Otra vez Argentina toca Fondo

País 12/06/2018 Por
El Gobierno anunció el blindaje acordado con el FMI, lo que resultará en un fuerte ajuste fiscal. Macri apuesta a comprometer a los bloques legislativos “dialoguistas” para plasmarlo en el Presupuesto 2019.
Sturzenegger - Dujovne

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Por: Daniel Salazar

La severa profundización del endeudamiento externo que dejó la última dictadura cívico militar de 1976 fue la espada de Damocles que cayó sobre los sucesivos gobiernos desde la reapertura de la democracia en 1983, y provocó las profundas crisis con la que terminaron cada una de aquellas administraciones sus respectivos mandatos entre los años ochenta y los noventa, y que explotó en el 2001. Mientras que, contrariamente a lo que sucedía en aquellas épocas y en lo que coinciden consultores de nuestro país provenientes de diferentes corrientes ideológicas, es que la deuda externa durante los años del kirchnerismo (2003-2015) había dejado de ser un problema para la economía argentina. Tanto es así que hasta el propio Gobierno de Mauricio Macri, cuando asumió en diciembre de 2015 y publicó “El estado del Estado”, el diagnóstico de la administración pública recibida no incluyó a la deuda externa como parte de la “pesada herencia recibida”.

La deuda externa, en el centro del debate

Es que como resultado de la gestión de la deuda que hizo el kirchnerismo hubo tres cambios respecto al manejo histórico: se redujo la relación Deuda/PBI (Deuda respecto al Producto Bruto Interno, lo que produce el país en un año), se reemplazó la deuda que teníamos con los acreedores externos por deuda con el propio sector público y se aumentó la deuda en pesos reduciéndola en dólares, resumió el ex ministro de Economía de los primeros cuatro meses turbulentos del 2002, durante la gestión de Eduardo Duhalde, Jorge Remes Lenicov, en un informe de Chequeado sobre ¿Argentina durante el kirchnerismo se desendeudó o no?.

En el mismo sentido, el economista y ex diputado nacional Claudio Lozano se expresó en una entrevista titulada “Hemos ingresado de nuevo en la calesita el endeudamiento perpetuo” que brindó a La Nueva Mañana: “En realidad no se logró reducir la deuda durante ese período, en parte porque en la práctica la quita que hubo en los canjes de la deuda en los años 2005 y 2010 se compensó con los bonos que denominaron “Cupón PBI” atados el crecimiento del Producto Bruto Interno que se entregaron a cambio. Por el contrario, el monto de la deuda creció en 12 años en cien mil millones de dólares, desde 150.000 millones de dólares que teníamos de deuda pública a 250.000 millones de dólares en el final del mandato de Cristina. Lo que sí pasó durante el kirchnerismo es que se reemplazó la deuda que teníamos con parte de los acreedores privados del exterior y con los organismos internacionales, por caso el Fondo Monetario Internacional (FMI), por deuda con distintos organismos del Estado, Banco Central, Banco Nación y Anses, que le prestaron plata al Tesoro Nacional para que cancelara con reservas la deuda de 10.000 millones de dólares con el FMI, y también para cancelarle deuda a los acreedores privados. Eso es lo que se llamó desendeudamiento”, dijo Lozano.

El fuerte endeudamiento de la gestión macrista

En ese período, se modificó la composición de la deuda. La deuda planteaba menos problemas en términos de restricciones en materia externa y los efectos que la deuda tiene en la economía doméstica.
Obviamente que esto no tuvo un efecto neutral, trajo otro tipo de inconvenientes, por detrás de esto estuvo en gran medida buena parte de los desequilibrios monetarios e inflacionarios que afectaron el final del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner.

Ahora lo que sí es cierto es que este desendeudamiento o, mejor dicho, esta sustitución de deuda que hizo bajar la cantidad de deuda con acreedores del exterior es lo que el Gobierno de Macri utilizó desde que asumió para volver a endeudarnos escandalosamente, en cifras que están en el orden de los 100.000 millones de dólares en estos primeros dos años (lo mismo que el kirchnerismo en doce), que en lo que va de 2018 ampliaron en 40.000 millones de dólares más de nueva deuda, incluyendo la renovación de los bonos del tesoro y a lo que hay que agregar ahora el nuevo empréstito del FMI por 50 mil millones de dólares, que elevará la deuda externa a cerca del 75% del PBI, según estiman consultores económicos y crediticios privados.

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Nicolás Dujovne, ministro de Finanzas



El mega ajuste que se viene

Lo que también es cierto es que a aquellos desequilibrios fiscales que dejó la ex presidenta esta administración los agravó. El déficit fiscal del orden de 5 puntos del PBI, Macri lo elevó casi al doble, a los 8 puntos actuales. Y el desbalance de las cuentas del comercio exterior que dejó Cristina hoy el macrismo lo llevó a valores de déficit récord. Se puede deducir que no todo es culpa de la” pesada herencia”.

Fue una decisión propia la peligrosa estrategia de Macri de sustituir a los organismos intraestatales como principal fuente de financiamiento del déficit fiscal y en su lugar recurrir al endeudamiento externo que llevó a la Argentina en estos dos años y medio a encabezar el ranking de colocadores de deuda emergente, según datos de la agencia Bloomberg. Con el agravante de la desfinanciación del Estado que llevó a cabo el Gobierno cuando decidió voluntariamente apenas asumió transferirle descomunales recursos que eran destinados a equilibrar la desigualdad en la Argentina a sectores concentrados de la economía. Lo hizo eliminando 80 mil millones de dólares de las retenciones a los exportadores cerealeros y alrededor de 40 mil millones de la misma moneda al sector minería, bajó el impuesto a los bienes personales; benefició al sector bancario y financiero especulativo del que varios de sus ministros y funcionarios forman parte, permitiéndoles ganancias siderales del orden de los 20 mil millones de dólares en dos años con las Lebacs y el retorno de tasas del 40% y ahora transfiriendo cifras millonarias al sector energético a través del tarifazo. Y más peligroso aún abriendo indiscriminadamente las importaciones y generando el récord de déficit de la balanza comercial al que hacíamos referencia, cercano a los 9 mil millones de dólares, privando así de los recursos genuinos que tiene el estado para hacer frente a los compromisos cada vez mayores que tiene con la deuda externa.

Un remedio que empeora la enfermedad

Claro que el correlato de esto es que esta estrategia tenía un tiempo límite, como se lo advirtieron permanentemente legisladores, dirigentes políticos, gremiales sindicales, economistas de todas las ideologías y las agencias crediticias internacionales, el que fije el humor y el apetito de los inversores especuladores financieros extranjeros y de las condiciones de los mercados de capitales internacionales que se adelantó en el tiempo y provocó la grave crisis financiera de fines de abril pasado.

El remedio al que acudió Macri es peor que la enfermedad. Si con los mismos ingredientes, se aplica la misma receta el resultado va a ser siempre el mismo y otra vez la argentina recurre al “blindaje” del Fondo. Lo que no le aclaran a la sociedad es que el FMI no otorga créditos, sino un respaldo financiero, “financia el programa” que exige al Estado que cumpla para asegurarse el cobro de la plata prestada.
El plan dice que el Gobierno debe reducir el déficit fiscal por medio del ajuste fiscal que alcanzará a los principales rubros del Estado. Este año el recorte estatal será del 2,7% del PBI (la meta prevista era del 3,2%) y para el 2019 se viene un mega ajuste se pasará del 2,7 de este año al 1,3 por ciento, es decir se ajustarán las cuentas públicas el doble de lo previsto.

Las víctimas del ajustazo

Aunque aún no se difundieron los detalles de ese ajustazo, las planillas distribuidas la semana pasada por el ministro de Hacienda dan algunos indicios.
Los rubros que experimentarán esa caída serán los salarios del Estado, transferencia a las provincias, inversiones en obras públicas del Estado y los subsidios a la energía y al transporte.
Además, ese duro ajuste fiscal se monta sobre una demanda de consumo en retroceso como consecuencia de la caída del salario real, el desempleo y la caída de la producción, por lo que hay razones suficientes para esperar un futuro inmediato complicado en materia de actividad económica y bienestar social, dicen los especialistas.

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El presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger



Festejos en la Rosada y rechazo opositor al acuerdo con el Fondo

Sin embargo, con alegría y optimismo vivió el Gobierno la confirmación del acuerdo con el Fondo que le permitirá a la administración de Mauricio Macri llegar sin complicaciones económicas al final de su mandato, trasunto de la reunión en Olivos en la que el Presidente recibió para felicitar a los integrantes del equipo que participó del acuerdo.
Además, funcionarios de la Casa Rosada destacaron a La Nueva Mañana que el acuerdo despeja el camino para enfocarse en el nuevo objetivo, plasmar el ajuste en el proyecto de Presupuesto 2019 que deberá aprobar el Congreso antes de fin de año.

Por el contrario, el rechazo del regreso del FMI para monitorear las cuentas de la Argentina es contundente en el grueso de la sociedad según demuestran las encuestas que hasta el propio Gobierno tiene. También lo tiene en el plano de las sociedades de artistas e intelectuales del país y en las centrales obreras opositoras, las dos CTA, de Hugo Yasky y Pablo Michelli, la Corriente Federal de Trabajadores, que lidera el bancario Sergio Palazzo y el moyanismo, y en los sindicatos combativos de izquierda, en las organizaciones sociales del grupo San Cayetano, la CCC, Barrios de Pie y la Ctep y en los organismos de Derechos Humanos.

¿Y en el Congreso?

No obstante, en el plano político del Congreso Nacional, donde se dirimirá finalmente el mega ajuste macroeconómico a través de la discusión del Presupuesto Nacional, el rechazo es a medias. Desde que el gobierno anunció el jueves el salvataje del FMI, de los principales bloques opositores se expresó el FPV-PJ a través de un comunicado en el que acentuó la “preocupación y descontento” por el acuerdo que “va a profundizar la recesión, el ajuste empeorará el mercado interno y la situación social se agravará” y exigieron que sea tratado en el Congreso y las manifestaciones vía twiter del titular del bloque Argentina Federal, Pablo Kosiner, en el que señaló que “recurrir al Fondo para aumentar la deuda en U$D 50.000 millones bajo el pretexto de evitar la crisis y ser un país normal, no es motivo de festejo” y agregó: “El gobierno debe explicitar más cuáles serán las variables del ajuste fiscal que permitirán una baja drástica del déficit sin crecimiento”. Todavía no se pronunció el bloque del Frente Renovador, buscamos al referente económico del grupo Marco Lavagna, ante la ausencia por viaje de la titular Graciela Camaño y no respondió el teléfono. Será porque el líder de esta agrupación, Sergio Massa, se reunió hace quince días con los nuevos negociadores del gobierno, los gobernadores Mara Eugenia Vidal y Horacio Rodríguez Larreta, en una parrillada de San Telmo que aún no hay pronunciación sobre el tema?

En el Senado, en tanto, el protagonista del encuentro con los negociadores macristas fue el influyente senador Miguel Pichetto, todavía en silencio. De los otros bloques más numerosos, Adolfo Rodríguez Saá se ausentó de la votación contra el tarifazo y tampoco respondió al pedido de opinión, y el salteño Juan Carlos Romero no respondió al teléfono. El que se expresó fue el titular del bloque del FPV-PJ, Marcelo Fuentes, que dijo que el acuerdo con el Fondo no es impericia, es un plan deliberado: “El ciclo de endeudamiento al que nos llevó el gobierno tiene dos planos, el ordenamiento interno y el adoctrinamiento exterior, con lo cual la gente debe tener en claro que quienes gobiernan no hicieron esto por impericia, se trata de un plan deliberado para llegar a esto”. Lo cierto es que otra vez la Argentina toca Fondo.

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