“A algunos detenidos de la Quintana los mandaron a La Perla”

Sociedad 30/07/2018 Por
Enrique Chiatti, ex detenido-desaparecido en el cuartel 141 de José de la Quintana, habla por primera vez acerca del funcionamiento del centro clandestino que sigue olvidado.
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Por: Adrián Camerano - Especial para La Nueva Mañana

En su casa del Argüello profundo Enrique Chiatti de 75 años, saca un par de carpetas llenas de papeles, declaraciones judiciales, recortes. “Por si me olvido de algo”, apunta antes de la entrevista, pero ni falta hace: su memoria a lo Funes recuerda cada nombre, cada circunstancia. De una vida tan sufrida como las horas que pasó detenido-desaparecido en el cuartel 141 de José de la Quintana, un centro clandestino de detención que continúa sumergido en el olvido.

Jubilado del banco Nación, Chiatti integró el grupo de la Juventud Peronista de Alta Gracia que fue perseguido en 1976 por la dictadura militar, y cuya historia es desconocida hasta en la ciudad del Tajamar. Junto a otros militantes, el bancario fue ilegalmente detenido y trasladado al centro clandestino de detención, donde fue maltratado y horas después, liberado. Casi todos los integrantes de aquel núcleo político murieron, y absolutamente ninguno fue jamás reconocido como ex preso político. Por años su historia fue silenciada, invisibilizada, y ellos nunca pudieron acceder a los beneficios reparatorios que marca la ley.

El 141 fue cabecera del subárea 3117 del Tercer Cuerpo de Ejército al mando de Luciano Benjamín Menéndez, que regularmente se dejaba ver en el lugar.

En los primeros meses de la dictadura pasaron por allí decenas de detenidos-desaparecidos, e incluso hay quien refiere haber estado preso allí meses antes del golpe. Aunque su rol como parte del circuito represivo cordobés es conocido desde el regreso de la democracia, y se investiga si en el sitio hay cuerpos enterrados, el cuartel nunca fue incorporado a las políticas de memoria llevadas adelante por los diferentes estados.

De ahí la importancia del testimonio de los sobrevivientes, que a pesar de los años transcurridos siguen aportando nombres y datos a una causa judicial que a la fecha no tiene ni un solo imputado.

Alto, corpulento y de carácter jovial, Chiatti repasa sus recuerdos en una charla de más de dos horas con La Nueva Mañana.

-Cuénteme de aquel grupo de la JP de Alta Gracia
Yo nací en el 42, y desde los 16 militaba en la Juventud Peronista. Mi corazón se hizo peronista a partir de que a mi madre, que estaba viuda y con varios hijos a cargo, por pedido de una vecina que nos cuidaba le llegó una máquina de coser enviada por Evita a través de su fundación. Y no sólo eso: sin que nadie lo pidiera, llegó también un nombramiento como portera de escuela en Ferreyra, adonde me llevaba levantar bancos; de ahí los problemas de huesos que tengo.

Yo llego a Alta Gracia nombrado en el banco Nación, el 7 de enero de 1972, y ahí había un local de la JP. Empecé a militar allá, y a los primeros que me encontré fue a los Gamero, Olga y Ramón. En ese grupo estaban De Nápoli (el padre de Humberto, el relator), su hijo, Luis Primo González, Vitullo, el Turco Amado, el ingeniero Bubi Di Sandro; Pérez y Ratti, que eran jubilados del Bancor, y gente también del banco Meridional.

-¿Y qué actividades políticas realizaban?
-Ramón era el presidente de la JP, iba a la casa de todos. Los Gamero vivían en una piecita en barrio General Bustos; ellos eran sagrados, y yo era amigo de ellos. La época era tremenda: mi mujer me enchufaba los chicos y yo iba a la manifestación con ellos, para todos lados. Imaginate que yo tenía llave del banco, iba y afanaba la bandera argentina para ir a las manifestaciones, y después abría y la devolvía. Era la época de la lucha por la vuelta de Perón, Cámpora.

Nosotros éramos como los delegados de Obregón Cano en la zona, hacíamos de todo, asistencia social, por ejemplo, porque había mucha necesidad. A mí me tocó estar con el doctor Cañas en el hospital de Alta Gracia; durante el día trabajaba en el banco y luego me iba al hospital, era vicepresidente de la Cooperadora.

-Ese grupo se referenciaba en el senador Carnevale, al que después lo asesinó la dictadura…
-Sí. La mujer de Cañas era sobrina de Carnevale, que era de La Quintana. Yo iba muy seguido para esa zona, Carnevale movía todo. Pero todo eso duró muy poco.

-Quién gobernaba Alta Gracia?
-El intendente era Peralta, que era muy viejo y muy gorila, era amigo de los que en Alta Gracia eran antiperonistas. Nosotros no teníamos discusiones con él, pero lo que nos pedía no se lo hacíamos. En la calle teníamos a la gente, a nosotros nos querían. Ellos eran medio gorilones. Y la nota cómica es que el día que asumió se cayeron todos del palco.

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-¿Cómo fue eso?
-Enfrente a la Municipalidad habían hecho un palco grandísimo en la calle, subieron todos los funcionarios, y nosotros por la Juventud Peronista. Estaba el palco cargado de gente y yo sentí un ruido, o una intuición, le dije a Ramón ´bajemos´ y apenas lo hicimos voló el palco media cuadra, así de costado, en bajada. Hubo quebrados, lastimados y en La Voz del Interior salió el título “Cayó el gobierno de Alta Gracia. Duró tres horas”.

-¿Y cómo los encuentra el momento del golpe?
-Primero lo sacaron a Obregón, pero todos los quilombos que había en Córdoba allá no llegaban, Alta Gracia era como una isla. A nosotros nos respetaban mucho. Inclusive Aita Tagle, el interventor del golpe, también nos respetaba mucho. Y en el Ministerio de Trabajo lo ponen al suboficial Tetti porque nos preguntan a nosotros.

Yo en el banco andaba defendiendo a los Testigos de Jehová, porque les querían cortar la cabeza a todos, los militares los perseguían. A Tetti lo conocía de los asados, vivía en el barrio Militar, donde también tenían casa empleados del banco; todos eran empleados del Estado Nacional. Cuando llegó el golpe estábamos con miedo.

-¿Dónde lo detienen?
-El domingo 27 de marzo de 1976 yo estaba con mi señora y los chicos en la casa, en calle Paraguay esquina Uruguay. En enero ella había tenido la tercera nena y había padecido una eclampsia. Vinieron y golpearon la puerta, sale mi señora que casi no podía ni caminar, vuelve y me dice ´hay milicos en la puerta´. Cuando quise salir ya abrieron la puerta; entraron, me preguntaron si era Enrique Chiatti y me sacan de mi casa en un camión del Ejército.

-Era un operativo grande…
-Eran dos camiones y milicos por todos lados, unos cinco en mi casa, cinco en el otro. El del enfrente, don Espartaco Tognetti, que tenía almacén, vio todo. Era una redada en la cuadra, cuando subí al camión ya había varios arriba, yo no conocía a ninguno y tampoco a los milicos, no eran de Alta Gracia. Salen para el sur y ahí creo que levantaron a Gamero, y al rato me doy cuenta de que estamos llegando al cuartel, yo había hecho la colimba ahí en el 63. Bajé y les dije ´yo conozco todo, hice el servicio acá´. Éramos unos diez o doce, nos llevaron al fondo del cuartel, a unos talleres, y ahí nos bajaron del camión y nos cagaron a patadas. Te encajaban sopapos en la cabeza, hasta algún rebencazo me ligué.

-¿Qué les decían?
-Me preguntaron por un intento de toma del cuartel que había ocurrido tiempo atrás, yo no sabía nada. Al rato aparece Tetti y nos bajaron a tres, a los otros los bajan en la Enfermería, frente a la Plaza de Armas. Y después Tetti me lleva, a mí solo, a la guardia. Esa noche del 27 me dice: “Yo te tengo que tener acá detenido, no te va a pasar nada, no te preocupés”. Yo le digo “me preocupo, mi mujer está enferma, hay tres chicos, imaginate la situación mía”. Y me dice: “Bueno, pero vos figurabas en la lista”. Era la lista de la Juventud Peronista, yo era Tesorero y eso era un crimen.

Estuve esa noche y todo el día 28 en un calabozo al lado de la guardia, solo. Fue una eternidad, estaba más embolado que la mierda. Hasta que viene Tetti y me dice “quedate tranquilo, cuando yo salga te voy a hacer subir a la Renoleta y te venís conmigo”. Pensé que me llevaba a Alta Gracia, era bien de noche, me lleva con la Renoleta, cruzamos el puente sobre el río, habremos hecho dos cuadras y me dice “mirá, te dejo acá, tomá la vía y caminá hasta Despeñaderos. Y nunca digás que yo he hecho esto, así te maten. Es para salvarte a vos”.

-¿Y qué hizo?
-Encaré para la vía, llegué a la mañana siguiente a Despeñaderos, pedí plata a un conocido y me tomé un ómnibus a Córdoba y de ahí a Caroya, a la casa de mi mamá. Le conté todo, le dije que quería volver a Alta Gracia por mi esposa y los chicos y fue ella primero, a tantear el clima. Habló con el gerente del banco, y el hombre me cubrió, le dio un papel para que yo firmara como que había sacado licencia antes de la detención. Para el banco Nación yo nunca estuve desaparecido. Al tiempo volví a Alta Gracia y me refugié en la casa de mi maestra, Teresa Dreyer; yo trabajaba en el banco, entraba muy temprano y salía a la siesta, dos horarios en los que en la calle no había nadie. Y un día me pasaron al Archivo, porque el gerente dijo que mi situación lo comprometía; habían preguntado por mí desde Buenos Aires.

-¿Y a Tetti lo volvió a ver?
-Lo vi dos o tres veces, y le agradecí. Si me dejaba ahí vaya a saber qué pasaba conmigo. Si al padre Domingo Viera, con el peso que tenía, le costó quince días sacarlo a Gamero del cuartel...

-¿Cree que el lugar será señalizado?
-¿Vos creés? Pasa que La Quintana ya había sido antes un lugar muy cerrado, muy aislado de todo. Yo no creo.

-¿Y cree que puede haber cuerpos enterrados, como se denuncia en la causa que instruye la fiscal Filoñiuk, en la que usted declaró?
-Yo pienso que no, porque nunca dejó de haber gente ahí. Eso estaba despoblado totalmente, pero cuando se reactivó el cuartel en el 63 se hizo una ciudad muy grande. Eso era más bien para detener a los de por allá. A los que han visto que podían sacarle algo los mandaron a La Perla. Aunque mirá, uno dice que te parece que no, y mirá lo que está pasando en el cementerio de San Vicente, hasta cremaciones clandestinas. Habría que ver. No me extraña que haya.

Una vida bien vivida

A los 75, Chiatti sigue activo. Hace las cobranzas del centro de jubilados de Argüello, sigue por Internet el interminable trámite de la pensión, lee las noticias. Su vida fue muy dura: a los 6 “un día me levanté y vi a mi padre muerto en la cocina. Mi madre estaba internada, con peligro de vida, y tuve que hacerme cargo de mis hermanos”. Pasó por innumerables trabajos, hizo decenas de cursos y hasta asistió en Comodoro a los soldados que volvían desahuciados de Malvinas. En ese devenir, Chiatti vivió nada menos que en 63 domicilios distintos de varias provincias argentinas. Argüello, donde lleva dos décadas, es el lugar donde más tiempo pasó en su vida.

El enigma Luffi

Margarita Zeniquel, otra ex detenida en La Quintana, refiere en su valiente testimonio que en el cuartel vio “a un odontólogo muy conocido en Alta Gracia, del cual no recuerdo el nombre”. Se trata del médico Ismael Aurelio Luffi, esposo de una odontóloga, que también militaba en la JP y que lleva años viviendo fuera de la provincia.

“A Luffi lo llevaron porque era peronista, él era muy jetón, gritaba, despotricaba. Sé que lo llevaron a La Quintana, de ahí no sé. Apareció como a los dos años, me mostró las marcas de la picana, los testículos los tenía todos picados”, refiere Chiatti.

A los testimonios que sindican a Luffi como ex preso político se suman documentos oficiales. Ya legalizado, el decreto 944 del 6 de abril de 1977 le deniega la salida del país. Casi un año más tarde, el 29 de marzo de 1978, el decreto 703 deja sin efecto su arresto a disposición del Poder Ejecutivo Nacional. El médico, que actualmente vive en San Juan, nunca fue citado a declarar.

 

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