Previa en Moscú: ¿Está Rusia preparada para recibir al Mundial?

Deportes 08/06/2018 Por
La sociedad mira con indiferencia a la copa del mundo en su país, por eso es la escasa cartelería en otro idioma que no sea el local. La mayoría ni siquiera habla inglés, aunque muestran predisposición.
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1 / 3 - - Los primeros extranjeros relatan su odisea con humor, porque si algo tiene el ruso es predisposición.




Rusia-chapa

Por: Federico Jelic
ESPECIAL DESDE RUSIA

Alfabeto cirílico por todos lados. Palabras que ni suenan parecido ni al inglés ni al español. Rostros serios caminando sin mirar ni saludar al prójimo. El contexto parece riesgoso para aquellos aventureros que osen viajar hasta Rusia para presenciar y sentir la Copa del mundo, sin embargo, nada es imposible cuando hay voluntad y sobre todo actitud.

Rusia 2018 se desarrolla en un contexto particular, en una sociedad que le muestra indiferencia y hasta algunos no disimulan su desacuerdo, pero no obstante, a medida que pasan los días, se instala un clima festivo y de color con los primeros turistas futboleros que les devuelven una sonrisa. Entonces la antipatía se torna en simpatía y el mundial ya se parece a todos los anteriores al menos en pasión.

De todas maneras no es fácil. De entrada ya los carteles, cartillas de restaurantes, hoteles, locales comerciales y hasta nombres de las calles figuran en cirílico, incluso en las estaciones de subte, aunque investigando un poco uno puede encontrar los que tienen doble idioma (con inglés, por supuesto).  Los primeros extranjeros relatan su odisea con humor, porque si algo tiene el ruso es predisposición. Si uno con amabilidad cruza esa línea con el desconocido con empatía y sobre todo, con respeto.

A primera instancia, lo conveniente es empezar un diálogo o consulta en español para después meter las primeras palabras en inglés. Como que empezar con el acento inglés no les genera mucha vocación de servicio, por la eterna rivalidad con occidente, que los hace desentendidos de cualquier requisitoria, por más que tenga las mejores intenciones.

Pero a ese aspecto osco y con apariencias rudas un argentino lo lugar cruzar con su habitual temperatura social. Como que comprenden las necesidades  y se muestran voluntarios con explicar direcciones, hoteles, combinaciones de subtes y otros habituales pedidos de los turistas. Es cierto que todo figura escrito en ruso, pero con algunas aplicaciones para el Metro y el mismo traductor puede ser un aliado importante para romper la barrera idiomática.

En las calles el respeto de los autos al peatón es sorprendente, a pesar del intenso tráfico de las calles de Moscú. En el subte suelen correr más de la cuenta, sobre todo en esas escaleras mecánicas subterráneas que pueden tener casi 70 metros.

Eso sí: en la Plaza Roja, a pesar de que no está escrito, no está permitido exhibir banderas de otros países que no sea Rusia. Un agente policial (hay refuerzos en toda la ciudad) puede reprocharte esa acción no de la mejor manera, como le pasó a unos audaces mexicanos que solo querían una foto con el Kremlin y la catedral de San Basilio de fondo.

Hay alegría con los argentinos, que fieles a su estilo, cantan y gritan en señal de apoyo a la selección y también cuando espontáneamente se encuentran con un paisano. Suelen mirar con curiosidad y los más desenvueltos hasta toman fotos. Por puro desconocimiento, miran con desconfianza la Copa del mundo y toda su marea turística sin embargo, se van encantando a medida que pasan los días y el inicio está cada vez más cerca.

Nadie confía en su equipo nacional y le dan apoyo mesurado a Argentina y Brasil, sobre todo por Lionel Messi y Neymar. Las publicidades mundialistas son contadas, en algunas avenidas y puentes. Pocas calcomanías en los bares, el fan fest (predio con pantallas gigantes para la gente) se inaugurará el fin de semana, a una parada de metro del estadio Luzhniki, coloso con aforo para 80 mil espectadores, escenario del partido bautismo entre Rusia y Arabia Saudita más la final.

El sueño de los argentinos es terminar la copa en ese estadio, pero primero debe conformarse con visitar el otro estadio habilitado por FIFA para el mundial: el del Spartak, en las afueras de la ciudad. Allí el elenco de Jorge Sampaoli medirá fuerzas con una de las cenicientas del torneo, Islandia, dando paso a la ilusión mundialista.

A pesar de que culturalmente quizás los rusos no están preparados para ser anfitriones o no toman dimensión de la fiesta que tendrán por delante, seguramente irán cediendo cuando aparezcan las primeras misceláneas mundialistas. Seguramente allí se enamorarán.

Sin entenderse con palabras, el fútbol puede ser un gran puente cultural para que la ceremonia tenga los tintes pasionales de siempre. El fútbol en ese no tiene fronteras y todo lo puede

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