El legado político de la Reforma Universitaria

En los últimos 100 años, los postulados de la revolución estudiantil han sobrevivido a persecuciones y a varios intentos de eliminación. Sin embargo, esa fuerza profundamente democrática aún perdura como guía y como tesoro.
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Acto estudiantil en Córdoba, frente a la estatua de Rafael García, un ex profesor tradicionalista.

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Se cumple un siglo de la Reforma Universitaria, que cambió el paradigma de la educación superior en Argentina y en toda América Latina, una revolución social de una generación que fue capaz de convencer a medio continente de que el Estado tenía la obligación de brindarle igualdad de oportunidades a todos los ciudadanos y es en este preciso momento histórico donde se origina la educación universitaria pública y gratuita.

Para ponerlo en su justa dimensión, al Cordobazo hay que acercarse a través del contexto histórico que vivó la Argentina pocos años antes que de su génesis, cuando las libertades individuales y sociales comenzaron a conquistarse a través de mecanismos democráticos, con representación popular.

En este contexto surgieron los partidos políticos que ejercieron una creciente presión política sobre la elite gobernante que debió sancionar la Ley General de Elecciones, conocida como “Ley Sáenz Peña” que estableció el voto secreto, individual y obligatorio para todos los ciudadanos varones de la República Argentina.

La sanción de esta ley permitió por primera vez la participación de los sectores sociales excluidos hasta entonces y abrió el primer proceso democrático del país que terminó coronado con la presidencia de Hipólito Yrigoyen y los representantes del orden conservador protegiendo la mayoría parlamentaria.

Cuando los ciudadanos argentinos adquirieron conciencia social, el próximo paso inevitable fue el de exigirle al Estado, controlado desde el seno parlamentario por ese viejo orden conservador, el acceso al conocimiento como base de desarrollo nacional. Se trataba en realidad de ir terminando de romper las cadenas de la esclavitud social, económica y política.

De una universidad a la medida de la Iglesia y la aristocracia a otra muy diferente

La historia universitaria en el país existía hacía centenares de años concentradas en tres distritos, Córdoba (la más antigua), Buenos Aires y La Plata. La Universidad de Córdoba actuó durante siglos con una fuerte influencia de la Iglesia Católica y las familias aristocrática como el principal centro de formación y selección de las élites gobernantes locales.

La Reforma Universitaria de Córdoba transformó esa realidad que sigue vigente cien años después. El movimiento estudiantil consagró la autonomía universitaria, el cogobierno estudiantil, la libertad de cátedra, la asistencia libre a clases y los concursos para cubrir cargos docentes, logros que se expandieron por toda América Latina permitiendo el acceso a la educación de grado a todos por igual. El Manifiesto Luminar, el documento básico de la Reforma Universitaria, no es solo un documento, es un legado.

“Acabamos de romper la última cadena”

“La Juventud Argentina de Córdoba a los hombres libres de Sudamérica: Hombres de una República libre, acabamos de romper la última cadena que, en pleno siglo XX, nos ataba a la antigua dominación monárquica y monástica. Hemos resuelto llamar a todas las cosas por el nombre que tienen. Córdoba se redime. Desde hoy contamos para el país una vergüenza menos y una libertad más. Los dolores que quedan son las libertades que faltan. Creemos no equivocarnos, las resonancias del corazón nos lo advierten: estamos pisando sobre una revolución, estamos viviendo una hora americana”, señalaron el manifiesto.

Pero se trataba, además, de incorporar la universidad a la sociedad, vinculándola con problemáticas sociales como principal usina de profesionales capaces de resolverlas y no de elites gobernantes.

Un tal eodoro Roca

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En nuestro país, el principal dirigente del movimiento reformista y redactor del Manifiesto liminar, Deodoro Roca, profundizaría el desarrollo de sus ideas alrededor de esta cuestión. “Tales trogloditas, dirá, creen saldadas sus deudas con los demás ‘por el mero hecho de atestiguar ante el asombro privado que son cisternas de saber’, sin advertir que es necesario que ‘con la palabra del intelectual se transparente una acción”

“La isla democrática”

Durante las próximas décadas existieron movilizaciones y reformas de la universidad argentina, según los principios de la rebelión cordobesa de 1918. Más de treinta años después, en 1949 se estableció la gratuidad de la enseñanza universitaria y se garantizó la autonomía universitaria con la reforma constitucional de 1949. Luego del golpe de Estado de 1955 y hasta el golpe de Estado de 1966, la universidad se organizó según los principios reformistas, con un gobierno autónomo de estudiantes, docentes y no docentes, siendo conocida como “la isla democrática”.​

En el ´58 y el ´59 el movimiento estudiantil protagonizó la lucha conocida como “Laica o libre” contra la creación de universidades privadas, perdiendo la batalla cultural como pasaría a lo largo de los próximos años con la fatídica “Noche de los Lápices”, donde los militares argentinos asesinaron a grupo de estudiantes por atreverse a exigir un boleto educativo gratuito.

El proceso dictatorial intervino las universidades anulando la autonomía y reprimió violentamente a los docentes, estudiantes y decanos que se opusieron a la intervención en lo que se conoció como la “Noche de los bastones largos”, que originó la fuga de cerebros en Argentina. Fue el principio del fin. El Cordobazo le puso un límite al régimen militar que terminó convocando a elecciones libres en 1973.

Universidad = Democracia

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Tropas del ejército en un patio de la Universidad Nacional de Córdoba, luego de desalojar a los estudiantes que la habían ocupado.

El gobierno democrático asumido en 1973 estableció el ingreso irrestricto a la universidad, y el cogobierno cuatripartito de la universidad (docentes, estudiantes, graduados y no docentes). En 1976 la última dictadura cívico militar implantó un régimen de terrorismo de Estado, que arrasó la universidad y apuntó a la juventud que militaba como una de sus víctimas principales.

Recuperada la democracia en diciembre de 1983, la universidad fue uno de los ámbitos más favorecidos, en tanto que los principios de la Reforma Universitaria de 1918 quedaron consagrados como patrimonio común de la política cultural del país. La reforma constitucional de 1994 estableció la garantía de “gratuidad y equidad de la educación pública estatal y la autonomía y autarquía de las universidades nacionales” (art. 75, inciso 18).
Con la idea de preservar el legado materializado en 1918, es una obligación detenerse en la política educativa en general y sobre todo en la universitaria en general para tomar conciencia del momento en el que nos encontramos.

La gobernadora de la provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, se preguntó a días de cumplirse el centenario por la Reforma Universitaria ante socios del Rotary Club “¿Es de equidad que durante años hayamos poblado la Provincia de Buenos Aires de universidades públicas cuando todos los que estamos acá sabemos que nadie que nace en la pobreza en la Argentina hoy llega a la universidad?”.

“No podemos dejar nuestra suerte librada a la tiranía de una secta religiosa”

“Nuestro régimen universitario -aún el más reciente- es anacrónico. Está fundado sobre una especie del derecho divino: el derecho divino del profesorado universitario. Se crea a sí mismo. En él nace y en él muere. Mantiene un alejamiento olímpico. La Federación Universitaria de Córdoba se alza para luchar contra este régimen y entiende que en ello le va la vida. Reclama un gobierno estrictamente democrático y sostiene que el demos universitario, la soberanía, el derecho a darse el gobierno propio radica principalmente en los estudiante”.

“No podemos dejar librada nuestra suerte a la tiranía de una secta religiosa, no al juego de intereses egoístas. A ellos se nos quiere sacrificar. El que se titula rector de la Universidad de San Carlos ha dicho su primera palabra: “prefiero antes de renunciar que quede el tendal de cadáveres de los estudiantes”. Palabras llenas de piedad y amor, de respeto reverencioso a la disciplina; palabras dignas del jefe de una casa de altos estudios. No invoca ideales ni propósitos de acción cultural. Se siente custodiado por la fuerza y se alza soberbio y amenazador. ¡Armoniosa lección que acaba de dar a la juventud el primer ciudadano de una democracia Universitaria! Recojamos la lección, compañero de toda América; acaso tenga el sentido de un presagio glorioso, la virtud de un llamamiento a la lucha suprema por la libertad; ella nos muestra el verdadero carácter de la autoridad universitaria, tiránica y obcecada, que ve en cada petición un agravio y en cada pensamiento una semilla de rebelión”. 21 de junio de 1918.  

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