Amanecer precoz y sueños mundialistas

La Copa ya se palpita por lo bajo sin la euforia latina, pero los rusos saben que pronto estarán en los ojos del mundo. Detalles de una cita fútbolera impostergable.
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Moscú ya recibe luz desde las 4 AM. - Foto: Federico Jelic - La Nueva Mañana.

 


Rusia-chapa

Por: Federico Jelic
ESPECIAL DESDE RUSIA

Amanece en Rusia nublado y con lluvia. Un amanecer precoz, porque a las 4 A.M. ya la luz del día indica el final d e la noche y la ciudad del tránsito más pesado del mundo y de la mayor cantidad de multimillonarios ya está despierta.

En nueve días recibirán a la Copa del Mundo y sus ciudadanos lucen como anestesiados, sin quizás tomar dimensión de que el mundo entero los tendrá en sus ojos durante un mes cuando la pelota empiece a rodar y los sueños mundialistas no tengan límites.

Igor me recibe en el taxi a la salida del aeropuerto Vnukovo, a 30 kilómetros de la capital, con mi apellido incorrectamente escrito y un temple bien de ruso. Sonríe cuando lo abrazo, como  no esperando tan cordial saludo. Es cultural: el ruso es parco como primera impresión pero al tomar confianza son muy afables.

No sabe ni una palabra en inglés pero se las ingenia para explicar. Pasamos para llegar al hotel por la estatua de Yuri Gagarín, primer astronauta en llegar al espacio, algo de lo que los rusos pueden presumir con orgullo. La estatua de Lenin mira imponente a todos y hay pocos carteles alusivos a la Copa del Mundo. Apenas banderas de Zuvivaka, la mascota oficial, en el aeropuerto y otros detalles más en el río Moscú.

Cerca de la Plaza Roja, un reloj con cronómetro en cuenta regresiva nos recuerda que faltan nueve días y 13 horas para que Rusia con Arabia Saudita den inicio al mundial.

Las arquitecturas son viejas, remodeladas con modernidad peros in perder los vestigios soviéticos. Según cuentan, en esos imponentes edificios de más de 10 pisos no hay ascensores. El orden parece ser prioridad de estado, nadie toca bocina y los pocos peatones que caminan a las 5 am parece uniformizados por el sistema.

La burocracia impera. En los hoteles le sacan fotocopia  a todo su pasaporte, incluso con más rigurosidad que en la aduana. La plaza Roja nos mira a lo lejos esperando su visita. La misma plaza que en unos días recibirá una marea argentina, celeste y blanca, con la ilusión de que Lionel Messi recupere el prestigio olvidado.  El mundial ya comenzó.



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