Marcelo Milanesio, el ídolo que no reclama su atril

Entrevistas 03/09/2018 Por
Es de los máximos referentes del deporte cordobés y quien dejó su legado en Atenas y en el básquet nacional. Contó sus añoranzas al “Corazón de María”, su vida alejada de la pelota y su sueño trunco de dirigir en Europa.
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¿En qué andará Marcelo Milanesio? Quizás el máximo ídolo del deporte cordobés, protagonista de los primeros pasos de gloria de Atenas en el básquetbol nacional, para muchos es considerado un héroe, incluso por aquellos que no son amantes del básquetbol. Sin embargo, el ex base camina por La Cañada sin mostrar esas credenciales. No le gusta. Pocos lo reconocen, y aquellos que lo consiguen hacer a veces le tienen respeto de más y no le piden fotos ni autógrafos.

Lejos de ser arrogante o soberbio, Marcelo (hace rato su nombre propio superó a su apellido) mantiene un perfil bajo, lejos de las cámaras y las declaraciones mediáticas. Muy querido en todo el ambiente, invitado a todos los eventos y distinciones del deporte cordobés, no es tan asiduo a las canchas ni a festivales, quizás en defensa propia, porque se siente más cómodo del otro lado de la noticia, del backstage. Porque su hábitat natural fue siempre una cancha de parquet, cemento, zócalos con dos aros, donde su corazón latía al mismo ritmo mientras picaba la pelota.

Así es Marcelo. Con todos los honores pero sin monumento, algo que nunca reclamará a pesar de contar con pergaminos de sobra y un espacio privilegiado en el salón de la fama cordobés. Es parte del patrimonio de la ciudad por su legado y su talento también, como ejemplo en muchos sentidos. Nunca quiso trabajar en su Atenas de toda la vida, ni de DT, ni de profesor, ni de manager ni de embajador deportivo ni de nada. Abocado a otro rubro, lo mismo disfruta de las bondades de su deporte vocación de vida.

“Me ha tocado estar en muchas entregas de premios, en fiestas del deportes, pero saber que voy a ser parte del museo deportivo junto a grandes glorias del deporte cordobés que dejaron en alto a la provincia, es más que un honor. Ni cuando empecé a picar la pelota en Hernando me imaginaba esto. Escribí muchos momentos felices en mi vida, este es uno de ellos, no alcanzamos a dimensionar todo el patrimonio deportivo que conseguimos en estos años. Esto queda para la gente, nosotros ya pasamos, con los recuerdos en la retina por siempre de estos grandes momentos inolvidables”, comentó Marcelo en la ceremonia del museo provincial del deporte cordobés en el Mario Kempes.

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Lejos de sentarse en su silla asignada frente al atril junto a las demás celebridades políticas y deportivas, se refugió en un costado, varios metros atrás, donde intercambiaba palabras con su ex compañero Donald Chester Jones, con Rubén Magnano y algún que otro periodista curioso que le imploraba alguna nota, a las que accedía gentilmente. No quiso sumarse al acto formal, ni dar ningún discurso, a pesar de que lo convocaron. Perfil bajo pero no por timidez o carácter, sino por decisión propia.

- ¿Estás jugando al básquet amateurmente? Se te ve impecable desde lo físico…

- No estoy para nada bárbaro (risas), físicamente me falta mucho y no, la verdad, no volví a tocar una pelota después de que me retiré.

- ¿A qué se debe?

- (Piensa) Fue un punto final. Algunos creen que después de poder jugar puede al otro día conseguir trabajo en un club o algo y no es así. La carrera es corta y no hay cosas armadas dentro del básquet como para seguir despuntando el vicio cuando uno decide dejar la actividad. La verdad no encontré lugar, salvo eso de ir a tirar al aro con algunos amigos, pero nada más, nada de competencia ni campeonatos ni nada.

7 Ligas Sudamericanas obtuvo Marcelo Milanesio en Atenas, más dos ligas Sudamericanas, dos Sudamericanos de clubes campeones y un Panamericano de Clubes

- ¿Por qué pensás que se dio de esa manera, después de haberle entregado tanto amor al básquet?

- Fue como un cierre de etapa, la que más disfruté en mi vida. No es fácil para el profesional retirarse a los 37 años como es mi caso y tener programado qué hacer el día después. Estamos dentro de la vorágine de la actividad, del deporte y los partidos y no siempre mirás más allá. No tenemos siempre un proyecto, y tenemos que ver que hacemos. Yo por suerte encontré un grupo de amigos que me sumó a un grupo de trabajo con negocios inmobiliarios, me abrieron la puerta y estoy agradecido.

- ¿Pero nunca te volvieron a tentar del ambiente del básquetbol?

- Uno por ahí imaginaba su vida siempre ligada al básquet, de poder dirigir o algo así, en mi caso mi sueño era dirigir en un club de Europa. La vida te va marcando un camino y elegí lo que sentía conveniente. Igual voy a la cancha, sigo a Atenas y a la Selección Argentina, a la NBA, nunca me desprendí de esa pasión. Soy enfermo y fanático de este deporte pero nunca tuve una chance clara para dirigir o algo así tampoco.

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- ¿Y en Atenas? Hace unos años se te vinculó con tu hermano Mario para un proyecto.

- La verdad nunca se me cruzó por la cabeza dirigir Atenas, aunque suene raro. Estoy en otro rubro, empezando a emprender otro camino y tengo muchas otras responsabilidades como para tomar a la ligera una propuesta en ese sentido. No se dio. Y también tengo que ser sincero y entender que no sé si estoy preparado para dirigir a Atenas. No todos los que alguna vez jugaron al básquet pueden dirigir al otro día que se retiran, es la realidad. Es una obligación y una responsabilidad fuerte, no es para cualquiera.

- En unos meses Atenas va a inaugurar su casa propia, en la sede, imagino que te invade la nostalgia.


- Es un gran sueño de muchos que se va a hacer realidad después de tanto trabajo, tanto empeño, tanto esfuerzo. Es un triunfo de todos los que hacemos y formamos parte alguna vez de Atenas. Es algo más que reconfortante, porque deambulamos por muchas canchas para ser local en la Liga Nacional, por el “Corazón de María” y el “Poli” Cerutti, ahora poder hacerlo desde tu hogar, no tiene precio. Pero si me das a elegir…

- ¿Qué cosa?

- (Piensa) Si me das a elegir… Mis momentos más felices fueron en el “Corazón de María”. Yo jugaría siempre ahí…

- ¿Por qué?
- (Respira) Por qué fue donde empezamos a escribir la historia grande de Atenas a nivel nacional, en los primeros planos del deporte cordobés, y porque tenía nuestro sentido de pertenencia. Un lugar chico pero con corazón grande. Vos sabés que cada vez que paso por ahí en auto, por la calle Jerónimo Cortés en barrio Cofico, ya me empiezo a transformar. Me invaden mil sensaciones, las mejores.

- Incluso actualmente siguen los mismos accesos, con las puertas que dicen “populares” y “periodistas e invitados”

- Está todo igual, yo lo sigo escuchando latir como esas noches felices, con gente incluso detrás de la línea que marca el contorno de la cancha… Es algo muy fuerte para mí. Hicimos leyenda y ojo que en el Cerutti quizás ganamos más títulos, los campeonatos sudamericanos también por ejemplo, pero el Corazón de María tiene algo de particular. Es muy especial para mí. Muchas veces quise bajarme y entrar un rato a ver. A veces me quedo mirando un largo tiempo. Ahí fui muy feliz. Y ojo que voy a ir con gusto y emoción al nuevo estadio de Atenas en General Bustos. Son dos amores diferentes.

“Si tengo que pensar en un recuerdo de oro, es el primer título de la Liga. Fue ante Ferro, recuerdo en Caballito dar la vuelta, era el logro más anhelado, porque hasta ese entonces no habíamos conseguido ningún campeonato, fue el primero y el más tremendo para mí”

 

 

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