Un tigre en el mostrador

Deportes 09/04/2018 Por
Humberto Rafael Bravo, goleador histórico de Talleres, administra su bar en barrio Jardín, a metros de La Boutique. A sus 65 años, sigue teniendo motivaciones más allá de la pelota. Historias de un cambio de vida y su relación con la clientela.

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Aroma a café y desayunos naturales. En una esquina del corazón de barrio Jardín, a escasos metros de la cancha de Talleres, se erige de manera solemne al lado de una cadena de supermercados el nuevo refugio del legendario goleador albiazul Humberto Rafael Bravo, más conocido como el “Tigre”.
A sus 65 años, sigue teniendo motivaciones más allá de la pelota. Con su paz habitual y una parsimonia propia de los santiagueños (nació en Añatuya), portando su humildad de siempre, el animal del gol ahora pasa su tiempo en “The bar”, restaurante-café en la intersección de las calles Elías Yofre y la avenida Ricchieri. Es de su propiedad.

No es temático del fútbol, ni quiere sacar chapa de su identidad; pero cada vez que algún desprevenido lo reconoce, la charla, los elogios y los recuerdos son inevitables. Y eso parece ser lo que más disfruta el goleador albiazul, como un personaje mundano que resiste a la fama y convive con el barrio de toda la vida como un vecino más, a pesar de la admiración de los hinchas.
“Se dio esta oportunidad y la verdad la estoy disfrutando mucho. Ya tenemos cinco meses en la calle, las respuestas son buenas y me sirve hasta de terapia, mirá lo que te digo. Es un reencuentro con viejos compañeros, como un centro de reuniones con amigos. Nunca me imaginé así, estoy contento, activo. Vengo a dar una mano a mis hijas que son las que lo manejan y me ocupo en lo que puedo, sea en el mostrador, en la caja o atendiendo a la gente”, comentó el “Tigre”, en su nueva faceta de vida, a cargo de un restaurante o café-bar.

En tanto, agregó: “Este lugar ya es una segunda casa. Es como una oficina, para venir a charlar, y en mi caso lo tomo con responsabilidad. Hice todo tipo de tareas. Si hay que acomodar sillas y mesas, lo hago, si tengo que llevar un desayuno también y hasta voy a cobrar a los clientes”.

- ¿Te reconocen ahora que estás del otro lado del mostrador?
- Y sí, a veces estoy en la puerta y me preguntan: ‘¿Qué hacés acá?’. ‘Este bar es mío’, les contesto. ‘Eh no sabía que era tuyo, voy a venir seguido’, me responden. Y vienen más seguido. Se crea un clima fraternal.

- ¿Te pasó eso de algún cliente que te miraba raro y después se daba cuenta quién eras?
- (Risas) Sí, siempre.Es una situación extraña. Tampoco me creo tan importante como para andar diciendo ‘hola, soy el Tigre’. Nunca fui así. Entonces cuando les tengo que cobrar es como que muchos empiezan a sacar conclusiones y me reconocen. Tampoco me considero famoso. Lo bueno es que como estoy en el barrio y cerca de La Boutique, me conocen bien o me tienen relacionado. Se ha creado un lindo clima ahora que vienen a ver los partidos.

Imagino que ves los partidos a la par de los hinchas…
- Sí, y el cariño es grande. Se reúnen todos los de Talleres acá porque tengo codificado, muchos me charlan diciendo: ‘entra vos Tigre y meté un gol’- se ríe-, y cosas por el estilo. Acá le abrimos las puertas a hinchas de Belgrano, Instituto y Racing también. Todo aquel que quiera venir a pasar buen momento es bienvenido. Pero la realidad es que vienen todos de Talleres.

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- El cariño está intacto…
- Por suerte. Y eso que todavía al bar no le puse nada de fútbol, ni cuadros ni fotos mías ni nada. Ni camisetas. Quiero que el estilo sea otro. Ahora tengo unas impresiones que mis hijas las quieren enmarcar en mis pasos por Francia, Talleres y la Selección. Otros me recomiendan que ponga la imagen de un tigre en la puerta o un cartel grande, pero me parece demasiado. No estoy al tanto del marketing. Lo que sí me pasa seguido es que mis hijas me llaman a mi casa porque hay clientes que se quieren sacar una foto conmigo. Yo estoy en la calle a veces o en el centro y tengo que venir “de raja”. Porque yo no quiero dejar a nadie clavado, a mí también me gusta.

- Todos te deben sacar conversación…
- Y claro, me gusta eso. Y están los nostálgicos, los que quiere hablar de fútbol, los que critican, los que todo el tiempo hablan de Talleres.  Y también gente común que ni sabe quién soy y lo mismo se pone a dialogar de otros temas. Está bueno eso.

- Los memoriosos también deben venir, ¿o no?
-(Risas) Es muy curioso eso. Es que hay gente fanática. Hay algunos que se acuerdan más de los partidos y mis goles que yo. Saben día, fecha, hora, campeonato, año…
Me salen con eso de aquel gol en cancha de Instituto, los cuatro a Belgrano en Alberdi, los del Nacional o de algún partido perdido que ya te habías olvidado. Te sorprenden con partido en la cancha de Ferro, Cipolletti y la verdad que no me acuerdo de todos pero es lindo porque me refrescan.  O te hacen volver a la memoria algún que otro gol que hice que ya no lo tenía presente. La verdad me encanta.

- ¿Te visitan los ex compañeros?
- Los chicos vienen seguido. La “Rana” Valencia, “Angelito” Boccanelli, Luis Galván y ya quedó este lugar para que sea el centro de las reuniones. Las puertas están abiertas.

- ¿Y de Talleres? ¿Vienen los jugadores?
- Creo que no, pero están invitados, hay descuento para ellos (risas). Los profesores y dirigentes saben del lugar, así que los espero cuando quieran.

- Nunca te fuiste del barrio, y eso es un impulso…
- Y nunca me voy a ir. Tengo los mismos vecinos de toda la vida. Me enamoré de este lugar. Hubo ocasiones que me quisieron comprar la casa, pero no la vendo por nada del mundo. Acá en barrio Jardín soy feliz. Tengo al club de mis amores, mis amigos, vine para quedarme, definitivamente.

- Ahora que estás impregnado en el mundo de los bares, ¿cuál es tu café favorito?
- Un café cortado al revés, con más leche que café, por favor.

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La Selección y Rusia 2018: “No somos candidatos, pero ojo”

Bravo supo ser recurrentemente convocado por César Menotti a la Selección Argentina y es sabido que quedó al margen de la lista final del mundial ’78, junto a Víctor Bottaniz y un tal Diego Maradona. Más allá de que después volvió a sver citado, la espina quedó clavada. Pero lejos del rencor o la sed de revancha, el “Tigre” lo toma con naturalidad, quizás por su carácter tranquilo o porque siempre fue un hombre batallador en inferioridad de condiciones.
“Esa noche no dormí, recuerdo, y Maradona me preguntaba qué íbamos a hacer. Yo me volví a casa. En los mejores términos, sin broncas, y hasta de AFA me llamaban a casa para darme entradas a los partidos. Ni a la final quise ir. Feliz por el logro mundial y el campeonato, pero me sentía mejor en mi casa”, aclaró Bravo.
- Te estaba por hacer una pregunta obvia…
-(Risas) Tranquilo, todo fue superado. La verdad es que no me esperaba quedarme fuera del Mundial porque estuve cinco meses concentrado. De hecho por ejemplo Galván llegó a falta de dos meses para el partido inaugural, fue titular y figura en la final. Son cosas del fútbol. Estuve en el proceso del Mundial ’82 también y eso me pone contento porque siempre lo hice defendiendo los colores de Talleres. Eso le da mucho más mérito a todo.

- ¿Le tenés fe a la Selección en Rusia?
- Siempre. Tenemos que admitir que estamos por debajo de otras potencias pero vamos  dar pelea. No somos candidatos, pero ojo. Argentina sabe recuperarse y tiene un escudo fuerte que se respeta en todo el mundo. Faltan cosas por corregir. Pero tengo esperanzas de que Lionel Messi haga todo lo que es capaz y eso me da ilusión de poder soñar. Es el ancho de espadas, hay que saber utilizarlo adecuadamente.

- Un ex Talleres, nacido en el club como Cristian Pavón, está cerca de ser convocado, siguiendo el legado de que empezaron ustedes…
- Y se lo merece realmente, sea de Talleres o no. Tiene velocidad  y gambeta, sabe patear de media distancia y estos años en Boca le enseñaron mucho. Lo veo mejor formado físicamente. Está más vivo. Lo mismo le está pasando a Emanuel Reynoso, con menos partidos en el lomo. Pero Pavón tiene que ir a Rusia, no tiene Argentina jugadores de sus características, va a ser muy importante.

Talleres, diagnóstico positivo

“El hincha tiene que disfrutar este momento de Talleres. Hace tres años estaba en el Federal A y ahora pelea el campeonato en Primera División. No hay que ser injustos con el equipo que está siendo protagonista como hacía mucho tiempo no pasaba”, comienza a opinar de su “cuadro” de toda la vida, Bravo, sin aires de fanatismo pero con ese respaldo implícito de siempre. “Todos teníamos ilusión de ser campeones, de ganar en La Bombonera pero no se dio. Y no fue culpa del árbitro, hay que ser realistas y reconocer que no pateamos al arco en el segundo tiempo. No tuvimos el nivel y el rendimiento de otras veces. El juego que nos identifica no apareció, sin embargo la campaña es muy buena y perdimos recién en el descuento. Qué le vamos a hacer, tampoco es tan grave, ya tendremos otra oportunidad”, evaluó.

La campera de Paolo Rossi

En tiempos del infausto proceso de reorganización nacional, la Junta Militar por decreto e imposición inscribió en AFA a 40 jugadores que no podían salir del país a otras ligas extranjeras, con la finalidad de sostener el nivel y la jerarquía del torneo local. Humberto Bravo figuraba en esa nómina, situación que le privó una transferencia a Italia. Juventus lo pretendía. Sin embargo estuvo cerca de sumarse a las filas de Peruggia, como reemplazante del gran delantero Paolo Rossi, que después fue figura y goleador del campeón Italia en el Mundial ’82. Rossi portaba una sanción de un año inhabilitado a jugar por una denuncia vinculada con las apuestas, y Bravo era el elegido para ocupar su vacante. Pero por dicha resolución de los represores, Estudiantes de La Plata aprovechó para concretar la venta de Sergio Fortunato a ese club.
En su estancia en Peruggia, el “Tigre” entabló relación con Rossi, que le regaló incluso una costosa campera azul, de invierno, que era un lujo. El tema es que después de usarla más de diez años, se cansó de las bromas que recibía y se la regaló a un cuñado. “Los muchachos me decían que parecía un colectivero. Me decían ‘ahí viene el chofer’, y me gastaban. Un día me cansé y se la regalé a mi cuñado, que vive en Santiago del Estero. La debe usar dos veces al año con el calor que hace en Santiago, pero a veces hace frío (risas), y le sirve. Le agradezco a Paolo Rossi por el regalo, pero no me banqué más los chistes”, confesó con humor.

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