Borrelli: "Las feministas somos las grandes lingüistas de la historia"

La escritora vendrá a Córdoba a presentar "Lecturas feministas", un recorrido por más de 30 autoras que cuestionaron el lugar asignado a las mujeres.

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Desde que nos sumergimos en el feminismo aprendimos que no estamos solas. “Estamos inundadas de palabras que se arman en los libros pero viven gracias a nuestros cuerpos”. Así empieza “Lecturas Feministas”, el libro de Gabriela Borrelli -periodista, escritora y conductora de radio- que reúne a más de 30 autoras que cuestionaron el lugar asignado a los géneros disidentes.

En el libro conviven Safo de Lesbos con Virginia Woolf, Eva Duarte con la sufragista Emmeline Pankhurst, Simone de Beauvoir con Lohana Berkins. La autora muestra una diversidad de registros que van desde la poesía hasta la teoría.

Es el primero de Ediciones Futurock, el nuevo proyecto de la radio online independiente (Futurock.Fm). Será presentado el próximo sábado 15 de septiembre en el Centro Cultural España Córdoba en el marco de la Feria del Libro y el Conocimiento. Estará la autora, junto a las periodistas Julia Mengolini y Estefanía Pozzo.

“Este libro es el de una lectora: poemas, historias, pensamientos de mujeres que se pensaron y en ese pensarse nos salvaron. Porque si alguien me piensa, estoy a salvo“, escribe Borrelli Azara en el prólogo. Así reivindica la lectura como acto colectivo, porque la revolución también es encontrarse en la otra, nombrar lo que nos pasa y hacerlo en plural. Por eso la autora, en diálogo con La Nueva Mañana, asegura que “las feministas somos las grandes lingüistas de la historia”.

La intención del libro es decir que es tan importante la lectura que le damos al mundo desde nuestro paradigma como lo que el mundo nos ofrece.

- ¿Qué convierte a los textos que elegiste en feministas?

- Lo que convierte a los textos en feministas es la lectura, es decir, la lectora. Siempre se tienen en cuenta los paradigmas de los escritores, dónde escriben y en qué contexto, pero pocas veces se consideran los “paradigmas lectores”. Entonces me tomé el atrevimiento de reunir en el libro todas mis lecturas, todo lo que leía desde un paradigma feminista.

La intención del libro es decir que es tan importante la lectura que le damos al mundo desde nuestro paradigma como lo que el mundo nos ofrece. Es decir, nuestro paradigma feminista puede leer de nuevo el mundo, puede leer de nuevo todo. Por eso, es necesario conformar series literarias donde el paradigma feminista de esta época conforme otra historia, en este caso de las lecturas.

- En el libro figuran desde poetas hasta teóricas, ¿cómo elegiste a las autoras?

- La elección fue anárquica, pero de todas las lecturas personales con las que me hice feminista, con las que me conformé como lectora feminista. Elegí desde la primera que me había encontrado. Y sí, me encontré primero con Safo de Lesbos. También con Alejandra Pizarnik, o Gabriela Mistral, con algunas que no están en el libro. Primero me encontré con la poesía. Después novelas y de ahí fui a la teoría.

Y el libro empieza así, es más poético al principio, después se vuelca a la novela, al teatro o a la crónica y termina en textos académicos. Fue mi formación personal. Y lo personal es político también en ese sentido. Si yo me hice de esas lectoras, ustedes también se pueden se puede hacer de las mismas.

- ¿Qué convierte a la lectura en un acto colectivo?

- Lo tomo del movimiento feminista y lo llevo a la lectura por la invisibilidad en que siempre está el lector. A mí me parece tan importante leer un libro como escribirlo. El acto de escribir puede ser solitario… Aunque tampoco, porque hay muchas voces. Hay una lengua que te habla. Hay legiones de personas cuando una escribe.

El acto de leer es más colectivo, en un sentido de lectura compartida, de haber leído lo mismo con otras. Lo veo mucho con las series. Todas vimos Luis Miguel, ¿no? Todas estamos recopadas con la serie. Pero lo mismo pasa cuando estamos leyendo Teoría King Kong y todas nos volvemos locas. Me parece que pasa algo en el compartir la lectura: en la lengua queda como un retumbe. No es ni místico ni esotérico lo que digo.

Digo que la lengua está hecha de resabios de hablantes. Y esos hablantes están hechos de lo que leyeron. Entonces yo cuando hablo en mí está un poco la lengua de Alfonsina Storni y también está la lengua de aquella que nunca leyó a Alfonsina Storni. En ese sentido la lectura es un acto colectivo. Y también en las luchas, ¿no? En esa idea de lanzarse a la calle sin leer a Simone de Beauvoir pero saber que hubo alguien que habló de vos. Eso es parte de lo colectivo.

Borrelli Azara
La lengua es el terreno de nuestras luchas. Es importante cómo nos nombramos, porque el nombrarnos crea realidades.

- ¿Cómo ves el rol de las mujeres en la literatura actual?

- No puedo identificar un momento de la literatura donde el rol de las mujeres sea mayor o menor porque creo que el cánon literario machista lo que impuso es a ciertos nombres como accidentes dentro de la literatura y ocultó a las mujeres. Creo que lo que estamos develando es ese canon escondido. Debe haber en la historia un montón de Gabriela Cabezón Cámara, de Claudia Piñeiro, de Mariana Enríquez. Un montón de literaturas potentes que develan que tenemos una historia que constituyó esa literatura pero que estuvo escondida como meros accidentes en un canon de hombres, en la historia de la literatura oficial, por decirlo de alguna manera.

- ¿Qué silencios nos faltan romper?

- Más que silencio, lo que necesitamos es establecer series. Armar historia. La historia del feminismo, por ejemplo. El feminismo cumple muchos sentidos en lo internacional. El nuevo libro que estoy pensando es sobre feminismos americanos. Hay muchas norteamericanas. Y en lecturas feministas también hay muchas francesas. Pero quería pensar lo latinoamericano rompiendo lo latino y unir las luchas de las mujeres latinoamericanas con los feminismos negros de Estados Unidos. Entonces ahí ya hay un rompimiento de una serie, de una geografía patriarcal, de un mapa que no hicimos nosotras, que no hicieron nuestras luchas.

Me parece interesante poder pensar el mundo de nuevo y poder pensar por ejemplo otras series de creaciones. ¿El mundo lo crearon los hombres?… Bueno, romper todo eso. Romper con lo que se ha establecido como historia oficial. Ver que había otra historia, la historia de las que nunca ganamos. Ahora también seguimos sin ganar, como lo que pasó en el Congreso con el aborto. Entonces si la historia la escriben los que ganan, tenemos que reponer la historia de las que no ganamos nunca.

Más que silencio, lo que necesitamos es establecer series. Armar historia. La historia del feminismo, por ejemplo.

- ¿Qué revoluciones tenemos pendientes en el campo de la escritura?

- La escritura es siempre una revolución permanente, todo el tiempo, con la lengua. Las feministas somos las grandes lingüistas de la historia. Disputamos cada palabra como si fuera una guerra. Cuánto tuvimos que disputar presidenta. Cuánto tuvimos que disputar que no es ama de casa, que es empleada doméstica, que es empleada de casas particulares.

La lengua es el terreno de nuestras luchas. Es importante cómo nos nombramos, porque el nombrarnos crea realidades. No es inocente cómo nos llamamos. No es inocente que nuestros nombres estuvieran escondidos detrás de nuestros maridos cuando sólo era destino casarnos con varones.

En los medios de comunicación no son inocentes los apodos, esconder los verdaderos nombres. O los varones que se la pasan diciendo mi señora. ¡No!, cómo se llama la mujer.

Somos las lingüistas de la historia porque estamos todo el tiempo disputando la palabra. Primero con el todos y todas, que en aquel momento tuvimos que discutir mucho. Y ahora con el “les”, con la lengua inclusiva. Que muchos dicen es lenguaje inclusivo. Es lengua y es lenguaje inclusivo porque es todo lo que se está rompiendo con ese les, con ese todes, con romper ese masculino total para nombrarnos.

Me parece que la escritura va a estar en esa revolución de la lengua, porque siempre es en un desajuste donde encuentra el lugar para expresarse. Pero me parece que ese es el desafío de la escritura: crear una lengua que pueda hablar de nosotras y de esta revolución.

  

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