Rusia abre sus puertas a la magia mundialista

Deportes 06/06/2018 Por
La Copa del Mundo se disputará por primera vez en dos continentes. La cita promete ser del voltaje acostumbrado pero con típicos aditamentos culturales que lo harán especial.
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- Estadio Deportivo del Luzhnikí, en Moscú

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Por: Federico Jelic

Desafiante como lo marca su identidad en la historia de la humanidad, la Federación Rusa se prepara con intención de sorprender a todo el planeta con la organización de la 21ª Copa del Mundo de la FIFA, como también dejar su huella en la memoria de todos los futboleros.
Lejos del mapa de potencia que alguna vez intentó discutir en los albores de los ‘70 y ’80, cuando conformaba la Unión Soviética, hoy el anfitrión del mundial no sueña en grande pero apunta a realizar un digno papel que pueda dejar lo más alto posible su orgullosa bandera e idiosincrasia.

Designada mediante una polémica votación que terminó desatando escándalos con el tristemente célebre FIFAgate, Rusia se acreditó la organización del mundial con la mirada desconfiada de muchos sectores. Sin embargo, por lo exótico de su cultura y su aporte en la historia, el torneo es una tentación para quienes además del fútbol saben aprovechar y disfrutar sus bondades.

Es por eso que su capital, Moscú, tiene su capacidad hotelera completa desde hace más de dos meses, con dos estadios remodelados con la última tecnología como el Luzhniky y el Spartak Stadium, donde se celebrará el partido inaugural entre el combinado local frente a Arabia Saudita el jueves 14 de junio, ante la atenta mirada de 81.000 espectadores en sus asientos y el resto del mundo desde la pantalla.
Ya la Copa Confederaciones brindó un panorama de lo que será el mundial, con Rusia ni siquiera pasando primera ronda. Es el país de la burocracia, del alfabeto cirílico, de las multas a los peatones, del respeto a los símbolos políticos, de los zares, de la revolución risa-comunista, y también del vodka, su bebida nacional. Las sedes se expanden en la parte europea con excepción de Ekaterimburgo, la única en suelo asiático, cruzando los ponderados montes Urales. Un paseo por el estrambótico e intrépido tren transiberiano, que atraviesa el país de occidente a oriente en doce días, es el plato fuerte de todos los viajeros que osan aventurarse por aquellas latitudes.

Con respecto a las sedes, las distancias hacen su parte. De la austral Sochi, a orillas del Mar Negro, a San Petersburgo, ex Leningrado, los separan más de 2300 kilómetros. De Kalingrado (aislada en territorio europeo entre Lituania y Polonia) a Ekaterimburgo hay 3100 kilómetros. Más que un país, un continente. Los cuatro puntos cardinales abarcan más de 8 mil kilómetros cuadrados.

Liga poderosa que crece

Desde hace un tiempo Rusia apunta a recuperar terreno en el fútbol, y por eso su Premier League (denominación que recibió por recomendación del fuerte esponsoreo) forma parte de la elite de las mejores pagas del planeta, solo por detrás de la incipiente Superliga de China y los clubes más importantes de Europa. La apertura de ese mercado tiene una importante escala en Argentina, razón por la cual uno de sus equipos dominantes, el Zenit de San Petersburgo, hay cinco argentinos en su plantel: Emanuel Mammana, Leandro Paredes, Emiliano Rigoni, Matías Kranevitter y Sebastián Driussi.

Hoy la Federación de Rusia no ostenta a estrellas como el mejor arquero de todos los tiempos según los memoriosos, Lev Yashin, quien figura en todos los murales de la propaganda mundialista y en el mural oficial, además de ser el único guardavallas en ser coronado con el “Balón de Oro” de FIFA. Tampoco tiene a Oleg Blokhin (el “Pelé” Blanco), ni a Igor Belarov (balón de oro en el ’86 militando en Dinamo de Kiev) ni Igor Dobrovolski. Ni menos Oleg Salenko, quien ostenta haber convertido la mayor cantidad de goles la historia de los mundiales en Estados Unidos ’94 (gritó cinco veces ante Camerún). Para colmo, como ironía de la fortuna, sufre la baja de su delantero estrella, Aleksandr Kokorin, lesionado en su rodilla a meses de la cita mundialista. De todas maneras, el atractivo pasa también por la tentación del mercado y presenciar a los mejores del globo en un mes en la tierra de los zares. Puede ser la última participación mundialista de Lionel Messi y Cristiano Ronaldo, la consolidación del brasileño Neymar y las apuestas renovadas de España y Alemania como candidatos por decreto. La Plaza Roja, el Kremlin y la basílica de San Basilio, expectantes.

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