las que trabajábamos y nuestros efectos personales. Lo mismo se llevaron todo y nuestras pertenencias fueron arrojadas en una cochera aledaña.

No teníamos un peso en los bolsillos ni a quien reclamar. Durante meses recibimos la ayuda de la ciudadanía a través de los bonos solidarios, de algunos partidos políticos que hicieron sus aportes económicos. Todos nuestros colegas, todos los medios nos acompañaron y nuestra Peña Solidaria con artistas comprometidos con la causa reunió a 3.000 personas que apoyaron nuestra lucha.

Por la vileza de sus dueños el diario La Mañana de Córdoba desapareció de la faz de la tierra, nuestras voces fueron silenciadas por un tiempo, nuestros archivos arrojados a la basura. Todavía escribimos, recordamos. Todavía no se hizo justicia.

Con no más recursos que la experiencia, con dignidad y fortaleza un numeroso grupo de trabajadores de la ex Mañana de Córdoba fundó la cooperativa de trabajo y cobró vida La Nueva Mañana, primero en su formato web, y en este Día del Trabajador se cumple el enorme deseo: aparece en papel. Salud compañeros por el trabajo, la dignidad. Tengan lo mejor del porvenir, ustedes se lo merecen.

Te puede interesar