Se dispara la inflación por la trepada del dólar: cerraría 2018 arriba del 22%

País 07/05/2018 Por
La proyección inflacionaria del Gobierno nacional para este año es del 15%, pero el primer cuatrimestre ya acumula un 9% cuando aún restan ocho meses para que termine 2018.
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Por: Facundo Piai - Especial para La Nueva Mañana

La historia de nuestra economía dice que los precios internos son muy sensibles frente a la suba de la cotización de la divisa norteamericana. Por la extranjerización de nuestra estructura económica y la cantidad de bienes importados que se comercializan en nuestro país, por mera especulación de los actores económicos o ya sea por simple desconfianza en el devenir de la economía, la suba del dólar tiene incidencia en la economía doméstica. Tal es así que, luego de la corrida cambiaria, el relevamiento de expectativas de mercado que realiza el Banco Central indicó que la inflación esperada para este año será de 22%. Recordemos que en relevamientos anteriores el mercado proyectaba una inflación en torno a veinte puntos, y en diciembre último se esperaba un aumento de precios de 17,4%.

La dolarización de la energía implica que se trasladen a la tarifa los aumentos de los costos para producir gas, naftas o electricidad luego de una devaluación del peso.

Una devaluación que se traslada a los precios

Los relevamientos del Banco Central confirman algo inocultable. Las devaluaciones tienen su correlato en los precios. Al menos así razonan las figuras fuertes del mercado consultadas por el Central, quienes consideran que la expectativa inflacionaria aumentó unos cinco puntos principalmente por las variaciones del dólar. A esta relación casi directa entre precios y cotización de la moneda norteamericana se le suma otra; cada vez que hay aumento del precio de las divisas se genera incertidumbre y, en efecto, corridas de los ahorristas hacia el dólar por ser una unidad monetaria de valor más estable que el peso. Este calentamiento de la demanda del dólar contribuye al aumento de su cotización.

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Las figuras fuertes del mercado consultadas por el Banco Central consideran que la expectativa inflacionaria aumentó unos cinco puntos principalmente por las variaciones del dólar.

Sin embargo, no son pocos los funcionarios del Gobierno nacional que dijeron frente a las cámaras de televisión que la devaluación no es preocupante, que la “volatilidad no nos tiene que asustar”, dando a entender que la depreciación del peso no tendría mayores efectos en el devenir de la economía ni, tampoco, las sucesivas y abultadas intervenciones del BCRA en el mercado de divisas para desinflar la suba vendiendo miles de millones de dólares de sus reservas. Estas declaraciones recuerdan a las intervenciones públicas de Alfonso Prat Gay, ex funcionario de Cambiemos, sobre la inflación, quien había dicho a mediados del 2016 que “la inflación ya no es un tema”, y ese año cerró con un 40% de aumento, siendo la más alta en décadas. El ex ministro de economía de Macri también había dicho en un programa de TN que el dólar debía cotizar “entre $9,50 y $16", y luego aventuró que estará “más cerca de $9,50 si hacemos las cosas bien y más cerca de $16” si lo hacemos mal. La realidad dicta que las declaraciones erradas y contradictorias de los dirigentes de Cambiemos, sumado a la falta de un modelo de desarrollo económico claro, organizado y explicitado, generan mayor incertidumbre.

Muchos especuladores que tenían Lebacs en sus carteras, las venden frente al aumento del rendimiento de los bonos estadounidenses, con esos pesos compran dólares y con ellos bonos norteamericanos.

Más allá del fracaso de las devaluaciones en materia de competitividad, puesto que al trasladarse a precios, como ocurrió en las devaluaciones del kirchnerismo y en las que efectuó Cambiemos, la inflación licúa la competitividad del incremento del tipo de cambio (por ello se habla siempre de atraso cambiario, pese a las devaluaciones descomunales). Con el rumbo económico de este gobierno, hay un nuevo aspecto a atender respecto a la cotización de la moneda norteamericana y las tarifas de los servicios. La dolarización de la energía implica que se trasladen a la tarifa los aumentos de los costos para producir gas, naftas o electricidad luego de una devaluación del peso. Incrementos que se suman a las subas de las tarifas ya pautadas por la quita de subsidios. Es innegable la repercusión que las naftas o los servicios tienen en la estructura de costo de la economía, afectando a la competitividad de la misma.

Con una inflación del 9% en sólo cuatro meses

Según el Indec, la inflación acumulada de los primeros tres meses es de 6,7%. Si bien el organismo del Estado dará a conocer los aumentos oficiales de abril el 25 de mayo, algunas consultoras privadas aseguran que la inflación de los primeros cuatro meses sería de 9%. Es decir, en el primer cuatrimestre se llegaría a una inflación acumulada que está a sólo seis puntos de la meta trazada por el Gobierno, cuando aún quedan ocho meses por delante. Estos datos poco alentadores contribuyen a que haya una expectativa inflacionaria elevada, y cuando esto ocurre, los sectores que tienen la posibilidad de ahorrar recurren al dólar, y el calentamiento del dólar no hace otra cosa que aumentar su cotización generando un círculo vicioso del cual es difícil salir.

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El jefe de Gabinete, Marcos Peña, afirmó el día después de la suba de la divisa que “la volatilidad del dólar no nos tiene que asustar”.

En notas anteriores habíamos alertado sobre la compleja situación en la que se encuentra la economía y las eventuales políticas que el Gobierno podría implementar, de acuerdo a su visión de mundo, para desatar el nudo que atrapa a la economía. Así, podrían postergar el aumento de tarifas para restar presión a la inflación, sin embargo, esto generaría malestar en las multinacionales energéticas e iría en contra del objetivo de reducir el gasto. Tampoco pueden subir la presión tributaria para expandir la recaudación y bajar el déficit puesto que va en contra de su ideología e intereses. Podrían congelar el dólar; pero esto iría en contra de la consigna de que la cotización del dólar la marca el mercado y generaría disputas con el complejo exportador a quien le prometieron una alta cotización. Por otro lado, subir el tipo de cambio afecta la baja de la inflación por el traslado a precios. Acabar con la especulación financiera implicaría romper el equilibrio con los sectores de la alta burguesía a los cuales el Gobierno no representa con su política económica y les ofrece, a cambio, la bicicleta financiera para que valoricen sus activos. Además, la explicación monetarista de la inflación que tienen los cuadros técnicos de Cambiemos los lleva a reducir la liquidez de pesos para controlar los precios, estrangulando al consumo.

La suba de tasas en EEUU, ¿cambia la estrategia del Gobierno?

Sumado a todo esto hay una variable que toma centralidad dado al proceso de endeudamiento externo. La suba de la tasa de los bonos del Tesoro de los Estados Unidos que marca una referencia para el financiamiento de los países emergentes que financian su déficit con dólares prestados. Este incremento, producto de la volatilidad de la economía norteamericana y la estrategia de Trump de aumentar el gasto del Estado para menguar la crisis de empleo que azota a los yanquis desde hace varios años, pone un gran signo de preguntas sobre el ciclo de endeudamiento externo que lleva a cabo Cambiemos. Por otro lado, la suba de la tasa del bono del Tesoro estadounidense a 10 años también tensiona la estrategia de nuestro Banco Central respecto a las Lebacs. Puesto que muchos especuladores que tenían Lebacs en sus carteras, las venden, frente al aumento del rendimiento de los bonos estadounidenses, con esos pesos compran dólares y con ellos bonos norteamericanos. Es factible pensar que este fue uno de los motivos por los cuales el dólar se disparó. Por otro lado, también es factible pensar que esta acción puede volver a repetirse en un futuro frente a nueva suba de las tasas en Estados Unidos.

La realidad dicta que las declaraciones erradas y contradictorias de los dirigentes de Cambiemos, sumado a la falta de un modelo de desarrollo económico claro, organizado y explicitado, generan mayor incertidumbre.

Como consecuencia, la reacción del Gobierno no se hizo esperar. La misma consiste en el aumento de la tasa de política monetaria, en consecuencia subió la tasa de retorno de Lebacs (que llegó a 37%) y la tasa de interés de los préstamos bancarios. La desorientación del equipo económico en esta materia es notable, puesto que en diciembre del año pasado habían bajado la tasa de interés y corregido la meta de inflación alegando que así se reactivaría el consumo y la economía podría expandirse más, y en solo cuatro meses la tasa pasó de 27% a 33%. Por otro lado, el Gobierno cambió la meta de déficit fiscal y se decide a achicar el gasto público. Así las cosas, con ajuste y encarecimiento del préstamo, es poco probable que se cumpla con la meta de crecimiento de la economía para este año. Cabe aclarar que, devaluación mediante, la economía debería crecer más de lo pautado en el presupuesto para poder cumplir sin problemas con los compromisos de deuda asumidos.

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