Con la literatura también se puede jugar

Cultura & Espectáculos 25/06/2018 Por
Con las palabras se puede inventar historias, convertir un breve espacio de tiempo, en una ronda de encuentro. Presentamos una selección de juegos literarios como una nueva manera de ver y pensar la vida.
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Por: Barbi Couto  - Especial para La Nueva Mañana

Todo el que juega, todo el que ha jugado, sabe que, cuando se juega, se está en otra parte. Se cruza una frontera. Se ingresa a otro país, que es el mismo territorio en que se está cuando se hace arte, cuando se canta una canción, se pinta un cuadro, se escribe un cuento, se compone una sonata, se esculpe la piedra, se danza.

“La frontera indómita”,
de Graciela Montes

Abro la primer cajita, el juego se llama “Poesía a la carta” e incluye una selección de cartas del I Ching y otra de poemas de Laura Devetach de su libro inédito “No se llama Morgana”. El juego promete ser un oráculo al cual uno puede acudir en busca de respuestas, cada poema puede convidarnos un acercamiento a eso sobre lo que nos estamos preguntando, lo que nos inquieta o desafía. La invitación es a encontrarnos con la poesía y animarnos a descubrir nuevas formas de pensar temas, inquietudes y desvelos. Las instrucciones indican “formular una pregunta lo más abierta posible” y sacar una carta de poemas y otra del I Ching para obtener la profecía. Bueno... no vamos a arrancar con pequeñeces, me la juego con una pregunta de las importantes: “¿Cómo serán los próximos meses de este contexto difícil que nos toca vivir como sociedad?” y voy en busca de las respuestas. La carta de I Ching es “Lo creativo” y el poema que obtengo del mazo se llama “Bendiciones” y dice así:

Una piedra
sobre el tablero de ajedrez
los peones se van
los reyes mueren
y el tablero inestable
mezcla los casilleros.
Quién hizo
las reglas de este juego
quién no nos dio todavía
su bendición.

En su libro “La frontera indómita. En torno a la construcción y defensa del espacio poético”, Graciela Montes dice: “El territorio del juego, el territorio del arte, aunque ligado de mil maneras a la subjetividad de quien juega o crea, tiene su autonomía y sus reglas. Las reglas del juego”. Y las reglas de este juego invitan a encontrarnos con otros a través de la poesía, que las palabras resuenen dentro y sorprendan y transformen, y revelen nuevas formas de ver y pensar el mundo. Los poemas de Laura surgieron de una escritura sobre sí misma, sobre su madre y las mujeres en general, recuperando la historia de Morgana, la hermana del Rey Arturo, la hechicera, quien según cuenta la leyenda aprendió su magia de la mano de Merlín y, en este juego, se convierte en la pitonisa. En épocas donde las certezas son pocas, las noticias abrumadoras y la resistencia se ha vuelto el pan de cada día, estos poemas -siempre abiertos- invitan a pasar la realidad por el tamiz de la poesía, conversando con otros, y ver qué sale, jugar a animamos a decodificar el oráculo poético.

Tengo sed: “Tengo sed / y me ahogo / en cada vaso de agua”.

Silencio: “Moldea los labios del otro / con un dedo / en un acto todo poderoso / dice / hágase la luz / habla, boca / y por viejos / milenarios caminos / sólo llega la respuesta de la arena”.

Afirmaciones II: “A más de uno / hay que quererlo / sin que se dé cuenta”.

“Poesía a la carta” es un libro-juego de palabras que incluye 50 naipes y que edita Tinkuy, encuentro con libros, un programa radial sobre literatura infantil y juvenil que financia la producción de su programa con la publicación de libros-juego de promoción de la literatura. Otros juegos que forman parte de su catálogo son “Palabrerío. ¿Cuántas palabras tenés en mente?”; “Doblete. Duplas literarias de cuentos clásicos con ilustraciones de Brocha”; “Vocablos”, un juego de ingenio para formar palabras combinando letras y sílabas; “Ping Pong Literario 1 y 2”, un juego de conversación; “Contame”, un juego para armar historias y “Haikus”, un juego de escritura de haikus con selección de María José Ferrada.

200grs de palabras y una receta para hacer poesía

Verónica Velázquez decidió un día preparar algo especial. Tomó las palabras de un cuento de Cortázar, las imprimió y recortó sobre una planchuela de imán, las mezcló en una olla, las sazonó con un poco de entusiasmo y sacó un cucharón de palabras para cada porción. El resultado es el juego literario “Bla! Kit de palabras magnéticas”. Las instrucciones son simples, porque no hay, la tapa indica “para expresarse jugando..!”, y una vez abierta solo hay palabras, palabras y más palabras. El juego consiste en sacarlas, todas, un puñado o solo algunas y animarse a crear.

Tengo / hambre / del / alma
El / mundo / es / una / paz / exquisita
Volando / seremos / paloma

Poesía cotidiana para recordar lo importante en la puerta de la heladera, poesía colectiva para compartir con los amigos y compañeros de la escuela, poesía imborrable para decir presente en los eventos del archivo de la memoria, poesía infantil para jugar a aprender las palabras en el Kit que en vez de palabras trae letras. Poesía para buscar la palabra precisa, necesaria, esa única palabra que expresa lo que se quiere decir, hurgar en la caja que no es cualquier caja, es una caja redonda, marrón, de cartón, de las de dulce de leche, porque este juego es una invitación a preparar poesía como quien descubre los ingredientes para una receta nueva de algo rico, saludable y vital para alimentar el alma.

Contar historias alrededor del fuego

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Armar la ronda y contar historias está entre los primeros relatos de la humanidad, en el primer capítulo de cualquier historia de la literatura siempre están la ronda y las historias. También aquellas que quedaron estampadas en las cuevas con las primeras pinturas rupestres. Y es que la ilustración forma tanta parte de la literatura como las palabras, es este otro lenguaje que permite entrar en nuevos mundos, ponerse en la piel de otros, expresar sentires, contar historias. “Infinicuentos”, un proyecto de la ilustradora Lucía Vidal, pone a la imagen en el centro de la escena. El juego tiene 80 tarjetas ilustradas y un cuadernillo con sugerencias para incentivar la creatividad, además de tarjetas vacías para invitar a dibujar.

Un banco de plaza con una pequeña caja sobre él. Una niña subida sobre una silla abriendo una puerta de la alacena. Un papel olvidado en la vereda. Alguien tapándose el rostro. Imágenes sugerentes, narrativas, personajes atravesados por alguna emoción: susto, frustración, alegría, curiosidad, en pequeñas tarjetas en blanco y negro. Las ganas de desparramarlas y encontrar las que juntas cuenten una historia invade desde el primer momento. Y por qué no, las ganas de ponerse también a dibujar, como en esas primeras épocas de la humanidad, cuando el lenguaje escrito aún no existía y sin embargo ya éramos capaces de contarnos historias.

La autora sugiere el juego para una variedad impensada de instancias: “para utilizar en hogares, escuelas, psicología, psicopedagogía, enseñanza de idiomas, talleres teatrales de improvisación, clases de guion, como rompe hielo y donde tu imaginación lo lleve”.

Recuperando a Graciela Montes, ella plantea que hay una frontera, un espacio ganado a la libertad, entre el espacio más íntimo y personal y el afuera con sus condicionantes y su realidad que por momentos se nos muestra inmodificable e implacable. En ese espacio de frontera, cuando uno juega, se permite ser otro, y se permiten las propias reglas del juego. Durante todo ese tiempo que dure el jugar, se puede construir un mundo nuevo, con reglas nuevas que los propios participantes decidan. Entonces, de pronto, animarse a jugar a las cartas, a la conversación, a armar poesía, al oráculo, a inventar historias con dibujos, siempre con otros, en compañía, es animarse a entrar en un mundo donde por un momento todo es posible. Donde se puede poner en palabras nuevas ideas y fomentar el encuentro, donde las palabras y la suspensión de la vida cotidiana nos puede ayudar a pensar, a experimentar, qué otras cosas, qué otras lógicas, qué otras formas son posibles.

Quiero tiempo, pero tiempo no apurado, / tiempo de jugar que es el mejor. / Por favor, me lo da suelto y no enjaulado / adentro de un despertador. (María Elena Walsh)

¡Ahora, a jugar!

No tiene ninguna gracia leer una nota sobre juegos literarios y quedarse sin jugar, así que acá van unas cuantas excusas para robarle un rato al día, llamar a la/s persona/s que tengamos cerca e invitarlas a jugar. Quién sabe cuántas ideas puedan surgir de un breve espacio de libertad.

De Bla!: Escribir un poema usando estas palabras sacadas al azar de la caja de palabras magnéticas: estrellas / pinta / cabeza / ? / danza / sé / vacías / ver / murallas / yo

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  • De “Palabrerío”: Palabras con la letra L. Categoría: Personajes de cuentos, historietas o novelas. Modalidad: Dale Dale! (la mayor cantidad de palabras que puedas decir en 30 segundos)

  • De “Vocablos”: Armar palabras usando por lo menos 4 cartas de esta selección. Solo se puede usar una de las letras de cada carta. La palabra con mayor puntaje gana.

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  • De “Ping pong literario”: Para conversar sobre libros, van un par de preguntas: ¿Qué libros compartiste o compartirías con tu mamá? / Si pudieras entrevistar a un autor... ¿qué le preguntarías? / ¿Qué tenés en cuenta al comprar un libro? ¿Tenés algún ritual o costumbre? ¿En qué lugar inesperado o extraño contaste o te contaron alguna historia?

  • De “Haikus”: Para escribir un Haiku, que es un breve poema japonés de tres versos, con estructura 5/7/5 sílabas, que busca la belleza y simplicidad de la observación de la naturaleza y el mundo.

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  • De “Poesía a la carta”: Preguntar al oráculo una inquietud. La pregunta debe ser lo más amplia posible. Me tomo el atrevimiento de compartir aquí la respuesta de la pitonisa.

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